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Elsa von Freytag-Loringhoven: dadaísta y protomadre del punk

Vino al mundo el 12 de julio de 1874 en Swinemünde, Pomerania, actualmente Polonia, como Elsa Hildegard Plötz, hija de la pianista Ida Marie Kleist y Adolf Plötz una figura patriarcal que abuso de ella física y verbalmente, lo que marcará su futuro. Por eso, cuando a sus 18 años falleció su madre, escapa del yugo paterno yéndose a vivir con una tía a Berlín. Meses antes su madre había dicho: «He malcriado a Elsa a propósito, para que siempre sepa a qué tiene derecho». Y Elsa aprende bien. A los 19 años descubre la noche y su peligro hermoso, empieza a trabajar en un cabaret donde es contratada para hacer de estatua griega, posa para artistas del lugar y ejerce la prostitución con soberana libertad. A los 22 años ha leído a San Agustín, a Novalis, a Goethe, a Flaubert y a Hölderlin y en su abanderamiento de la libertad sexual ya acumula un bello expediente de gonorrea y sífilis que le tratan con mercurio. Lo que a cualquier humano devastaría por dentro, a Elsa le da una vida extra. Estos años de cabaretera le otorgan la pátina necesaria para asumir una existencia libertaria, sin dios ni amo.

Pronto se hace sitio en los cafés de Berlín y de Múnich por su irreverente actitud novedosa. Viaja a Italia y cuando regresa a Berlín vuelve a su ministerio de depravación, a las noches canallas de los cabarets, a la madrugada y al escándalo. Trabaja a deshoras y vive a destiempo. Es feliz. Elsa ya lleva dentro la pasión por el arte que había aprendido en la colonia de artistas de la ciudad alemana de Dachau, cerca de Múnich, antes de casarse en 1901 con el arquitecto modernista August Endell, su primer marido, que la inicia en la pintura. Tenían una relación abierta. En 1902 se enamoró de un amigo de su esposo, Felix Paul Greve (poeta y traductor con muchos heterónimos, conocido luego como el canadiense Frederick Philip Grove) y los tres juntos harían diversos viajes (Italia, Suiza, Francia). Tras separarse de Endell, Elsa y Greve se casan en 1907 en Berlín. En 1910 se trasladan a EE.UU. Pero poco después Greve la abandona y ella termina recalando sola en Nueva York. En ese tiempo, ya con 39 años, conoció a quien se convertiría en su tercer marido, el barón alemán Leopold von Freytag-Loringhoven con quien se casará en 1913. A partir de ese momento empieza a ser conocida como la baronesa dadaísta Elsa von Freytag-Loringhoven. Pronto se separa de Leopold y se instala en el barrio neoyorquino de Greenwich Village trabajando como modelo, y así fue como, entre otros muchos artistas, conoció a Marcel Duchamp con quien mantendrá una intensa relación artística y personal, y ejercerá una dedicación completa al Arte en todas sus formas. La revista The Little Review, donde publicaba sus poemas de versos libres, la presentaba como «La única persona viviente en el mundo que se viste Dadá, ama Dadá y vive Dadá». También esculpía, ilustraba, pintaba, diseñaba vestuarios y realizaba performances callejeras. Creaba su arte a partir de objetos cotidianos (ready-made) que se encontraba en la basura y en la calle. Era una artista tan vital como generosa, por eso muchas de sus obras fueron falsamente atribuidas a otros artistas, como la famosa “Dios”, que no era obra exclusiva de Morton Livingston Schamberg, sino fruto de su colaboración con Elsa. La celebérrima “Fuente” de Duchamp es otro ejemplo en el que actualmente se reconoce la autoría de Elsa (el componente escatológico de elegir un orinal iba mucho con la artista; además Duchamp reconoció en una carta que dicho orinal se lo había enviado una amiga para la Exhibición de la Sociedad de Artistas Independientes, que por cierto la rechazó ofendida por no considerarlo arte). En realidad, el mingitorio y el caño conforman un díptico en diálogo: Duchamp encarna a "Dios" y la baronesa representa el orinal-vagina acostado. La idea subyacente bien pudiera ser un poema de ella que decía: «Él llegó protegido por la fama a este país / a usar sus cañerías o divertirse con ellas. / Y yo soy un útero teutónico / que aún no ha recibido sus jugos». Pero Fuente no será de ella: Elsa morirá ocho años antes de que Breton adjudique a Duchamp la autoría de esta famosa obra.

La baronesa también era célebre por sus exhibiciones callejeras. Con sus disfraces cubistas, Elsa von Freytag usa su cuerpo como superficie artística y su sexualidad como arma revolucionaria y libertaria; termina muchas veces actuando desnuda o con objetos extraños, lo que le cuesta más de un arresto por exhibición impúdica. En 1920 es la más radical de los artistas. Entiende antes que nadie la fuerza de los objetos. Ella misma encarna el delirio dadaísta al convertirse en pieza, en obra, en explosivo artefacto creativo. Se pasa cualquier inconveniente moral por el arco del triunfo de su sexo, y así es como contando con la colaboración de Man Ray y Duchamp (sus más estrechos cómplices en su correrías vanguardistas-nudistas) provoca uno de sus mayores escándalos al filmar tridimensionalmente el rasurado de su pubis. Hace falta tener muy poco pudor y un carácter muy recio para romper las costuras de unos tiempos burgueses y arcaicos, pero como dice el mismo Duchamp «La baronesa no es futurista: es el futuro».

En 1923, quizá un poco harta de ver como la estaban convirtiendo en una especie de mascota excéntrica de entretenimiento desechable mientras otros van adquiriendo un status en las artes que realmente le pertenece a ella, rompe con todo y vuelve a Berlín. A pesar de encontrarse con una ciudad ajena a sus recuerdos, devastada por la 1ª Guerra Mundial, decide quedarse, pobre y al borde de la locura, apenas socorrida por algunas famosas y pudientes amistades. Hasta que consigue un visado para volver a París, donde morirá sola y olvidada el 14 de diciembre de 1927, en circunstancias extrañas que apuntan a un suicidio por inhalación de gas. Está enterrada junto a otras celebridades del arte en el famoso cementerio de Père Lachaise.

Esta mujer libre y libertaria, que tenía todo en contra (nacionalidad, sexo, ideología, personalidad e incluso estado civil), elevó su vida a la categoría de Arte con mayúsculas, en una contribución extraordinaria al movimiento al que había unido su vida, expresando a través de sus poemas, performances, vida pública y privada (más bien la amalgama de ambas), su desafiante y absolutamente libre visión de la vida. Se convirtió, así, en el paradigma rebelde, libérrimo y gamberro del Dadaísmo, como no podía ser de otra manera para un movimiento que se caracterizaba precisamente por acciones provocadoras encaminadas a épater le bourgeois. La apoteosis de Elsa fue practicar como nadie el antiarte, ejecutar la descodificación de los valores establecidos y la desfragmentación de la percepción en todos los ámbitos de la vida en un continuo ceremonial de provocación.

Elsa es el paradigma del ejercicio del libre albedrío ejercido hasta la saciedad. Toda su vida trata de eso: de desintegrar la realidad tal y como ella descompuso su vida.

Filóloga y traductora