Perspectivas para la nueva decada. Los años 20 del siglo XXI

“El pensamiento es el coraje de la desesperanza”

Giorgio Agamben; Roma 1942, filósofo italiano

Haciendo el esfuerzo de extender la mirada hacia la nueva década, suele invadir la desazón, incluso el miedo, supongo que al igual que los ciudadanos que un siglo atrás, en la incierta época de la primera posguerra, fueron testigos de la Alemania de Weimar, asfixiada por las duras condiciones que le había impuesto el Tratado de Versalles, el nacimiento de la URSS, la política expansionista de Japón en Asia y en resumen de la década que alumbró los regímenes que se expandieron por Europa: Mussolini en Italia, Salazar en Portugal, el advenimiento de Adolf Hitler en Alemania, Primo de Rivera en España o Alejandro I en Yugoslavia.

Pero no es menos cierto, que releer la historia, agudizando la razón, descubriendo a través de la lectura los antídotos contra cualquier barbarie y contra la ignorancia, suele ser el mejor remedio contra el desaliento o el abatimiento que sugieren algunos análisis.

La próxima década hace predecir una inflexión en el sistema económico global y si atendemos al economista francés Thomas Piketty, la desigualdad ha sido la característica fundamental de la economía desde el siglo XIX, hasta la actualidad. Los economistas de hoy se ocupan de ciertas recetas para curar disfunciones del sistema capitalista imperante (paro, inflación, deflación, estancamiento, recesiones), pero en realidad están en línea con algo transversal a todos esos fenómenos, la desigualdad, de tal manera que el capitalismo progresa por la desigualdad y suele entrar en crisis por la especulación.

La desigualdad parecería ser eje continuista para la nueva década, generada por la distorsión que produce el peso excesivo de la renta acumulada en el proceso de producción de riqueza.

Thomas Piketty Observa que, en el último siglo, la norma general de la evolución económica (salvo los treinta años gloriosos que siguieron al final de la Segunda Guerra Mundial) ha sido que, la retribución de los patrimonios (es decir, de las rentas acumuladas por los beneficios pasados) aumenta, en tiempos de crecimiento económico moderado, más rápidamente que la producción y los salarios; el empresario tiende a convertirse en rentista, el capital se reproduce a sí mismo1.

La nueva década, pone en entredicho la globalización. El libre flujo de personas, de producción y de capital, no están garantizados. El auge de las políticas proteccionistas, los nacionalismos (involucionistas en la mayoría de los casos) impulsaran a los países a cerrarse en sí mismos y favorecer el comercio local, castigando los productos extranjeros, y son las grandes potencias las que podrían verse más favorecidas (EE.UU., China, Japón, -La CEE, nótese que no he dicho UE, - y tal vez algunos otros estados emergentes como India o Brasil).

La gran amenaza que se cierne en el mundo es que en lugar de avanzar hacia una globalización social y caminar hacia la igualdad de todos los habitantes de la tierra, nos encaminamos hacia una reversión, un freno en la ruta al progreso. Las políticas de progreso se encuentran en una invaginación sistémica, disminuye el flujo y aumenta la asfixia, y todo ello en medio de las crecientes tensiones geopolíticas y geoeconómicas representan los "riesgos globales más urgentes en la actualidad2.

La transición a un orden mundial de proteccionismo más multipolar es probable que continúe y con ello un crecimiento de la desigualdad y el desempleo.

En este escenario, se hace necesario incorporar un nuevo concepto de racionalidad, preparándonos para deducir certeramente, no para dudar constantemente abrazándonos al miedo, a la incertidumbre y al azar que a menudo nos hace saltar rápidamente a conclusiones precipitadas; es preceptivo incorporar un enfoque psicológico a la economía. Este factor psicológico puede ayudar a entender por qué el fanatismo y la seguridad dogmática son a menudo sustentados en la ignorancia, o en evidencias claramente insuficientes3.

Una persona “racional” no es ya aquella que tiene una visión del mundo más consistente, tampoco es más racional quien rechaza las emociones en nombre de una inexistente razón desencarnada, sino aquella persona que es capaz de examinar sus propios prejuicios y de asumir que errar es natural, este enfoque expuesto por el prestigioso psicólogo Daniel Kahneman, que se encuentra en una nueva óptica de pensamiento y que debería ser tenido en cuenta en la década que está a punto de comenzar.

Esta nueva década, traerá aparejado un gran crecimiento demográfico, con un aumento de casi 1000 millones de persones más al filo del 2030 y este fenómeno, vendrá acompañado de un rápido envejecimiento de la edad media mundial.

El cambio climático será uno de los mayores condicionantes de la economía de la próxima década, los movimientos migratorios, no se detendrán, por el contrario, tenderán a crecer y de momento la política mundial no parece aportar ni soluciones ni tan siquiera una reflexión (se hace imperativo convocar una cumbre mundial para atender y dar soluciones a este problema).

Las señas de identidad de los nuevos años 20, podrían ser la inestabilidad social y la violencia política que se intensificarán, según ha señalado Piotr Turchín, profesor de Ecología y Matemáticas de la Universidad de Connecticut (EE.UU.).

En los años 20 del siglo XXI, las tecnologías de conectividad e internet como el 5G o el 'internet de las cosas' protagonizaran un crecimiento sin precedentes, una competición hacia la computación cuántica, los nuevos avances en ciberseguridad o la Inteligencia Artificial, formaran parte del uso y las costumbres de lo cotidiano. Pero también es muy probable, que el 50% de los trabajos del mundo se encuentren en riesgo de ser reemplazados por robots en el umbral del 2030.

Empezamos la nueva década con los primeros viajes al espacio financiados por empresas privadas. ¿Esta década será una nueva era espacial? ¿El más allá, marcará la tendencia en lugar de prestar atención a los de más acá?

Evgeny Morozov (1984) pionero en la investigación de las implicaciones sociales y políticas de las nuevas tecnologías, fue uno de los primeros en cuestionar el ciber-utopismo dominante en este primer cuarto de siglo y el supuesto papel de internet en la democratización del mundo4. Aunque el Big Data tiene grandes ventajas —desde una mejor preparación para las epidemias de gripe hasta tener un conocimiento más amplio de las necesidades alimentarias del mundo y las capacidades de distribución— la obtención no regulada de Big Data también provoca y provocará graves problemas. 

La tendencia, casi sin excepción, de los gobiernos o grandes multinacionales, a emplear la vigilancia de masas en un intento de sofocar la disidencia y hacer cumplir la ley debería hacernos reflexionar.

Las nuevas tecnologías necesitan ser analizadas en términos del impacto sociocultural y el cómo éstas pueden amenazar la dignidad humana.

Por otra parte, la idea de un contrato social se remonta a varias culturas que nos han precedido, desde los antiguos egipcios, Hammurabi, los griegos, romanos, chinos y las normas predicadas por las tres religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. No obstante, un análisis más reciente con Grotius, Hobbes, Locke y, por supuesto, Rousseau, nos condujeron a explorar los límites de la libertad individual y el poder de la soberanía. Desde el concepto de Locke, hasta Rousseau y otros, muestran que todas las perspectivas del contrato social buscan en último término analizar por qué los individuos racionales aceptarían renunciar a algunas de sus libertades como contrapartida de vivir en un orden político5.

Ahora es el momento para analizar el concepto o las creencias sobre nuestras libertades, sobre la igualdad y las funciones de la soberanía, la individualidad, el colectivismo mal entendido y los límites del control. Hay que comenzar a pensar en nuevo tipo de contrato social.

Este nuevo tiempo, se encuentra amenazado por la propaganda ciber digital y la contrainformación, aunque los mecanismos de la manipulación de la comunicación y empleo de la propaganda no es nada nuevo, las llamadas “fake news”, ya eran utilizadas por los romanos, incluso antes en el imperio antiguo en Egipto y entre los asirios, por mencionar algunos, pero en este primer cuarto de siglo pueden alcanzarnos con mayor facilidad, aprovechándose de la ignorancia ilustrada que provocan el mal uso y la masificación de las redes sociales.

No se entienda una crítica malsana al avance de las nuevas tecnologías de la información, (por el contrario, es un gran paso de la humanidad hacia la conectividad y una oportunidad para la fraternidad universal), pero sí una invitación a la reflexión por el daño sociológico que pudiese desatarse como consecuencia de la propagación indiscriminada de los efectos de las TIC entre los ciudadanos/as de cualquier sociedad o cultura en el transcurso de la década de los años 20.

El tiempo sociopolítico que comienza, viene marcado por la precarización laboral y la desigualdad, como ya hemos apuntado y ello provoca los estallidos que se están dando como consecuencia del fin de los frágiles equilibrios del siglo XX, de la extinción de las ideologías que lo sustentaban y del crepúsculo de la que dimos en llamar Edad Contemporánea.

Los años 20 del siglo XX, fueron la antesala del crac bursátil del 29, y fue también la década que vio el ascenso al poder de Benito Mussolini (1922), en Italia, de Hitler en Alemania que comenzaba su andadura, y aquí en España desde 1923 a 1930 el general Miguel Primo de Rivera gobernó haciéndose pasar por el “Cirujano de Hierro”, una sociedad española polarizada entre proletarios desarraigados y señoritos burgueses.

Ahora frente al comienzo de esta nueva década esperemos que estos antecedentes no constituyan ningún presagio para el advenimiento de los años XX del siglo XXI, y parafraseando a José Ingenieros, no es bueno vestirse con las mortajas del pasado, pero cuidado, mañana, suele ser una mentira piadosa que esgrimen las voluntades moribundas. 

1El capital en el siglo XXI. Thomas Piketty. Traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard y Guillermina Cuevas. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2014. 663 páginas

2según el Informe Global de Riesgos 2019 del Foro Económico Mundial. El Mapa de Riesgo Políticos 2019 de Marsh, se basa en datos de Fitch Solutions

3Daniel Kahneman, es un psicólogo de nacionalidades estadounidense e israelí. En 2002, conjuntamente con Vernon Smith, fue laureado con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre

4En el 2011 escribió El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red (Destino), donde denunció la web como una herramienta de vigilancia masiva y represión. En su último libro To Save Everything, Click Here (2013), cuestiona otra derivada de las nuevas tecnologías: el “solucionismo” o la idea que los adelantos tecnológicos van a resolver buena parte de los problemas del futuro

5Nayef Al-Rodhan Geneva Centre for Security Policy . Ginebra, Suiza

Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) y del Fondo Social Europeo. España. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades de España y América Latina. Miembro de la candidatura al Senado por la circunscripción de Girona por el PSC-PSOE. Elecciones 10-N. 2019.