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Sobre los animales humanos


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El ser humano es un ser social por naturaleza. Desde su nacimiento, los animales no humanos se desenvuelven autónomamente, no observándose ni en su conducta, ni desarrollo enseñanzas de las generaciones previas, ya que las formas de actuación de las crías y los “jóvenes” son prácticamente idénticas a la de sus antecesores. Lo anterior constata que no tienen historia (si bien los especialistas consideren que entre los primates existan “protoculturas”), aunque sí son seres sociales que se organizan, socializan… A diferencia, el animal humano no responde a este patrón, pues cuando venimos al mundo somos seres indefensos que necesitamos inexcusablemente para sobrevivir las atenciones de nuestros mayores.

En este sentido, para José Félix Tezanos “el hombre no solo hereda determinados rasgos biológicos, sino que hereda también un importante componente social. En contraste con otras criaturas, los seres humanos no nacen con un fuerte instinto social; sin embargo, nacen con una estructura psicomotora fuertemente dependiente, desarrollando lentamente una capacidad de aprendizaje que les permite ir interiorizando el componente social de su herencia cultural. Es decir, mientras que la vida social de otros seres vivos está fundada básicamente en el instinto, la nuestra está basada en el aprendizaje”[1].

Harry M. Johnson indica que “en el momento del nacimiento la criatura humana es incapaz de formar parte de ningún tipo de sociedad… No tiene el sentimiento de un “yo” propio, con deseos que pueden o no ser opuestos a los deseos de otra gente… Y sin embargo los niños se convierten en miembros más o menos adecuados en las sociedades humanas…, este desarrollo es en gran medida un proceso de aprendizaje”[2]. Edgar Morin afirma que “… la evolución verdaderamente humana significa el desarrollo conjunto de la autonomía individual, de la participación comunitaria y del sentido de pertenencia a la especie humana”[3].

El individuo adquiere mediante al proceso de socialización las pautas y patrones de conducta sin los cuales se instalaría en una condición diferente a la humana. Coligado a este enfoque, la cuestión a resolver es: ¿qué es más importante en la formación y desarrollo del ser humano: el componente genético o el socio-cultural?

Ya desde la antigüedad son reconocidos los experimentos de algunos monarcas que realizaron ensayos para saber si el don de “la palabra” era el resultado de un aprendizaje o de un atributo innato (Psamético I de Egipto (664-6610) a.C., Jaime IV de Escocia (1438-1513) o el emperador mongol Akbar Khan). Los resultados fueron que el lenguaje no es algo innato.

De tal suerte que una de las respuestas a la cuestión planteada es que nuestro sustrato biológico/genético lleva incorporadas potencialidades que se pueden inhibir fomentar por la socialización, y así facultarlo como ser socio-cultural.

Edward O. Wilson, considerado el padre de la Sociobiología, propuso una visión antagónica, según sus propias palabras. “…. las poblaciones humanas retienen la capacidad de seguir evolucionando en su capacidad biológica para la conducta social”[4], poniendo el énfasis en el papel desempeñado por la herencia genética en la dinámica de lo social como el verdadero motor de la sociabilidad, es decir, como el transmisor de la cultura.

Mientras que la Sociobiología hace hincapié en el aspecto biológico de lo social, el resto de Ciencias Sociales destacan la significativa influencia de la acción cultural sobre los aspectos biológicos. Downs y Blelbtreu subrayaron cómo lo social/cultural desempeña un papel primordial en la circulación genética y, por tanto, en la evolución biológica del ser humano, incluso, como afirmó Ashley Montagu, en el desarrollo de su configuración física. Actualmente la epigenética, denominada también epigenómica, “es un campo de estudio centrado en los cambios del ADN que no implican alteraciones de la secuencia subyacente”[5]. El entorno en el que nos desenvolvemos (ambiente, estilos de vida, dieta, exposición a contaminantes…) puede afectar el epigenoma (comprende todos los compuestos químicos que se han agregado a la totalidad del ADN (genoma) como una forma de regular la actividad (expresión) de todos los genes dentro del genoma)[6].

Un reciente estudio de un grupo de investigación de la Universidad de California, publicado en la revista Nature Communications[7], arroja luz al respecto. Es el primero que se realiza con la finalidad de observar el envejecimiento a partir de la expresión génica de 27 tejidos humanos diferentes de cerca de 1.000 individuos.

Trata de dar respuesta a las preguntas: ¿por qué algunas personas envejecen de una forma y otras de otra?, ¿qué papel tiene lo social/cultural versus lo biológico/genético en el envejecimiento?

Para Peter Sudmant, uno de los investigadores del proyecto, profesor de biología integrativa de la Universidad de Berkeley y miembro del Centro de Biología Computacional: “Mucho se ha investigado para lograr comprender cómo la variación genética humana activa y desactiva los genes. Nuestro proyecto surgió al preguntar: ¿Cómo se ve esto influenciado por la edad de un individuo? Y el primer resultado que encontramos fue que tú genética en realidad importa menos a medida que envejeces”.

Han demostrado que lo social/cultural es mucho más importante que las variaciones genéticas, sirviéndose para ello, asimismo, de dos gemelos idénticos, cuyos perfiles genéticos habían variado a lo largo del tiempo, constatándose que se habían hecho mayores de forma disímil.

En conclusión, han evidenciado el impacto que tiene, a diferencia de los factores genéticos, que no serían tan relevantes (particularmente cuando nos hacemos mayores) pues como apunta Sudmant: “Mientras que los individuos jóvenes están más cerca unos de otros en términos de patrones de expresión génica, los individuos mayores están más separados. Es como una deriva en el tiempo a medida que los patrones de expresión génica se vuelven cada vez más erráticos”.

Un estudio que, desde mi punto de vista, es un paso más que aleja los determinismos biológicos de la tentación de quiénes los utilizan con fines espurios, aunque me temo que los que se posicionan en estas perspectivas están más atentos a su ideología que a la ciencia.

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[1] Tezanos, J.F. (2009). La explicación sociológica. Una introducción a la Sociología. Madrid: UNED, pág. 255.

[2] Johnson, H.M. (1965). Sociología. Una introducción sistemática. Buenos Aires: Paidós, pág. 137.

[3] Morin, E. (2011). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Barcelona: Paidós, pág. 74.

[4] Véase, https://www.google.com/search?q=Dialnet-QueEsLaSociobiologia-2045618.pdf&rlz=1C1GCEU_esES879ES880&oq=Dialnet-QueEsLaSociobiologia-2045618.pdf&aqs=chrome..69i57j69i60.17791j0j4&sourceid=chrome&ie=UTF-8

[5] Véase, https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/Epigenetica

[6] Véase, https://medlineplus.gov/spanish/genetica/entender/comofuncionangenes/epigenetica/

[7] Véase, https://www.nature.com/articles/s41467-022-33509-0

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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