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EL PERIÓDICO
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Vicente Rodríguez Carro

Eutanasia. Las razones de una ley

La oposición bronca, desmesurada y engañosa a que ya nos tiene acostumbrados la derecha no ha permitido, una vez más, una discusión sosegada en el parlamento sobre la ley de eutanasia, recientemente aprobada. Ha sido el colofón de la oposición a una ley contra la que, desde el primer momento de su largo anuncio, se elevaron voces airadas. Pero, ¿por qué no? El que haya voces en contra de una ley es lo lógico dentro de un sistema político que supone una sociedad diversa e ideológicamente plural. Las instituciones y ciudadanos opuestos a esta ley acostumbran a identificarse ideológicamente con quienes, en su día, se opusieron a la ley del divorcio, la ley del aborto o al matrimonio entre homosexuales. Nada que objetar, mientras se reconozcan como parte que son de la sociedad y no se arroguen el derecho a representar el todo, - un mal que ya Ortega considerara radical en la sociedad de su “España invertebrada”.

  • Publicado en OPINIÓN

Degradación de la política

La situación creada por la pandemia está poniendo de manifiesto, una vez más, la importancia de mayorías parlamentarias que sostengan la acción gubernamental. Ya lo sabíamos. Pero la realidad actual acusa dolorosamente la debilidad de los apoyos parlamentarios al gobierno como consecuencia de una investidura en la que los dirigentes de los partidos (unos más que otros) han abundado en sectarismo y cortedad de miras, impidiendo una vez más la formación de una mayoría sólida. Lo deseable sería que una ley electoral mejor, por ejemplo, de segunda vuelta, facilitase la formación de mayorías en el parlamento y estas no quedaran al albur de los políticos de turno. Pero mientras no sea así, sería de esperar más altura de miras de nuestros políticos, más voluntad de cooperación y sentido de estado. Sobre todo, en tiempos de crisis y en temas tan importantes como los presupuestos.

  • Publicado en OPINIÓN

Política de ficción

En España, el sufrido ciudadano viene estando sometido al humo, el ruido, la mentira y la confusión de una política de ficción, muchas veces desmesurada y, cuando no gobierna la derecha, marcada por una casi insoportable crispación.