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El dedo manipulador

Si algo caracteriza a esta sociedad es que vivimos en un mar de noticias. Cada día se producen decenas de ellas, lo que sucede es que unas tienen más importancia que otras, ¿por qué?, ¿quién hace la selección? Para encontrar la respuesta vamos a darle una vuelta al pasado reciente para ver qué es lo que ha estado en auge y qué no.

Desde después del verano, con la llegada de septiembre, saltó a los escenarios el tema catalán, el que parecía que nunca iba a consumarse, pero que al final llegó con toda la carga social y económica esperada. Así, los días 6 y 7 de septiembre, en que se aprobó de forma exprés la desconexión de Cataluña de España, a través de la Ley del Referéndum, la Declaración Universal de Independencia (DUI) y la Ley de Transitorieda, el tema catalán pobló todas las portadas, incluidas las de deportes: todo era Cataluña.

Lo que vino a continuación es bien conocido: se implantó el artículo 155 de la Constitución; se convocaron elecciones autonómicas para el 21-D; y lo que fueron el Govern y la Mesa del Parlament se encuentran desperdigados: Puigdemont con cuatro consejeros está huido en Bruselas a la espera de que se conceda la extradición; Junqueras, Romeva y otros consejeros están en prisión, lo mismo que los dirigentes de las asociaciones soberanistas, “los Jordis”; y los miembros de la Mesa se encuentran en libertad bajo fianza –excepto uno-, porque al estar aforados se las han visto con el Tribunal Supremo, bastante más laso en la interpretación de las normas. En este momento, sólo queda que el Supremo asuma el caso completo, con lo que todos podrán salir a la calle previo pago de las correspondientes fianzas y, hasta el 21-D: campaña electoral y formación de gobierno que no se antoja fácil.

Pero mientras todo este culebrón ha obscurecido el resto de la información, ha ido emergiendo la “Gran Noticia”, la de siempre, la que nos lleva acompañando hace demasiado tiempo, la que no tiene fin; la de que los imputados/investigados se cuentan por cientos: la corrupción del PP que, junto con la de CiU, ahora convertido en PDECAT para borrar la nefasta era pujoliana, pero que ya está también contaminada como demuestra el hecho de que, en las próximas elecciones, los ex convergentes cambien otra vez de nombre para participar como Junts x Catalunya. Está claro, la corrupción vuelve a polarizar la vida política española, porque no hay mes, por no decir semana, que no nos salte algo nuevo. Lo excepcional ha acabado siendo normal.

¿Puede ser que un gobierno como el nuestro soporte tantos casos de corrupción? ¿No es impresionante y vergonzoso tener que escuchar al responsable de la policía de investigación, a preguntas de la diputada Carolina Bescansa, que Federico Trillo se llevó dinero en sobres, y que Mariano Rajoy, presidente del gobierno actual, así como los secretarios generales del PP Arenas, Acebes y Cospedal, “indiciariamente” también se habían llevado lo suyo? A esto hay que sumar que el partido del gobierno se sienta en el banquillo de los acusados, lo que indica que, electoralmente, ha jugado con ventaja, y que un ordenador que, presuntamente, contenía información comprometedora para el PP, fue objeto de un borrado espectacular e impío.

De lo expuesto se deriva que ha existido un dedo que nos ha ido dirigiendo hacia la noticia que consideraba más importante aunque, como ha ocurrido en esta ocasión, unas ramas, por frondosas que fueran, no nos hayan permitido, a veces, ver el bosque.

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