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La España de la recuperación

Estoy segura de que usted, mi querido lector, habrá escuchado ya varias veces eso de “la España de la recuperación”, o, mi querida lectora, aquello de “la senda de la recuperación que España ha tomado recientemente”. Es habitual en el mensaje propagandístico que utiliza el Gobierno, cuando no se dedica a marearnos con Cataluña, con Venezuela o con cualquier otra cuestión, como atacar a cualquier otro partido de la oposición que no le baile el agua.

Y lo cierto es que lo dicen, es la nueva forma de decir “España va bien”. ¿Se acuerdan? El mantra de Aznar que ya nos llegó a causar risa. Por reiterativo. Por absurdo, por descarado. Y tanto ellos como sus voceros, que son sin duda muchos, que plagan tertulias, periódicos, que aparecen por todas partes, se hacen eco de la consigna diaria. Y lo demás, como que no existe.

¿Qué es eso que no existe? ¿Qué es eso que, quizás usted escuche de pasada en algún lugar, que le suena o que quizás ni se imagina? Eso es lo que no ocupa las portadas de los periódicos, normalmente, ni rebota por las paredes al encender su radio a primera hora de la mañana. Ni aparece a la hora de comer y cenar. No, eso es algo que usted sabrá si se dedica a “enredar” perdiéndose y navegando entre información, o si es de los que ya sabe dónde acudir a encontrar este tipo de cosas.

Me estoy refiriendo a cuestiones como el hecho de que los directivos del Ibex35 cobren 207 veces más que su empleado con el sueldo más bajo, o que el número de multimillonarios haya aumentado un 60% entre el 2008 y el 2016, que nuestro Gobierno está pagando unos 70 millones de euros al día para cubrir la deuda en la que nos han metido (y nos siguen metiendo), que mientras tanto la banca que ha sido rescatada con dinero público –y que no ha devuelto lo que le prestamos, ni lo devolverá- ha obtenido de beneficio unos 50.000 millones de euros en concepto de intereses durante los últimos 10 años (salvarles nos costó 42.000 millones). Me refiero, también, al hecho de que España sigue pendiente de someterse a una auditoría presupuestaria, que tenemos hipotecados todos los bienes que conforman nuestro PIB de aquí a los próximos años. Que el dinero que pagamos a través de los impuestos no sabemos realmente dónde va, pero en muchos casos ha sido destinado a pagar sobrecostes por obras que en realidad costaban muchísimas veces menos.

Sin embargo, lo que seguro que usted sabe, porque lo ha vivido, es que le han cerrado plantas en los hospitales, esos que muy posiblemente usted ha visto sucios, desatendidos, sin recursos, con trabajadores agotados; también habrá observado cómo muchos niños se asfixian de calor en las aulas y en verano han de acudir muy abrigados porque no hay dinero para garantizar que estudien en condiciones óptimas; que los maestros están totalmente desamparados; habrá comprobado que ha perdido capacidad adquisitiva y que su pensión, prácticamente congelada, ya no le sirve para la mitad de lo que antes le garantizaba. Se habrá dado cuenta de que prácticamente no frecuenta lugares como el cine, un concierto, y que incluso a penas puede usted salir a comer de manera especial o darse un gustazo de fin de semana haciendo un viaje.

La España de la recuperación solamente sabe de cifras “macro”. Cantidades perversas que no sirven para narrar la realidad que viven aquéllos que “somos España” en su realidad cotidiana.

Ya en su momento comenzaron a estudiarse los índices de Felicidad. Porque algunos economistas, esos de los que se interesan por la economía como una ciencia social que debe estar para procurar el bien social y el reparto de la riqueza, comenzaron a denunciar las perversas consecuencias de lo que venían considerándose “datos positivos”.

Y es que, existe una proporción inversa entre el índice de Ginni (que mide la desigualdad) y el PIB. El porcentaje de desigualdad provoca un aumento en el PIB, y de manera concreta, el desempleo juvenil es una de esas cifras que tiene ese efecto. No es de extrañar, por tanto, que mientras nos anuncian que la economía se recupera, la realidad nos muestre que a los que más tienen, mejor les va, mientras quienes menos tenían, se sumen en una situación desesperante.

Esta es, pues, la España de la recuperación. Tome nota.

Beatriz Talegón

Abogada.

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