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Guía de Tetuán para forasteros y amantes


  • Escrito por Marian Giménez / Antonio Ortiz
  • Publicado en Crónicas

El barrio de Tetuán, cuya palabra de origen bereber que viene a significar “los ojos”, nos invita a caminarlo y a pasear por él, con ojos de niños que descubren por primera vez, algo deslumbrante y hermoso. Pronunciar Tetuán y la mirada es recordar, es decir, volver a pasar por el corazón, en latín recordari, algo más que la simple memoria. Nuestro barrio, como muchos de los barrios de Madrid, de los cuales no se hablan, ni se mencionan en las escuelas, tiene una gesta épica. Gesta de personas anónimas que lo construyeron y lo nombraron muchas veces, tantas como otros quisieron y quieren borrarlo, en su identidad, en su historia. Ahí están los traperos y las mujeres de Fuencarral que venían a vender sus productos aquí, previo paso por el fielato. Una gran muchedumbre de clase trabajadora, buscándose la vida. Al igual que ayer, hoy en nuestro barrio viven, vecinos de orígenes distintos, los más perjudicados por las diferentes crisis que asolan nuestro país.

La pandemia, nos ha dejado una factura grande en vidas humanas, en comportamientos que de alguna manera nos alejan unos de otros. Sin poder pasear tranquilamente por nuestras calles, saludarnos con un abrazo, darnos la mano. Nuestros mayores, viven atemorizados, divididos entre querer ver a sus hijos e hijas y a los nietos o no. A penas salen. Nuestros niños y nuestras niñas, dando clase abrigados con las ventanas abiertas alejando el virus. Colas para el médico, colas para entrar a comprar, colas en busca de alimentos, mascarillas por doquier nos cubren el rostro. Y sin embargo, los ojos, los ojos para ver y mirar. Esta es la clave de la Guía para Forasteros y Amantes. Mientras escribimos estas líneas, nos llega un escrito de una persona joven de Calatayud, Zaragoza, Ricardo Ramos que se titula: Abrázame, que nunca se sabe. Todo un poema en pocas palabras. Nos describe una faceta de la época que estamos viviendo:”…nuestra hambre es de contacto, y creo que nuestros traumas, serán el aislamiento y la distancia”. Es por ello, que la Casa Vecinal de Tetuán, extiende un inmenso abrazo a sus vecinos y vecinas, a sus gentes, a la solidaridad mostrada en este largo invierno, de meses eternos y soledad, de miedos, temores, pérdidas sin poder despedirse, duelos no compartidos. Un abrazo de alta calidad, que expresamos a través de una Guía apasionada, por los rincones del barrio de Tetuán. Será un proyecto con numerosas imágenes del mismo. Balcones y rincones se darán cita. Calles renombradas, plazas que a pesar del abandono, se transforman gracias a sus vecinas. Negocios que perviven, resistiendo a una uniformidad para ricos. Quedan zonas y barriadas de casas bajas con patios, donde mirar y descubrir un vergel, las hay con pozo incluido. La arquitectura de ladrillo rojo, tan abundante en Tetuán. Existe en la Plaza de la Remonta un homenaje a los maestros ladrilleros. No podemos olvidar, a pesar de los ladrones del suelo y del patrimonio, nuestros Viajes del Agua, a su paso por el Canal Bajo.

Nos coronan árboles viejos que dan la mano a los más jóvenes entrelazando las generaciones, uniéndolas en la solidaridad, ayudándose mutuamente a crecer y a permanecer. La Morera de Alberdi, nos saluda todos los días y cuando sus hojas se mueven, el viento nos trae su dignidad y afecto. Cedros, pinos, higueras, olivos…El presente de un recuerdo para vivirlo en el corazón.

Los ecos de las Trece Rosas, por todo Bravo Murillo, en sus reuniones clandestinas. El 5º Regimiento, lleno de poetas, en los Salesianos de Estrecho. No podemos olvidarnos, sería traicionar también la Memoria, de los cines de Tetuán, conocido en algún momento como el pequeño Hollywood.

Nos queda decirles: Miren y reconózcanse con sus ojos por este balcón. Es una dádiva, un regalo que hacemos a nuestro barrio, a las personas anónimas que lo construyen cada día, haciéndolo más habitable.

Gracias. Un abrazo que acorte las distancias.