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Baruch Spinoza. Voorburg y el TTP. I


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Spinoza se trasladó de Rijnsburg (cerca de Leyden), a Voorburg (cerca de La Haya), exactamente entre el 20 y el 30 de abril de 1663. Como ignoramos el motivo, sólo cabe preguntarse, si el mismo habría sido análogo, al que le inducirá, según parece, entre 1669 y 1670, a trasladarse de Voorburg a La Haya, cuando iba a salir a la luz el TTP (“Tratado teológico-político”), es decir, la sensación de inseguridad, ante la noticia de la aparición de un libro suyo. Por una carta suya y por dos documentos de las “Noticias”, sabemos que la casa en la que se alojó, pertenecía a un “maestro pintor”, Daniel Tydeman y, que se hallaba en la calle de la Iglesia y, por eso, se sospecha, que él pudo haberle dado las primeras clases de pintura, lo cual, por lo dicho, no parece muy probable.

En las 25 cartas que se conservan de ese periodo, se tocan temas nuevos, que interesan tanto para el “sistema”, como para la historia de las ideas. El tema que más espacio ocupa, es el de la óptica; pero también el de la justicia en el juego, en relación con el cálculo de probabilidades. Y a esos dos temas, cabe añadir, ciertas ideas sobre la imaginación y los presagios, asociadas a otra, quizá la más novedosa de todas, de que el alma del padre y del hijo son, de algún modo, la misma. En conjunto, resulta admirable la facilidad con la que Spinoza, de oficio filósofo y metafísico, alterna los temas puramente teóricos, como los de la infinitud y la unicidad de Dios, con los cálculos y observaciones científicas y, con otros tantos.

Bajo el punto de vista biográfico, de la vida del Spinoza pensador, hay dos hechos que merecen ser destacados: la discusión del tema del mal, desde la metafísica de la necesidad y, su decisión de interrumpir la redacción de la “Ética”, ya muy avanzada, para componer y publicar el “Tratado teológico-político”.

El intenso debate del calvinista ortodoxo Willem van Blijenbergh con Spinoza, reviste un doble interés. Uno, porque es la primera y casi la única crítica, sobre su comentario a Descartes, que él había recibido. Otro, porque su temática es tan amplia, que obligó a Spinoza a pronunciarse, sobre tres temas capitales, acerca de los cuales, o no había hablado todavía, o lo había hecho de forma indirecta o ambigua: la naturaleza del mal moral o pecado, la interpretación de las Escrituras y, su relación con Descartes, en el problema de la libertad y el error.

En efecto, a finales de 1664, el comerciante de granos y calvinista ortodoxo, aficionado a la filosofía y, entusiasta defensor de la religión cristiana, se dirigió por carta a Spinoza, para rogarle que le resolviera ciertas dudas que le habían surgido, de su reciente lectura de los “Principios de filosofía de Descartes”, en la versión holandesa de P. Balling. Spinoza le contestó a vuelta de correo, creyendo que surgiría entre ambos, una “sincera amistad”, fundada en el común amor a la verdad.

Pero lo cierto es que el “filosofo cristiano”, como él se califica, ya había publicado un libro titulado “El conocimiento de Dio y la religión afirmados contra los subterfugios de los ateos”(doctrina cristiana, considerada herética por las iglesias mayoritarias, difundida por el pensador y reformador italiano Fausto Socino) a los que tachaba de ateos y, en la que participaban católicos, calvinistas, arminianos, judíos y hasta pacíficos colegiantes, como su amigo P. Balling, que llegó a ser llamado “espada de Goliat”. Inmerso en esa atmósfera, es natural que no lograra “digerir”, ciertas ideas que Spinoza deslizaba, en su comentario a Descartes y, lo es también que, por el contrario, el pastor Colerus, le elogiara con entusiasmo.

Las objeciones que expone, a lo largo de sus cuatro cartas, se pueden reducir a tres. En primer lugar, le objeta que, si Dios es causa universal e inmediata de todas las cosas y acciones y, en concreto de las del alma humana, o bien no hay mal ni pecado, o bien Dios es su causa, por lo cual el hombre, no tiene ni mérito ni culpa moral alguna.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.