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¿Para qué sirve la ONU? Estas son sus fuerzas y sus debilidades


  • Escrito por Jordi Feo Valero
  • Publicado en Global
Sede de la ONU en Nueva York. Shutterstock / zijin Sede de la ONU en Nueva York. Shutterstock / zijin

Desde su creación en 1945, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha tenido que adaptarse a las diferentes realidades geopolíticas y a los retos que estas suponían para la comunidad internacional. Las situaciones planteadas en su seno han evolucionado con el paso del tiempo, incluyendo conflictos bélicos, procesos de descolonización o catástrofes humanitarias y medioambientales, entre otras.

El sistema de Naciones Unidas se enfrenta constantemente a nuevos retos y prioridades. En la actualidad existe la necesidad de combinar ante una misma situación personal civil, militar y policía civil para dar una respuesta integral y más coordinada a los problemas que puedan ir surgiendo. Si a esto le añadimos el trabajo con otros actores tales como los Gobiernos, organizaciones no gubernamentales y los ciudadanos, nos encontramos ante un vasto campo de actuación.

Las situaciones a abarcar van desde el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, la protección de los derechos humanos, la distribución de ayuda de emergencia, el apoyo al desarrollo sostenible y a la acción climática o la defensa del desarrollo internacional.

El sistema ha demostrado, si bien no siempre al ritmo de la acelerada evolución de los tiempos vertiginosos en los que vivimos, flexibilidad y capacidad de adaptación a pesar de la rigidez de sus procedimientos administrativos.

Los jefes de Estado y de Gobierno reconocieron en la Declaración del Milenio la necesidad de fortalecer las Naciones Unidas a fin de convertir a la organización en un instrumento más eficaz para el logro de sus objetivos prioritarios.

Necesidad de adaptarse a nuevas realidades

En el año 2005, el secretario general publicó el informe Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos, en cuyo apartado V trataba el fortalecimiento de Naciones Unidas. En este sentido, conscientes de la necesidad de adaptarse a las nuevas realidades, han llevado a cabo ejercicios de modernización para adaptar sus actuaciones a las nuevas situaciones que han ido surgiendo en ámbitos como la seguridad internacional (informe Brahini), el desarrollo o la igualdad de género y los derechos humanos.

La ONU es el foro de diálogo internacional por excelencia. Constituye el único espacio a nivel mundial en el que 193 países de todas las regiones del mundo, con independencia de su sistema político y valores, están representados en igualdad de condiciones al regirse su Asamblea General por el principio de un país, un voto.

Es, en definitiva, el único lugar de actuación global aceptado por la comunidad internacional del que disponemos para resolver conflictos e inquietudes de interés común a través del multilateralismo y la negociación. Esta circunstancia implica, a priori, por parte de sus miembros, renunciar al uso de la fuerza para resolver los conflictos.

Las intervenciones de las Naciones Unidas en diferentes partes del mundo han logrado que el clima de seguridad vaya mejorando paulatinamente hasta lograr una cierta estabilidad. Su presencia continuada en diferentes territorios ha conseguido llevar a cabo una transición política pacífica y democrática.

En Haití, por ejemplo, partiendo de una situación de conflicto civil caracterizado por la ausencia de estructuras de Estado se logró converger en un Gobierno democrático surgido de unas elecciones libres y transparentes de acuerdo con los estándares internacionales.

Asimismo, las Naciones Unidas se han erigido en los responsables de liderar una agenda universal a nivel global que ha sido apropiada por el conjunto de países que conforman la comunidad internacional en materias de interés común para la humanidad, tales como los derechos humanos, el medioambiente o el desarrollo sostenible.

Sus disfuncionalidades

Sin embargo, una organización concebida para otra época tiene una serie de disfuncionalidades que aparecen con los años. Entre ellas destacan la burocracia y el Consejo de Seguridad.

La ONU está integrada hoy por multitud de agencias y organismos dependientes que cuentan con un presupuesto de funcionamiento para el año 2021 de 3 231 millones de dólares. De acuerdo con la resolución de la Asamblea General 75/591, el total del personal de la ONU a nivel mundial, entre Secretaría y entidades conexas, a 31 de diciembre de 2019 era de 77 620.

En el año 2020, un grupo de exfuncionarios de la organización pidió que se llevara a cabo una revisión de la burocracia para mejorar su representatividad. Los procesos que conlleva el funcionamiento de esta enorme maquinaria priva en ocasiones a la ONU de la flexibilidad y rapidez necesarias para responder a determinadas situaciones que afectan al interés común internacional.

El Consejo de Seguridad, tal y como lo conocemos en la actualidad, fue creado por la Carta de las Naciones Unidas firmada en San Francisco el 26 de junio de 1945. La Carta establece que el Consejo estará formado por 15 miembros, de los cuales 5 tienen el carácter de permanente. Además, estos cinco países disponen en la práctica de un derecho de veto sobre las decisiones que se adopten en el Consejo al disponer el artículo 27.3 de la Carta de las Naciones Unidas que las decisiones no procedimentales requieren el voto afirmativo de nueve miembros, entre los que han de incluirse el de todos los miembros permanentes.

El hecho de que en el Consejo, China, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos y Francia cuenten con capacidad de veto, siendo los países con mayor poderío militar, y que copen la mayoría de los altos cargos de la organización, puede generar dudas en cuanto al principio de igualdad establecido en el artículo 2 de la Carta.

En definitiva, en tanto que defensor del multilateralismo como alternativa al conflicto, considero que, con todos sus defectos e inconsistencias, es mucho más lo que aporta Naciones Unidas al interés común de la humanidad que lo que resta.The Conversation

Jordi Feo Valero, Profesor de los grados de Relaciones Internacionales y Derecho , Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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