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La Justicia: ese pilar tan fundamental de las democracias

Leer el auto del Señor Llarena que ha escrito hace un par de días respecto a la puesta en libertad del ex Consejero Forn causa un verdadero estupor. Y digo “estupor” por decirlo suave, pues ahora debemos tener mucho cuidado con lo que decimos, escribimos, tuiteamos, pero también, con lo que pensamos. Sí, resulta que el Juez Llarena entiende, y así lo expresa en este auto de 13 páginas, que el Señor Forn no debe ser puesto en libertad. ¿Por qué? Porque tiene pensamientos, ideas, convicciones independentistas.

Que si bien es cierto que ser independentista está permitido por nuestra Constitución, que si bien es cierto que el Señor Forn ha renunciado a su acta de diputado y ha expresado rotundamente su compromiso de no hacer absolutamente nada que sea ilegal, esto para el Señor Llarena no es suficiente. Porque el Señor Forn fue nombrado Consejero de Interior después de que otros compañeros de su gobierno hubieran dimitido y se hubiera producido una reestructuración del mismo. ¿Qué quiere decir esto? Pues que, según Llarena, Forn es más independentista todavía que el Consejero anterior y esto le hace ser muy sospechoso. Es más: el hecho de ser puesto en libertad posibilita que Forn vuelva a ser nombrado Consejero. Sí, y que esto haría propicio que volviese a delinquir, porque lo tiene en la cabeza.

En resumen: todo el auto se dedica a justificar lo que Forn, “el independentista”, tiene en la cabeza. Esto, para Llarena es lo peligroso: llevando uno ideas en la cabeza, quién sabe qué, de qué manera y cuándo le van a entrar ganas de ponerlas en marcha. Es como si los independentistas no pudieran poner freno a esos impulsos que les hacen desarrollar procesos democráticos tendentes a sus objetivos soberanistas.

Como le digo, el auto del Señor Llarena es la constancia de que España no tiene una democracia consolidada. No la tiene porque los pilares fundamentales de un Estado Democrático y de Derecho están mostrándose, a medida que van sucediéndose los hechos, tocados de muerte. Hemos visto cómo un gobierno anegado de corrupción se dedica a espetarle a los demás que no abandonen la senda de la legalidad. Estamos constatando la absoluta falta de independencia judicial, puesto que ya ni se oculta ni se esconde que los miembros del Gobierno de España se dedican a llamar personalmente a los magistrados del Tribunal Constitucional para pedirles que aborden las cuestiones con más o menos celeridad, en una o en otra fecha. Observamos escandalizados cómo personas sentenciadas por asuntos graves de corrupción se encuentran en libertad mientras otros, inocentes sobre los que no se ha dictado aún sentencia alguna, están en prisión por sus ideas. Sí, por sus ideas.

Hasta ahora el debate se daba entre quienes considerábamos que los consejeros catalanes y los Jordis son presos políticos y quienes, por su parte, los vienen considerando “políticos presos”, dando a entender que no, que no se encuentran en prisión por sus ideas sino por haber cometido presuntamente hechos delictivos. A medida que vamos avanzando, que los días se van sucediendo y que jueces como el Señor Llarena tienen a bien escribir autos como el de esta semana, cada vez hay menos resquicios por donde intentar agarrar el argumento de los “políticos presos”. Llarena lo dice y no se corta: el Señor Forn, por mucho que haya hecho todo lo que se le ha pedido por parte de la justicia para dejar a un lado cualquier sospecha de posible culpabilidad, seguirá estando en prisión, y la razón, sin florituras, es ni más ni menos que su convicción independentista. Ojo, que Llarena reconoce en el auto que la Constitución permite pensar y serlo, pero vaya usted a saber de qué manera.

Sigue avanzando el proceso y sigue poniendo al Estado español patas arriba. No, no se froten las manos que yo no culpo a los independentistas de haber despertado al fascismo, ni haber provocado la falta de independencia judicial o los encarcelamientos totalmente arbitrarios e injustos: no son los independentistas los culpables de haber producido esto, sino más bien, gracias a ellos, estamos constatando lo que teníamos camuflado.

Si de algo ha sido culpable el independentismo es de haber levantado la tapa de una enorme cloaca, de hacer salir el hedor insoportable y conseguir así que cada día más personas se den cuenta de lo que realmente tenemos bajo nuestros pies. Si el pueblo español realmente quisiera ser demócrata, soberano y justo, bien haría en escuchar todo lo que estos “sediciosos independentistas” denuncian. Y no tratar de cubrir toda esta mierda con la bandera.

Media

Beatriz Talegón

Abogada.

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