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Un bosque en la ciudad. La Dehesa de la Villa


  • Escrito por Marian Giménez / Antonio Ortiz
  • Publicado en Crónicas

Pareciera, que un bosque en la ciudad, es una idea de palabras que solo aspiran a volar con el viento o a quedar enterradas bajo la nieve que la borrasca Filomena nos ha traído en estos días, de un Madrid oscuro y en tinieblas, a pesar de la blancura de la misma. Se va la nieve, o mejor dicho, el pueblo de Madrid ha quitado gran parte de ella, en ausencia de servicios públicos que aliviaran el desastre. Es todo tan bochornoso e indecente, que el bosque en la ciudad, parece haber emigrado a ninguna parte.

Sin embargo está aquí, si hacemos del desastre medioambiental en la Dehesa la Villa, tras el paso de la borrasca, un camino seguro de encinas y especies arbóreas que han demostrado su resistencia ante tanta nieve. La Coordinadora Salvemos la Dehesa la Villa, tiene y ha tenido una gran experiencia en salvar el bosque de infames autovías, en dotarlo de plantaciones populares que albergan y materializan la esperanza de la biodiversidad, en abrir el bosque a sus vecinos y vecinas, desde el respeto, desde una lucha colectiva, un espacio común, donde antaño se celebraban las jiras campestres en los primeros de mayo. Urge salvar nuestro bosque. Urge un presupuesto público, una vez más de contratación de personal, para reorganizar el bosque de la Dehesa la Villa. El excelente vídeo de ARBA así como el reportaje fotográfico de Antonio Ortiz en la Casa Vecinal de Tetuán, mostrándonos el desastre, tiene que servir para algo. Se nos advierte que la masa arbórea caída, debe ser triturada, primero para evitar males mayores, ya que es una zona ampliamente visitada, pero también esa masa es de enorme utilidad medioambiental en el suelo de la Dehesa. Urge un plan de replantación de especies autóctonas, como la encina, símbolo de solidez y longevidad. Urge conservar este patrimonio, su historia, su vida. Basta de parches.

Un bosque puede ser pensado, como un todo, un organismo vivo en donde los ciclos de la vida que son también los equilibrios entre muerte y vida, se retroalimentan mutuamente. La biodiversidad se abre paso y da lugar a especies animales y vegetales impensables. Reverdece el bosque en la ciudad. El aire se limpia, se atempera el frío invierno y el caluroso verano. Una entidad viva, a la que siempre debiéramos pedir permiso para entrar, una licencia con un compromiso de no violentarlo y de su conservación, pensar y trabajar para él y por él. Un árbol siempre está al servicio de la humanidad aunque esté solo. Se sabe que entre los árboles, se envían mensajes, en forma de fragancias que advierten de posibles plagas, se sabe que “hablan entre ellos”, se comunican, se ayudan. Y los árboles que mueren son el alimento de otras formas de vida o incluso de retoños que nacerán de nuevo.

Semanas atrás una campaña municipal en Madrid a bombo y platillo, publicitaba un bosque metropolitano, del cual apenas se tienen noticias, con unas imágenes patéticas plantando un arbolito, por parte de autoridades municipales. Dedíquense a reorganizar el desastre del arbolado en Madrid, inviertan en los parques abandonados y deteriorados tanto tiempo en nuestra ciudad, como es el parque Rodríguez Sahagún en Tetuán y permitan y promuevan un bosque en la ciudad y recuerden que la falta de árboles y bosques aumenta la contaminación y la muerte. La Dehesa la Villa está aquí al lado. Es nuestra casa.

“Echamos de menos, caminar por nuestra casa. Echamos de menos tus luminarias y tu salvaje vida…

La memoria de árbol, tus anillos de historias. El susurro con otros árboles y sus mensajes Todos los árboles.

Esos que generosamente extienden sus ramas, acogiendo las mil y una formas de vida”.

Fuentes: