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Crímenes de odio

La igualdad entre las personas existe de veras, cuando al mirarnos en un
 espejo, éste nos devuelve cualquier otra imagen de alguien “diferente”. Los cambios en curso dibujan una sociedad muy plural e intercultural. La 
velocidad de los avances técnicos nos inundan de información. No siempre
 es fácil establecer criterios de selección, circulan rumores, estereotipos o falsas noticias. La economía crea más desempleos e inseguridad. Decrecen los servicios
 públicos. Es un laberinto donde nuevos valores y antiguas certezas, pugnan por 
imponerse o sobrevivir.

El movimiento homosexual y transexual levanta las iras de la tradición.
 Solo así podemos explicarnos el gran repunte de agresiones y
 declaraciones que descalifican a la minoría lgtbi.
 A pesar de las recientes leyes anti-lgtbifobia, todavía la diversidad
 sexo-afectiva de la especie humana no forma obligada parte de la
 educación. Entre tanto, se difuminan las bases científicas del moderno 
movimiento lgtbi. Hay que volver a explicar el Informe Kinsey y tantos 
otros.

Hemos heredado una estricta cadena simbólica. Se supone a todo bebé la
 heterosexualidad enfocada a la reproducción y también un rígido género 
femenino o masculino. El movimiento feminista ya denunció el machismo y
 el patriarcado que impregna esta vieja cadena simbólica. Desde las
 atribuciones de color para los bebés  (Rusia: blanco para niños, azul
 para niñas), hasta el tamaño de los relojes y paraguas, grandes y
 oscuros para varones y pequeños con colorines para mujeres. ¿Colonias y
 perfumes, tienen sexo?

En la medida que el movimiento feminista y el movimiento lgtbi han
 convencido a mayorías sociales sobre la arbitrariedad de este corsé 
ideológico surgen reacciones más y más radicales de una minoría
 intolerante.

Han regresado los skin-heads en el norte de Europa y en los EEUU, de 
inspiración neo-nazi. Han casi destruido el ambiente gay holandés. Hay
 que erradicar las webs neo-nazis de los EEUU. En Oriente el islamismo 
integrista niega derechos conquistados en otros países, hasta aplicar la
 pena de muerte a mujeres u homosexuales. En nuestro solar mediterráneo,
 persiste el rancio machismo inquisitorial de siempre, mientras que
 África rechaza la homosexualidad como una perversión fruto de la
 colonización. ¡Hay quien aún mantiene que son enfermedades! 
La situación más tensa y grave se vive en América Latina y Caribe. El
 trasvase de fieles católicos a las iglesias evangelistas (muy 
conservadoras), ha provocado una sorda competición entre ambas. Llueven 
condenas desde todas partes contra los derechos de las mujeres y contra 
la comunidad lgtbi, rivalizan en quien lanza el peor anatema. Tales 
ataques “legitiman” agresiones y asesinatos de odio. Al existir el móvil
 de extirpar “el pecado”, se trata de crímenes casi diarios con cruel
 tortura previa. Las personas trans son las más vulnerables.


¿Se han olvidado del quinto mandamiento? Ninguna religión predica esto,
 pero muchos cardenales no se muerden la lengua.
Es tal ese integrismo ciego, que ante el abuso de menores por parte de 
la curia, muestran carteles con textos tan increíbles como “no a los
 niños que tientan a nuestros obispos”. Atroz.
 Trump y Putin se han apuntado a esta reaccionaria cruzada, a pesar de
 que en 130 países la homosexualidad es legal, contra 76 donde sigue
 ilegal. Las declaraciones de estos mandatarios traspasan fronteras, tienen su repercusión pese a la ONU.

Las gentes que se sienten perdidas o inseguras ante esta metamorfosis
 económica y  social precisan de referentes simples e intolerantes donde 
refugiarse y conservar sus raíces atávicas.

Otro aspecto de este presente conflictivo afecta a las muy ignoradas 
personas mayores y/o dependientes lgtbi. La fundación Enllaç en
 Catalunya, denuncia la marginación que supone para homosexuales y 
transexuales ingresar en una residencia donde actualmente una mayoría
 heterosexual educada bajo el franquismo les marginará. Callan. Es una 
indignidad, vuelven al “armario”. Amargo final de sus vidas. Las 
administraciones deben de resolver esta discriminación silenciosa, 
formar al personal profesional de los geriátricos y de la asistencia
 domiciliaria. Existen soluciones donde ya se protege la privacidad
 lgtbi, tal como han resuelto ingeniosamente ciudades como Amsterdam o
 Manchester.


Una sociedad laica es aquella donde se respetan todas las diferencias,
 cultos y minorías, bajo la protección de los Derechos Humanos y la 
independencia religiosa de sus gobernantes, sea cual sea su creencia.