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Por qué la delimitación del periodo postdoctoral no es la mejor solución a la precariedad laboral en ciencia


  • Escrito por Grit Laudel y dos más
  • Publicado en Capital
Shutterstock / Cinematik Shutterstock / Cinematik

Hace unos años, un investigador posdoctoral alemán que experimentaba con gases cuánticos fríos obtuvo unos resultados que prometían abrir líneas de investigación nuevas. Proseguirlas hubiera supuesto dedicar dos años a la reconstrucción del experimento porque requería la integración de tecnologías que no se habían empleado antes en ese contexto. Esto era extremadamente arriesgado.

“Había evidencia de que podía funcionar, pero era una gran aventura […]. Mi posdoc podría haber sido un fracaso”. Tres años después, el grupo de investigación del que formaba parte consiguió lo que la comunidad científica consideró “uno de los mayores avances en este campo”. Tras cinco años como investigador posdoctoral, este físico accedió a un puesto fijo en un prestigioso departamento universitario en el extranjero. Esta historia forma parte de un estudio en el que se analizaron algunas características de las etapas tempranas de las carreras investigadoras.

A pesar de este éxito, nuestro investigador no hubiera podido acceder a una de las nuevas plazas de tenure track alemanas. Allí, la fase posdoctoral previa prevista para poder concurrir a estas plazas es de un máximo de cuatro años.

En el contexto español hoy tampoco sería recomendable emprender una investigación así, arriesgada y dilatada en el tiempo. ¿El motivo? Los planes del actual Gobierno de introducir también este tipo de esquema, en el que el acceso a un puesto permanente se vería precedido de un tiempo delimitado de contratación temporal.

Delimitación de la fase postdoctoral

Los problemas a los que estos procesos burocráticos estandarizados han de hacer frente son reales. Muchos sistemas nacionales de carreras de investigación están plagados de investigadores sometidos a la concatenación de contratos temporales posdoctorales.

Las causas de esta tendencia son complejas y solo se entienden parcialmente.

La extensión de periodos de contratación temporal convierte a los sistemas de carreras científicas en menos productivos y menos atractivos. Menos productivos porque la independencia de los investigadores se ve severamente limitada. Menos atractivos porque la extensión de los periodos de contratación temporal torna las carreras científicas en inseguras e impredecibles.

Para contrarrestar estas tendencias, se ha sugerido limitar la fase posdoctoral, algo que en algunos casos se ha llegado a implementar. Algunas universidades de EE. UU. han adoptado la recomendación de limitar a cinco años el periodo de contratación posdoctoral.

En Alemania, el reciente programa federal para financiar 1 000 plazas adicionales de tipo tenure track se erige sobre la recomendación del Consejo de Ciencia Alemán. Éste argumenta que, “como norma, la fase posdoctoral no debería exceder cuatro años […] para asegurar que la independencia académica en las universidades se otorgue lo antes posible”.

En España, el borrador de reforma de la Ley de la Ciencia preveía inicialmente la introducción de un nuevo tipo de plazas tenure track, cuyo periodo máximo de contratación antes del acceso al empleo permanente sería de cuatro años.

La delimitación temporal de las fases tempranas de la carrera investigadora es un intento de forzar el cambio en el sistema. Pero los sistemas complejos procesan las intervenciones en formas y con efectos que son difíciles de predecir. Las intervenciones suaves, como las recomendaciones o los incentivos, pueden ser menos efectivas. Esto explica la inclinación hacia soluciones no negociables y más formalizadas.

Sin embargo, la estandarización burocrática solo funcionaría realmente si todos los procesos de investigación y todas las trayectorias profesionales a las que ésta afecta fueran iguales. En la medida en que éste no es el caso y en que una parte del desajuste –el límite temporal– se vuelve inamovible, es la otra parte –la investigación– la que ha de ceder.

Prevemos dos tipos de desajustes susceptibles de impactar negativamente sobre la investigación.

Los resultados del trabajo científico no son predecibles

En primer lugar, los límites uniformes y no negociables no pueden acomodar la diversidad de los procesos de investigación.

Algunos procesos de investigación requieren largos periodos de trabajo de campo, dilatados procesos de diseño de experimentos o aproximaciones basadas en la prueba y el error que han de repetirse hasta lograr resultados. La situación en que un posdoc no es capaz de presentar resultados competitivos en el plazo establecido puede ser fruto de las propias características de la investigación. Estas personas verían finalizadas sus carreras por motivos totalmente ajenos a la calidad y alcance de su trabajo.

Un posdoc en biología de plantas, que es ahora líder de su grupo, describía así cómo su idea inicial para un programa de investigación de largo plazo no tuvo éxito: “No funcionó porque todos los constructos que preveía hacer no funcionaban en la arabidopsis. Todavía no sabemos por qué, pero no hubo forma de repararlo”. ¿Cuándo se dio cuenta? “Al cabo de un año del inicio de mi beca posdoctoral”.

Tenemos evidencia de situaciones similares descritas por físicos que pasaron años reconstruyendo complejos experimentos antes de obtener resultados, de biólogos embarcados en búsquedas de genes candidatos a partir de procesos de prueba y error cuya duración no podía predecirse. Incluso de historiadores cuyo plan original no funcionó porque el material de archivo no contenía suficiente información.

Nuevos roles necesarios para la ciencia

En segundo lugar, una de las posibles causas de la prolongación del empleo posdoctoral puede ser que parte del conocimiento especializado que necesita un grupo de investigación se mantenga en este tipo de puestos porque no existen figuras contractuales alternativas para estos especialistas.

Estos posdocs pueden no prosperar en solitario porque el tipo de conocimiento que tienen es demasiado especializado o porque no aspiran a liderar un grupo. Los líderes, por su parte, continúan empleándolos porque su contribución es esencial para el grupo. En estas situaciones, los límites burocráticos no solo acabarían con las carreras de estos especialistas, sino que extirparían conocimiento necesario de los grupos de investigación.

Al no tener en cuenta el desajuste entre la diversidad epistémica y la uniformidad de los plazos, la estandarización burocrática fuerza a las comunidades científicas a reducir la evaluación de personas candidatas a la cuestión de si un cierto nivel de producción y resultados se ha alcanzado en un tiempo determinado.

En sistemas de carreras con muy escasas plazas de empleo permanente como son el español y el alemán, estas prácticas incrementan el riesgo de no asignar las pocas plazas permanentes a quienes estén mejor preparados para asumirlas.

Ciencia sin riesgos para vencer a la burocracia

La estandarización burocrática también incrementa la presión sobre los posdocs para jugar sobre seguro, ajustando los pocos años disponibles para alcanzar los estándares de producción y aceptando así el coste de no asumir riesgos. En otras palabras, la solución burocrática desempodera tanto a los posdocs como a sus comunidades científicas.

Podría argumentarse que el adelanto del acceso al empleo permanente facilita el emprendimiento de investigación más arriesgada y poco convencional a edades más tempranas para quienes lo consiguen. Lamentablemente, éste es precisamente el tipo de investigación que estuvieron condicionados a evitar en la fase precedente de sus carreras.

Soluciones alternativas

Con todo, el problema del incremento en la duración de la fase posdoctoral de las carreras es real. ¿Existen soluciones alternativas? Sugerimos la consideración de tres medidas posibles que, aunque poco populares y más caras, abordarían más las causas que los síntomas del problema.

  1. La política científica debe afrontar la cuestión de la brecha creciente entre el número de investigadores posdoctorales y de plazas de empleo permanente o indefinido. La mayoría de estos dos tipos de plaza está financiada por las mismas instituciones que buscan remediar el problema con soluciones burocráticas. Avanzar hacia un mayor equilibrio sería el primer paso lógico.

  2. Los plazos temporales no son negativos per se, pero han de ser adaptables a la situación específica de las comunidades científicas y de los posdocs. Por ello, las excepciones a la norma que estén bien fundamentadas deberían ser aceptadas. Sí, estas pueden ser fuente de abusos, pero el acento debe ponerse sobre la facilidad para usar una norma y no sobre las oportunidades que ofrece para abusar de ella.

  3. La política científica debe reconocer la emergencia de nuevos roles en la investigación creando una diversidad suficiente de puestos de trabajo que incluya el empleo indefinido por debajo de la figura del investigador líder o independiente.The Conversation

Grit Laudel, Senior researcher at the Department of Sociology, Technical University of Berlin; Carolina Cañibano Sánchez, Científica Titular, Economía de la Ciencia y la Innovación, INGENIO (CSIC - UPV) y Jochen Gläser, Sociologist of science, Technical University of Berlin

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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