SUSCRÍBETE

Necesitamos puentes, no trincheras

En los últimos años, el llamado “procés” ha impedido que en Cataluña la política sirviera para algo constructivo.

Desde que el president Mas abrazó la causa soberanista en 2012, en los años sucesivos el enfoque de los gobiernos presididos por Mas y Puigdemont se fueron radicalizando, siguiendo el llamado “rumbo de colisión”, y el debate y las prioridades políticas de los dirigentes independentistas solo han girado en torno a un tema: romper con España. El primer efecto de esta obsesión política ha sido renunciar a representar, defender o trabajar para la mitad de la población catalana, en un ejercicio inédito e incomprensible por parte de quienes gobernaban la Generalitat. El segundo efecto ha sido la polarización y el enconamiento de las posiciones políticas, la crítica sectaria al adversario y la descalificación y en ocasiones el ostracismo social de aquellos que no han ido comulgando con los reiterados e imaginativos postulados de los arquitectos del “procés”. El tercer efecto ha sido la aparición de diferentes actores, ajenos a la lógica representativa de cualquier democracia, no sujetos a control público y que han ejercido de auténtico motor político y social de la causa independentista, dejando en un segundo e inexplicable plano a la política institucional, la que nos representa a todos. En cuarto lugar, hemos visto el desprecio y la auto mutilación de las instituciones de autogobierno, comenzando por el propio Parlament, que ha sido el principal escenario de los peores atropellos a la oposición y el quebrantamiento de nuestras propias leyes. Nunca el Parlament de Catalunya en estos años de democracia fue objeto de la utilización partidista constante en aras a la consecución por la vía de hecho de los postulados independentistas. Y en quinto lugar, pero no menos importante, en estos años hemos asistido a la renuncia inaudita en democracia por parte del Govern a cualquier mejora de nuestro autogobierno así como al desarrollo de nuestras herramientas para mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos. Aun más, esta última legislatura, la peor desde 1980, se ha renunciado totalmente a cualquier atisbo de mejora social o de progreso, si exceptuamos la creación de la renta garantizada de ciudadanía, fruto de una Iniciativa Legislativa Popular.

La consecuencia de todo esto ha sido la degradación de la política, una tremenda desazón, una división profunda, una gran frustración, y una convivencia dañada. También una pérdida de poder económico y un daño evidente a nuestra imagen exterior. En estos años, y especialmente en los últimos 18 meses, la política no ha dado ninguna noticia buena para el día a día de nuestros conciudadanos. Al contrario, ha provocado una sensación creciente de hastío y desánimo.

Por todo ello, nos jugamos mucho en las elecciones al Parlament de Catalunya del próximo 21 de diciembre. Decidimos entre seguir confiando en quienes nos han llevado al borde del precipicio o por aquellos que queremos aportar soluciones a la política. Pasar de la incertidumbre a la certidumbre, del engaño a la sinceridad, del espejismo a la realidad, de la discordia a la concordia, de la desconfianza a la confianza, del fracaso al éxito, de la frustración a la esperanza.

Pienso emplearme a fondo en la campaña a retornar la confianza a la política y a ofrecer un nuevo horizonte a los catalanes y catalanas. No apoyaremos a quienes nos han llevado al abismo ni haremos política de frentes. Ni la independencia ni el inmovilismo son soluciones válidas. Cataluña no necesita ni muros ni trincheras, necesita puentes. Necesitamos constructores de acuerdos, hacedores de consensos. Porque Cataluña somos todos. Y con este objetivo queremos representar un catalanismo transversal, de la izquierda al centro, del autonomismo al federalismo, de los barrios al campo, de la playa a la montaña, de las ciudades a los pueblos, pero, sobre todo, persona a persona. Para recomponer los afectos rotos y volver a construir nuevas mayorías que impulsen a nuestro país hacia un futuro mejor para todos.

Miquel Iceta Llorens

Primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya.

Banner 468 x 60 px