Quantcast
ÚNETE

¿Tiene Plutón un océano líquido con vida bajo su superficie?

Mientras el ser humano sufre en la Tierra las consecuencias de la terrible pandemia del virus Covid-19, que ya ha causado más de 70.000 muertos, en las lejanas estribaciones del Sistema Solar circula, frío y lento, el planeta enano Plutón. Hace unos años se dio a conocer que, posiblemente, este pequeño mundo que bordea al Sol a una distancia cuarenta veces más lejana que la terrestre podía ocultar en su interior un océano de agua líquida.

Plutón era, y es, un cuerpo en el que el agua líquida no puede permanecer en la superficie. Está muy lejos del Sol (recibe, pues, poca luz que pueda mantener líquida esa agua); tiene también un tamaño minúsculo (apenas una sexta parte que el de la Tierra, con lo que no debería conservar apenas calor interno) y, para colmo, su atmósfera es exigua, de modo que la radiación solar impacta contra la superficie con toda su violencia y no protege los depósitos líquidos que pudieran conservarse.

Pero últimamente los astrónomos están comprobando que, a veces, lo que no acontece en la piel de un planeta o una luna sí puede, y perfectamente, suceder bajo ella. Cuando en verano de 2015 la sonda New Horizons de la NASA llegó al planeta, vio una bella región en forma de corazón en el ecuador del pequeño mundo. La parte “izquierda” de ese corazón, blanca y lisa como una capa de hielo gigantesca, con unos 900 kilómetros de diámetro y que recibió el nombre de Planicie Sputnik, amaga debajo lo que, según investigaciones bastante plausibles, es un océano de líquido viscoso. Se piensa que podría estar formado por aguanieve con un contenido en sal parecido al del Mar Muerto terrestre. Su profundidad se estima en unos 150 kilómetros bajo la superficie, lo que equivale a 10 veces más que el más profundo de sus homólogos en nuestro mundo.

La cuestión es: ¿por qué no acabó congelado dicho mar? Era lo más probable, dada la edad del planeta enano, pero ha resistido el paso de los miles de millones de años y permanece caliente. Simulaciones informáticas señalan que, en caso de existir una capa de gas hidratado por encima del mar, aquella podría aislar a este, de modo que se mantuviera estable hasta hoy. El gas más probable dentro de dicha capa sería el metano, que procede del interior de planeta enano. Las simulaciones brindaban dos escenarios: uno, en cual la capa de gas hidratado estaba presente, y otro, en el que carecía de ella. En el segundo caso, el mar subsuperficial dejaba de existir en unos cientos de millones de años (poco tiempo, a escala planetaria); sin embargo, con dicha capa protectora la congelación es parcial y poco importante. Esto apoya fuertemente los indicios de que el mar líquido efectivamente existe.

Además de este plausible mar líquido, Plutón posee abundantes reservas de agua subterránea. Pero, en dicho mar, ¿de cuánta agua hablamos? ¿Qué porcentaje de agua se ha congelado con el transcurrir de los millones de años? Y, quizá la pregunta más importante, ¿cuánto tiempo lleva allí ese mar?

Depende de la forma como se originó Plutón. Si este pequeño mundo hubiera tenido un origen “frío”, el agua subterránea se habría congelado sin remedio, aunque la energía procedente del interior más caliente (a causa de la desintegración de los elementos radiactivos del núcleo) podría haber contrarrestado ese efecto durante un tiempo. A la larga, sin embargo, el resultado habría sido la congelación total. En esas condiciones, exteriormente, es decir en la capa superficial de hielo que cubre Sputnik Planitia, las marcas que señalarían el fin del mar líquido serían ondas y grietas, resultado de la contracción y posterior expansión de Plutón, debidos al derretimiento y posterior congelamiento (al igual que una botella de hielo ocupa más espacio que si contiene agua líquida, y parece “hinchada” y a punto de estallar).

Pero, en el caso de un origen caliente para Plutón, el escenario cambia. Si imaginamos la presencia del mar líquido durante toda la existencia del planeta, lo que la superficie mostraría serían únicamente las grietas, como consecuencia del ligero congelamiento del mismo, que tendería a “hinchar” la superficie de la llanura helada. Y esto es lo que se observa en las imágenes de la New Horizons.

Si esta interpretación de los hechos es correcta, Plutón dispuso de su mar líquido casi desde el inicio de su propia existencia. La cantidad de agua disponible podría ser mucha: puede que el hipotético mar tenga decenas de kilómetros de espesor, o más. Se sugiere, de hecho, que es necesario un mar de 150 kilómetros de profundidad para explicar las marcas superficiales. Y, por otro lado, en el interior del planeta, en su núcleo rocoso, deben existir ciertos minerales que se produzcan como resultado de la interacción entre el agua y las rocas (como, por ejemplo, la serpentina).

Si hay efectiva interacción entre el núcleo rocoso inferior y el mar líquido en Plutón, un cosquilleo empieza a recorrer la espina dorsal de los científicos. Esta actividad entre las rocas y el agua podría proporcionar energía y una serie de sustancias fácilmente asimilables para formas de vida presentes en el mar. Y, si el mar ha estado presente allí, bajo la capa helada de Sputnik Planitia, durante un tiempo tan gigantesco como miles de millones de años, entonces es perfectamente viable que los organismos hipotéticos que pudiera albergar hayan ido evolucionando en ese entorno acuático, caliente y nutritivo. La idea de que el, en otro tiempo, más lejano de los planetas del Sistema Solar pueda mantener una biología oceánica absolutamente desconocida para nosotros (en un entorno, hasta hace poco, considerado por completo hostil a la vida) es apasionante, emocionante y abre el camino a futuras misiones que vayan allí y, de algún modo, nos den nuevos conocimientos y susciten, como siempre, muchas otras preguntas.

Además, por si esto fuera poco, el caso de Plutón puede que no sea el único. Otros planetas enanos, y otros cuerpos del lejano Cinturón de Kuiper, así como algunas lunas de los planetas gigantes, pueden albergar condiciones similares bajo sus heladas cortezas, a salvo del frío exterior y la dañina radiación solar. En otras palabras, los mares y océanos subsuperficiales podrían ser mucho más habituales de lo que habíamos estimado. Y, si esto es cierto, la probabilidad de hallar una biología extraterrestre en un entorno acuático aumenta exponencialmente.

El corazón de Plutón, a 5.900 millones de kilómetros del Sol, es mucho más cálido y prometedor de lo que su frío exterior podría sugerir.

Como siempre, no hay que fiarse de las apariencias.