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Los gitanos que el papa no vio en su visita a la barriada Lunik IX


  • Escrito por Cristina Cabrejas
  • Publicado en Global

El papa Francisco lanzó un mensaje contra la discriminación en el barrio gitano de Lunik IX, en la ciudad eslovaca de Kosice y considerado un verdadero gueto en el corazón de Europa, pero en realidad no vio a sus habitantes, ya que sólo una pequeña representación pudo sentarse en las primeras filas, mientras el resto se encontraba lejos, rodeado de vallas y varios encerrados en sus propios edificios.

Algunos de los cerca 4.500 gitanos que viven en Lunik IX y que esperaron en los recintos vallados contaron que las órdenes eran quedarse en sus casas. El portavoz de la ciudad de Kosice, Vladimir Fabian, explicó que se dio la posibilidad a los residentes de registrarse para estar entre el público, pero muchos no lo hicieron y por razones de seguridad se les dijo que permaneciesen en sus edificios, aunque se les permitió un pasillo para poder moverse por las zonas cercanas.

Varios centenares de gitanos, llegados de otros asentamientos del país, sí pudieron asistir al acto detrás de la explanada donde cooperantes, voluntarios y miembros de los salesianos y religiosas ocupaban las primeras filas. Participaron con alegría en los coros y danzas de la tradición romaní centroeuropea que se escucharon y rezaron con devoción, ya que muchos eran católicos, mientras se esperaba al papa.

El padre Marian Deahos, salesiano que trabaja con los gitanos en otro barrio, explicó que generalmente para la comunidad romaní es importante el sacerdote que está con ellos y el papa "les importa poco".

Desde el coche, Francisco pudo ver un barrio que en estos días ha sido adecentado, se han limpiado las calles de la basura que se acumulaba y arreglado las carreteras de acceso, así como se han pintado murales en los edificios con dibujos que realizaron algunos niños gracias a varios proyectos.

En el exterior del centro de los salesianos, un oasis verde entre los altos bloques de hormigón, se instaló un palco donde el papa en su discurso les aseguró: "Ustedes en la Iglesia no están al margen. Ustedes están en el corazón de la Iglesia".

En este considerado el barrio marginal de gitanos más grande de Europa, donde viven entre basura, sin agua corriente y electricidad, Francisco insistió: "¡Que ninguno los deje, a ustedes o a cualquier otra persona, fuera de la Iglesia!".

El pontífice, de 84 años, admitió que a veces "no es fácil ir más allá de los prejuicios, incluso entre los cristianos" ya que a veces a algunas personas "se las ve como obstáculos o adversarios y se expresan juicios sin conocer sus rostros y sus historias".

"¡Cuántas veces los juicios son en realidad prejuicios, cuántas veces adjetivamos! La belleza de los hijos de Dios, que son nuestros hermanos, se desfigura con palabras. No se puede reducir la realidad del otro a los propios modelos prefabricados, no se puede encasillar a las personas", lamentó.

Denunció cómo la comunidad gitana "demasiadas veces han sido objeto de preconceptos y de juicios despiadados, de estereotipos discriminatorios, de palabras y gestos difamatorios". Y entonces exhortó a la necesidad de "recuperar dignidad y pasar de los prejuicios al diálogo, de las cerrazones a la integración".

"Juicios y prejuicios sólo aumentan las distancias. Conflictos y palabras fuertes no ayudan", agregó el papa en este lugar donde incluso se llegó a construir un muro para aislar a las familias gitanas del resto de la ciudad. Tuvo también palabras para los niños, más de 800 en esta barriada y con altos porcentajes de absentismo escolar: "Sus grandes sueños no pueden hacerse añicos contra nuestras barreras. Ellos quieren crecer junto a los demás, sin obstáculos ni exclusiones".

Según datos de la Unión Europea, el 25 % de los escolares gitanos en Eslovaquia están en clases donde todos los compañeros son de esa etnia, frente al 15 % de la media en los nueve países de la Unión Europea en los que viven la comunidades romaníes, por lo que la Comisión Europea llegó a abrir un expediente de infracción por este motivo.

A quien Francisco sí escuchó fue a un matrimonio gitano que consiguió integrarse y salir de Lunik IX, Nikola y René Harakaly, que se presentaron ante el papa con sus dos hijos, Filip y Simon.

"Querido Santo Padre, mi marido y yo crecimos en este barrio, jugamos y fuimos a la escuela aquí. Crecer en este barrio es difícil", explicó la mujer a Francisco, al que agradecieron la labor de la Iglesia por ayudarles a estudiar y buscar trabajo.

"Santo Padre, nuestros padres, hermanos y amigos siguen viviendo en este barrio. Esperamos que su visita traiga nueva esperanza y pasión por la transformación interna", desearon.

Mientras, los niños jugaban cerca de sus casas valladas, ignorando la llegada del pontífice vigilados por un importante cordón policial.