Anonimato en Internet

Esta semana el Partido Popular ha presentado la propuesta en el Congreso de los diputados para terminar con el anonimato en internet. Alegan que viene a tenor de un comentario recibido en tweeter por Alicia Sánchez Camacho, un desagradable mensaje que hizo al Partido Popular tomarse en serio el uso abusivo de las redes sociales.

Ha tenido que ser ese mensaje a una compañera de filas. No han sido las amenazas de muerte que estamos recibiendo distintas personas que no somos afines al Partido Popular, y que recibimos mensajes bastante más fuertes y sin duda delictivos que atentan contra nuestra vida y la de nuestras familias. Pero en cualquier caso, en mi opinión, esta iniciativa de la derecha española merece una reflexión.

No hacía falta ser amenazada para tener claras algunas cosas. Sin embargo, supongo que algún “lumbreras” ha podido pensar que ayudaría que voces de izquierda se sumasen a este reclamo y quizás por eso se nos ha puesto en el centro de la diana. Ayudamos así a generar opinión pública al respecto del dichoso asunto. Reitero: no era necesario amenazarnos, intentar atemorizarnos, preocuparnos y tener que desplazarnos a comisarías, despachos de abogados y demás quehaceres ante este tipo de delitos.

Lo que pide el Partido Popular es que todo individuo que acceda al uso de internet quede debidamente identificado. Es algo que me parece lógico. Y lo que me choca es que desde sectores de izquierdas se ponga el grito en el cielo porque consideren que estas medidas atentan contra el derecho a la libre expresión. Vayamos por partes.

Cuando caminamos por la calle toda la ciudadanía, sin excepción, tiene la obligación de llevar consigo su carnet de identidad o cualquier documento oficial que acredite de manera oficial su identidad. En cualquier momento pueden requerirnos los Agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que mostremos nuestra identificación personal. Sin necesidad de haber cometido delito alguno o infracción. Es habitual que en controles de tráfico, por ejemplo, se nos solicite el carnet de conducir y el DNI, lo mostremos, y podamos continuar con nuestra marcha tranquilamente. Además de ser una manera de colaborar con la justicia y con el orden público, supone también una obligación que todo ciudadano debe atender cuando sea requerido. Y por mi parte jamás he tenido problema alguno en ello. Es más, lo suelo agradecer porque entiendo que de este modo, si están buscando a alguien será porque haya cometido delito o infracción y, personalmente, me quedo bastante más tranquila si me siento útil en la búsqueda. Nunca he tenido temor o molestia por ello. Contribuir al bienestar y a la seguridad de todos requiere colaboración también por parte de todos.

Recuerdo cuando vivía en Bruselas y se estableció colocar cámaras de vigilancia en todas las estaciones de metro. Se formó un gran revuelo. Que si el derecho a la intimidad, que si el Estado no debería inmiscuirse ni grabarnos cuando no estamos haciendo nada… De nuevo el mismo debate: intimidad frente a seguridad. También lo tuve claro en aquel momento: no tengo inconveniente en que graben mis movimientos porque nada oculto y no cometo delitos o infracciones. Por lo tanto, para quien sí los cometa, prefiero que sienta en primer lugar que está vigilado (y por tanto, no se sienta impune a la hora de cometer cualquier fechoría) y en segundo lugar, que si decide cometer cualquier tipo de infracción o delito, pueda ser más fácilmente perseguible. Se abren, sin duda, grandes interrogantes como el consabido “¿quién vigila al vigilante?”. Eso sería el siguiente punto: garantizar el uso de la información en base a criterios garantistas y que en ningún caso pueda obtenerse así información que pueda utilizarse contra nadie al margen de la ley.

Ahora el debate viene a tenor de las redes sociales y el uso de internet. Yo, que utilizo las redes sociales con mi propia identidad, con mi propia imagen y haciendo uso de mi libertad de expresión, celebro que todo el mundo deba ajustarse a unas normas básicas, tal y como se aplican en la calle y en nuestro día a día. Estoy convencida de que la mayoría de insultos, amenazas y barbaridades que tengo que leer (la enorme mayoría siempre provenientes de perfiles evidentemente falsos), cesarían y harían posible una convivencia en las redes sociales mucho más positiva.

¿Atentar contra la libertad de expresión por el hecho de identificarse? Sencillamente no comparto este punto de vista. Porque entiendo que la libertad de expresión quedará garantizada cuando yo pueda opinar libremente sin el temor a recibir amenazas de muerte por parte de un anónimo. Porque ejerciendo la libertad de expresión (cosa que conlleva no sobrepasar los límites legales, respetar a los demás y no atentar contra ellos de ninguna manera), no hay temor posible. Quienes deben tener preocupación han de ser aquéllos que se parapetan en el anonimato o en identidades falsas para promover información falsa, atacar, injuriar, calumniar o amenazar.

Soy totalmente partidaria del uso cívico de internet y de las redes sociales. Quienes hacemos un uso positivo de ellas, quienes entendemos que son una herramienta maravillosa para comunicarnos, para conocer a otras personas, investigar y difundir información que nos parece interesante, estaremos mucho más tranquilos sabiendo que hablamos con personas que han debido pasar unos mínimos filtros, que se atienen al cumplimiento de la legalidad y que, en caso de traspasar esos límites podrán ser reclamados por ello.

Porque actualmente, algunos saben bien cómo funciona el sistema, cómo parapetarse, modificar los datos y conseguir escapar a la justicia. Y para ello es imprescindible que se exija a los operadores y a las compañías que gestionan las redes sociales que se comprometan también: no se pretende cortar la libertad de expresión, sino precisamente garantizarla. Es increíble que, a día de hoy, cuando se reciben amenazas por internet, sea prácticamente imposible conseguir identificar al autor, puesto que en primer lugar los jueces suelen archivar estos asuntos porque las redes sociales son una dimensión que aún carece de interés para ellos; porque una vez admitido a trámite el asunto, las compañías como Facebook o Tweeter no responden porque tienen sus sedes en el extranjero. Y al final, los delincuentes, se sienten perfectamente protegidos para amedrentar y hacer de Internet un lugar en el que extorsionar, amenazar y meter miedo.

Un llamamiento a la izquierda: no dejen este asunto en manos del Partido Popular. Porque, estando de acuerdo en el fondo, en la necesaria regulación de internet para que sea un plano más de nuestra sociedad, considero fundamental que los delitos sean perfectamente delimitados. A día de hoy, hacer un chiste en un bar no tendría consideración delictiva mientras que hacerlo en las redes sociales, sí. Tampoco me parece seguro que exista esta brutal desproporción. Es por ello que la aportación de la izquierda, tan necesaria, vaya más allá de parapetarse en la consideración negativa de la necesaria identificación de los sujetos en la red. Hay que analizar de manera pormenorizada todo lo necesario para que podamos disfrutar de los avances tecnológicos, que nos permitan estar conectados, informados, facilitarnos entre otras cuestiones la conciliación laboral y familiar. Sin perder seguridad y rigor, sino más bien, todo lo contrario.

Abogada.