Tristeza, indignación y cabreo

Escribo esto, como dice el título, con una mezcla de infinita tristeza, gran indignación y mucho cabreo. Cuando este artículo vea la luz, probablemente, habrán pasado muchos y graves acontecimientos porque la fecha de entrega es el miércoles anterior a la publicación.

Seguramente, el Parlament habrá declarado la independencia, o no, o habrá inventado alguna otra artimaña para mantener la tensión. Pero una cosa continuará de actualidad, no sólo unos días, sino durante las siguientes generaciones y es que nuestros gobiernos, el catalán y el español, han implicado a la ciudadanía en sus luchas irresponsables y fratricidas. ¡Enhorabuena a todos los que han contribuido a enfrentar a unos ciudadanos contra otros! Y eso debería producirnos una gran tristeza porque es el fracaso de la política, pero también, de una sociedad que no ha sabido estar a la altura, que no hemos sabido estar a la altura.

Esta mañana, un amigo me ha recordado la frase de alguien que decía que cuando todo el mundo está enarbolando las banderas corremos el riesgo cierto de acabar atizándonos los unos a los otros con los palos de esas banderas. Estos días se ha puesto de manifiesto algo que hace mucho tiempo que estaba larvado. Algo que muy pocos denunciamos y por lo que hemos sufrido todo tipo de comentarios despreciativos y de miradas condescendientes de aquellos medios, opinadores, intelectuales que negaban, una vez sí y otra también, que el debate territorial estaba afectando gravemente a la convivencia y las relaciones personales de capas cada vez más amplías de nuestra sociedad.

Recuerdo reuniones con personas con grandes responsabilidades en diferentes campos en Madrid y Barcelona en las que frente a mi insistencia y preocupación por el desarrollo futuro del tema catalán la respuesta era siempre la misma: no hay que ser exagerados, no pasará nada. ¡Pues bien! ¡Ya está pasando!

Mi indignación esta originada precisamente en este hecho. Hubiera sido mucho más fácil no esperar al desastre para que todas las fuerzas políticas hubieran sido más generosas y menos cicateras. Hubiera sido mucho más fácil crear un espacio de consenso para reformar una Constitución que ha sido utilísima (los que hablan del régimen del 78 no tienen ni puñetera idea de lo que era el régimen del 39) pero que necesita una reforma que profundice en nuestro sistema de derechos y construya una España federal, que no sea sólo la suma de las partes, sino que sea un proyecto colectivo compartido y deseado por la gran mayoría de españoles independientemente de su lugar de nacimiento.

Tuve la suerte de colaborar en la Declaración de Granada que el PSOE aprobó en 2013. Esa declaración define por escrito un modelo de reforma. Me hubiera gustado que en aquel momento se hubiera defendido con más convicción y que otros partidos también hubieran propuesto algo. No fue así. Pero todavía estamos a tiempo. Hay que ponerse a trabajar urgentemente para que la fractura no sea más profunda y sus consecuencias más graves todavía.

Mi amigo Antonio de Fraga tiene la sabiduría de aquellos que han nacido y han vivido en tierras de frontera. Hace tiempo que insiste en que, frente a la ineptitud de quienes nos gobiernan, esto sólo se soluciona con personas de diferentes ideologías, pero con actitudes no sectarias, encerradas unos días en un lugar aislado hasta que lleguen a una propuesta de solución. Creo que el tiempo le va dando la razón.

Miembro del Comité Federal del PSOE, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament. En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.

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