Emergencia climática

Mientras el Parlamento europeo declara la emergencia climática, la ciudadanía de la Unión se ha preparado para el gran e inminente acontecimiento ¿la cumbre sobre cambio climático? No, el black friday y el inicio de la campaña comercial de navidades. Aunque a estas alturas ya nadie sensato duda de que es un derroche con severas consecuencias ambientales, no parece que haya tanta conciencia sobre hasta que punto su gravedad y, sobre todo, su perentoriedad. Desde luego, los alcaldes de Madrid y Vigo no parecen muy concernidos.

Lo cierto es que, como llevan diciendo los científicos del mundo desde hace décadas, se nos acaba el tiempo, y la mala noticia es que las estimaciones de lo que podíamos tardar en reaccionar eran optimistas. Todavía hay quien piensa, en un notorio ejercicio de candidez, que las consecuencias de nuestros actuales comportamientos los padecerán nuestros hijos y nietos pero, como ya he dicho, éramos optimistas.

Más allá de lo que digan los científicos, cualquiera puede apreciar que cada vez hay más eventos climáticos extremos, y cada vez más violentos. La cuestión no es que sucedan, sino que sean tan frecuentes. Otra cuestión para reflexionar son sus consecuencias sobre el territorio, que da para otras reflexiones: riadas, lluvias torrenciales,… son fenómenos recurrentes en España, suceden siempre en las mismas zonas y cada vez implican más daños materiales ¿Qué parte de “no hay que construir en una zona inundable” no hemos entendido?

Nuestro comportamiento genérico con el entorno es lo que explica la emergencia climática, y prueba de ello es el “Earth Overshoot Day”, o día del desbordamiento. La fecha fue establecida por la Global Footprint Network (Red Global de la Huella Ecológica), y es el día del año en el que la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza (materiales, agua, biomasa y energía) excede lo que nuestro planeta puede regenerar durante ese año. El 29 de julio (para este año de 2019) hemos alcanzado esa fecha; hemos emitido más CO2 a la atmósfera de lo que nuestros océanos y bosques pueden absorber, hemos agotado pesquerías y talado bosques más rápidamente de lo que pueden reproducirse y volver a crecer, consumimos más agua limpia de la que los ecosistemas pueden depurar, … La fecha marca la frontera temporal entre lo que es la “renta ecológica” del año, y lo que es “capital”, por lo que podemos decir que vivimos a crédito. Ahora bien, la naturaleza no es un banco que pueda recurrir a otros a por más. El capital natural es finito, y su rendimiento es la renta del ejercicio, por lo que esto se traduce en un acortamiento de plazos para el año próximo, que será mayor si aumentamos los requerimientos.

Así pues, sí, es una emergencia, va más allá del clima y las medidas que habrá que adoptar van a ser difíciles. La cuestión realmente es el reparto, la asignación de costes y responsabilidades, que es donde verdaderamente se concentran las discusiones en las negociaciones internacionales. Como curiosidad recomiendo visitar la web de la Global Footprint Network, porque la equidad es, como de costumbre, la cuestión clave.

Nacido en 1967, es economista desde 1990 por la Universidad Complutense. En 1991 se especializó en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Politécnica de Valencia, y en 1992 en Transportes Terrestres por la Complutense, empezando a trabajar en temas territoriales, fundamentalmente como profesional independiente contratado por empresas de ingeniería.

Ha realizado planeamiento urbanístico, planificación territorial, y evaluación de impacto ambiental. En 2000 empezó a trabajar en temas de desarrollo rural, y desde 2009 en cuestiones de políticas locales de cambio climático y transición con su participación en el proyecto de la Fundación Ciudad de la Energía (en Ponferrada, León).

En 2012 regresó a Madrid, hasta que, en diciembre pasado, previa oposición, ingresó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en el Servicio de Análisis Económico.