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Un asteroide con forma de mascarilla “cerca” de la Tierra

Apenas hay dudas respecto a la relevancia de los medios de comunicación para difundir y hacer llegar al gran público noticias inmediatas de investigaciones y estudios científicos. La Ciencia debe mucho a esta labor de divulgación constante. Sin embargo, a veces ese mismo loable ahínco puede mutarse, o contaminarse, por la evidente necesidad que este tipo de medios tiene de noticias “que llamen la atención”. Y, entonces, puede que se pierda algo de rigor, de precisión, en la importancia que posee la misma información.

Un caso de estos días es el acercamiento a la Tierra del asteroide 52768 (1998 OR2), un peñasco de entre 2 y 4 kilómetros de diámetro que en su máxima aproximación a nuestro mundo (este jueves, 29 de abril) llegará a estar a 0,04 Unidades Astronómicas. Dicho así, en UA’s (que es una unidad de medida muy empleada para señalar distancias dentro de nuestro Sistema Solar), es tan valor tan pequeño que impone respeto. Y da la impresión de que, siendo tan bajo, una pequeña desviación del mismo en las predicciones de su acercamiento podría precipitarlo contra la Tierra.

Han sido frecuentes las noticias que recogían, con evidente regocijo informativo, esta diminuta distancia a la Tierra, así como el hecho de que se trata de un “enorme asteroide” (sólo hay que acudir a Internet y escribir en el buscador “asteroide 29 abril” para comprobarlo). Curiosamente, las imágenes obtenidas por el radiotelescopio gigante (de más de 300 metros diámetro) del observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, han mostrado que parte de la fisonomía del asteroide semeja una gigantesca “mascarilla”, una de las prendas que más fama está adquiriendo en estas últimas semanas (y que, además, se vende como nunca, por motivos obvios).

Todo ello ha generado en algunas personas la impresión de que “hasta el Cosmos se ha hartado de nosotros” y nos envía el arma del Juicio Final. No sin cierta jocosidad, por supuesto, pero la línea que separa lo humorístico de lo preocupante a veces es muy delgada. Y, en ciertos casos, se puede pasar del chiste a la “psicosis” muy rápidamente.

Sin embargo, como bien han hecho –con excepciones- los medios generalistas, hay que dejar claro que no hay riesgo de colisión. No lo hay. En primer lugar, los asteroides se rastrean y monitorizan para comprobar cuáles son sus órbitas y la distancia a la que se acercan a la Tierra. Si lo hacen a menos de 0,05 UA’s se catalogan como NEO’s (Asteroides Potencialmentes Peligrosos, en inglés). Naturalmente, aún no conocemos “todos” los que hay, pero este en particular tiene trazada su órbita con la suficiente precisión para saber que no supone una amenaza. De hecho, las 0,04 UA’s equivalen a 6,28 millones de kilómetros de la Tierra, una cifra mucho menos preocupante dado que nuestro mundo tiene 12.700 kilómetros de diámetro. Es decir, podríamos colocar 500 Tierras una al lado de otra hasta llegar a la distancia a la que se acercará 52768 (1998 OR2). O, si se quiere, pasará a más de 16 veces la distancia que nos separa de la Luna. Dicho así, parece más tranquilizador, ¿no?

52768 (1998 OR2) se llama así porque fue el asteroide número 52768 catalogado, y fue descubierto en el año 1998. Es ciertamente un cuerpo bastante grande, comparado con los que suelen acercarse a la Tierra. Grupos de astrónomos de distintos países han realizado rastreos del asteroide, los cuales certifican sin la menor duda que las posibilidades de choque entre la él y Tierra son “cero”. Así, tal cual.

Es más, de hecho, en estudios realizados sobre los NEO’s ya descubiertos (insistimos en que no son todos los que hay, por supuesto), y cuyas características orbitales conocemos, se ha llegado a la conclusión de que hay solamente dos docenas de objetos que van a acercarse a la Tierra a una corta distancia en las próximas décadas , y el que más probabilidades tiene de “impacto” es una roca de apenas dos metros de diámetro, y aun así lo más probable es que ni siquiera roce a nuestro planeta.

Ahora bien, que tengamos “controlados” cierta cantidad de proyectiles peligrosos no asegura, naturalmente, que haya otros cuya existencia aún desconocemos. No sería la primera vez que los astrónomos descubren un NEO justo cuando acaba de pasar “rozando” la Tierra, y que hasta ese momento nadie había visto jamás. El espacio interplanetario es inmenso y pueden acechar amenazas ignoradas hasta ahora.

Por este motivo, un asteroide de las dimensiones de 52768 (1998 OR2), pero que realmente se precipitara a la Tierra… podría causar una devastación a escala planetaria nunca conocida en tiempos históricos. Recordemos que el impacto que terminó con los dinosaurios hace 65 millones de años, y que cambió el curso de las especies dominantes en la Tierra, apenas tenía 10 kilómetros de diámetro. Por lo que habrá que estar atento al cielo, y las agencias espaciales ya cuentan con programas para tratar de hacer frente a un hipotético impacto asteroidal.

La situación actual en el mundo, medio paralizado a causa del COVID-19, es el contexto perfecto para añadir dramatismo extra a un suceso como el paso del asteroide 52768 (1998 OR2). Pero hay que informar sin ardores, porque una noticia exagerada además de falso conocimiento también genera miedo en el lector. Y el miedo es la consecuencia menos deseable si deseamos formar correctamente a las personas.

Así que sigamos disfrutando, desde los balcones, las azoteas o nuestras ventanas, de la observación del firmamento, sin miedo, sin aprensión. No porque no haya peligros en el cielo, o porque no estemos sujetos a su designio, sino porque, como rezaba el epitafio de un astrónomo aficionado: “He amado demasiado a las estrellas para temer a la noche”.