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Mercurio transita hoy por delante del disco abrasado del Sol

Desde aquellos lugares en que las nubes permitan escudriñar el cielo diurno, hoy acontecerá un raro fenómeno: si miramos al Sol (con la debida protección), tendremos ocasión de ver un pequeño disco oscuro que, con mucha lentitud, va pasando por delante del disco, mucho mayor y luminoso, de nuestra estrella. Ese pequeño disco es el planeta Mercurio, mundo que según se dice el gran astrónomo Nicolás Copérnico nunca tuvo la ocasión de ver.

Este fenómeno es lo que se conoce como un tránsito. En esencia es semejante a un eclipse solar: la Luna se interpone, por efecto de la perspectiva, entre nosotros y el Sol, y dado que la Luna tiene el mismo tamaño (tamaño angular) en el cielo que la estrella, podemos disfrutar del espectáculo del Sol eclipsado y un cielo oscurecido. La diferencia en este caso, por supuesto, está en que Mercurio tiene un tamaño angular muy pequeño (porque está lejos de nosotros), y no sólo no oculta el disco solar, sino que hay que saber dónde está el planeta para poder detectarlo. En realidad, Mercurio es mayor que la Luna, pero su lejanía lo convierte en un disquito insignificante.

Podemos ver tránsitos de los dos planetas interiores a la Tierra, los dos más cercanos al Sol (Mercurio y Venus) cada bastante tiempo. El último de Venus fue en junio de 2012, y por desgracia no veremos el siguiente… ¡hasta el año 2117! Por suerte, Mercurio es más generoso: en todo este siglo podremos ver otros diez. Por tanto, hay que aprovechar la ocasión de hoy. El próximo tránsito de Mercurio por delante de la faz solar no llegará hasta el 13 de noviembre de 2032.

Vistos desde la Tierra, tanto Venus como Mercurio circulan a veces por las proximidades del Sol (en esos momentos son, por supuesto, invisibles, dado que la luz de la estrella ilumina la cara de esos mundos que está en la parte opuesta a nosotros, lo mismo que sucede cuando hay Luna nueva). Pero casi siempre lo hacen “por encima o por debajo” del disco de la estrella, es decir, la órbita de esos planetas está “inclinada” respecto a la nuestro; sin embargo, hay raras ocasiones en que deciden arriesgarse y ‘adentrarse’ en el tumultuoso rostro encendido. Por suerte, como estos planetas son perfectamente redondos (la Tierra también, pese a las creencias de algunos…) y oscuros sobre el fondo del Sol, se pueden reconocer bastante bien, sobretodo Venus, cuya cercanía a nosotros permite ver un disco de grandes dimensiones.

Pero el tránsito de Mercurio, como el acontecimiento de hoy, si bien no es tan espectacular como el de Venus también será visible. El suceso durará más de 6 horas, entre las 13:35 horas (hora local de la península), cuando el disco del pequeño planeta empieza a “rozar” el del Sol, hasta las 19:04, cuando abandona por fin el disco de la estrella, aunque en este caso ya estarán, ambos astros, debajo del horizonte, puesto que la puesta del Sol acontece alrededor de las 18:00 de la tarde.

De modo que, a lo largo de varias horas, podremos comprobar cómo va recorriendo Mercurio el rostro del Sol. Sin embargo, dada la pequeñez visual de ese planeta, si nos colocamos unas gafas para la visión de los eclipses (las de cartón corrientes, que constan de dos pequeños filtros oscuros que hacen las veces de “cristales”), será casi imposible distinguir al planeta. Así que hay que recurrir a un telescopio (SIEMPRE dotado de un FILTRO SOLAR; jamás debemos mirar al Sol sin protección, y mucho menos a través de un instrumento óptico; podríamos quedar ciegos en cuestión de segundos…). Lo mejor es informarse de las actividades que las Agrupaciones Astronómicas llevarán a cabo, porque seguro que trasladan telescopios con los que ver, a placer y sin el menor peligro para nuestra vista, el tránsito.

En el pasado, los tránsitos de Mercurio, y sobretodo de Venus (por el mayor tamaño angular de planeta), fueron fundamentales para poder medir las dimensiones “reales” del Sistema Solar. La idea era observar el mismo tránsito desde dos lugares muy apartados. Aplicando después las reglas de la geometría y las leyes de Kepler (un matemático alemán que describió por primera vez el modo y las características del movimiento verdadero de los planetas alrededor del Sol), se podía obtener una aproximación de la distancia Tierra-Sol y, con ello, poder tener una guía del tamaño de nuestro entorno planetario. Los astrónomos se embarcaron en largos y fatigosos viajes en los dos tránsitos venusianos de 1761 y 1769: algunos pudieron ver el fenómeno, otros maldijeron las nubes… y aún hubo quien perdió la vida en el intento. Los resultados, además, fueron contradictorios, y hubo que esperar al siguiente par de tránsitos (1874 y 1882) para obtener un valor más concreto y correcto de la distancia entre el Sol y nuestro mundo.

Hoy en día es más una curiosidad que un fenómeno del que se pueda obtener algún provecho científico. Pero siempre resulta sorprendente que los mundos del Sistema Solar hagan “travesuras” ocasionales y, rompiendo la monotonía de sus movimientos aparentemente eternos y constantes alrededor de la estrella, jueguen un poco con ella y se dejen ver por delante de ese rostro fulgurante y lleno de furia.

Además, dado que tendremos que esperar más de una década para ver el próximo tránsito de Mercurio, hagamos un esfuerzo y echémosle un buen vistazo. Quién sabe dónde estaremos en el año 2032…