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Actualizado 1:12 PM CET, Nov 23, 2017
José Manuel Roca

José Manuel Roca

Doctor en Ciencias de la Información y diplomado en Estudios Avanzados en Ciencias Políticas, ha sido profesor del departamento de Sociología VI de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015); La oxidada Transición (La linterna sorda, 2013); La reacción conservadora. Los neocons y el capitalismo salvaje (La Linterna sorda, 2009) y con Ramón Cotarelo, La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).

La molesta realidad económica

El nacionalismo no es lo que parece; no es lo que los nacionalistas catalanes se esfuerzan en hacernos creer. En origen, el nacionalismo no indica un conflicto entre territorios, sino que delata un problema dentro del territorio irredento, pues expresa un conflicto por el poder como el que puede existir en otros territorios, pero exacerbado hasta el fanatismo, conflicto que los partidos nacionalistas tratan de resolver al proyectarlo hacia el exterior y convertirlo en un problema con el resto del país y particularmente con el Estado.

  • Publicado en Opinión

A vueltas con el derecho de autodeterminación

Es desolador comprobar que, pese al paso de los años, viejas ideas, que parecían superadas, vuelven a jugar un papel importante en la escena política. Cuando parecía estar generalmente asumido que nos hallamos en una fase distinta e impredecible de un desarrollo económico que traspasa fronteras y en una coyuntura en que debemos hacer frente de forma ineludible a retos que se plantean a escala planetaria, aparece en España, un país desarrollado, integrado en una alianza continental europea y en otros acuerdos internacionales, la propuesta de fundar, por escisión del país, una nueva república independiente. Proyecto que va en contra de tales dinámicas y que utiliza figuras de ayer para hallar soluciones a problemas de hoy, pues se aducen un franquismo redivivo, que da forma a una opresión colonial sobre Cataluña, y el derecho a decidir, sucedáneo del derecho de autodeterminación de los pueblos, como remedio a tal opresión.

  • Publicado en Nacional

¿Cómo hemos llegado a esto?

Al examinar la grave situación política en Cataluña, mucha gente se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí. Y la respuesta es sencilla: hemos llegado hasta aquí porque, de modo consciente o inconsciente, hemos seguido el camino más adecuado para llegar hasta aquí.

  • Publicado en Opinión

Nacionalismo, utopía y pragmatismo

En todo lo que está sucediendo en Cataluña, que es muy grave, es difícil entender la actitud de las izquierdas, que parecen confundidas, obnubiladas, desbordadas. Unas, que no se han opuesto con suficiente contundencia al discurso nacionalista, dudan; otras parecen seducidas por el relato victimista del pueblo oprimido, sin ver más lejos; otras oscilan continuamente entre unas posiciones y otras y unas terceras están entregadas al proceso de fundar una república, aunque guarden reservas sobre el contenido final de ese proyecto.

  • Publicado en Opinión

Otra broma

Cataluña ha tenido buenos humoristas, no en vano ha sido cuna de geniales dibujantes y estupendos guionistas de historietas que han generado durante décadas un mundo divertido para entretenimiento de chicos y grandes, pero era difícil pensar que pudieran ser superados en ingenio por unos aficionados como los promotores del “procés”. ¡Qué derroche de imaginación hubo ayer en el Parlament! ¡Gracia a raudales! Ni un redivivo “Papus” les aventajaría en humor político.

  • Publicado en Opinión

El despertar

Los norteamericanos llaman despertares a corrientes de reconversión religiosa, que en el apogeo de sus públicas manifestaciones de fe pueden desembocar en estados de histeria colectiva. El primer gran despertar tuvo lugar en los años cincuenta del siglo XVIII, el segundo en los años previos a la Guerra de Secesión. Un nuevo despertar religioso se produjo como reacción a los rebeldes años sesenta y setenta, durante la “revolución conservadora” de Ronald Reagan.

“Colonos”

Qué equivocado estaba yo, lo admito, en el asunto de “los colonos” en Cataluña. Obnubilado por las caravanas de pioneros en las películas del Oeste, me había despistado tal denominación, que reemplaza a la antigua, más clasista pero igual de despectiva, de “xarnegos”, pero leyendo lo que dicen los nacionalistas estoy obligado a cambiar de opinión.

  • Publicado en Opinión

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