Turismo y especulación

En un artículo anterior hablé de que la turistificación es un fenómeno esencial en el proceso de construir una nueva burbuja especulativa. Merece la pena una reflexión, porque es algo más amplio que la simple explosión de las viviendas turísticas y tiene un calado considerable. Por definir de alguna forma el fenómeno, la turistificacion es un proceso en el que un área de la ciudad (o un pueblo, o incluso un espacio más amplio) se transforma desde unos ciertos usos generales a otros enfocados estrictamente al turismo, y la comunidad originaria y los usos que la han caracterizado desaparecen.

Las actividades económicas dirigidas al turismo implican ofrecer bienes y servicios a personas que van a estar recorriendo el territorio durante un espacio de tiempo limitado y breve, e incluyen desplazamientos, alojamientos, manutención, comunicaciones, ocio, compras… En un cierto momento inicial y en un espacio dado no existen, por lo que la llegada de turistas supondrá un incremento en la demanda de las empresas locales. En ese momento inicial turismo es un gran activador de las economías locales pequeñas, y por eso está en el manual de todos los partidos políticos. Si la demanda se consolida y sigue creciendo, comenzará la apertura de nuevos negocios, dirigidos ya en exclusiva a los visitantes, y se demandará empleo especializado, con lo que el sector empezará a tener vida propia.

Esa vida propia planteará problemas de crecimiento, porque los turistas son como residentes desde la perspectiva de la demanda de ciertas infraestructuras básicas (agua, energía, transportes) y servicios públicos (seguridad, salud), pero no son residentes permanentes, lo que hace que hayan de planificarse para soportar picos de demanda cada vez más acentuados. Olvidaba decir que una de las características del turismo es su carácter estacional, salvo muy contadas excepciones.

Si la demanda continúa creciendo a lo largo del tiempo entramos en un nivel diferente, en el que las actividades turísticas especializadas terminarán por desplazar a las no turísticas y se configurará un espacio claramente identificable como “turístico”; veamos el proceso. Como los turistas pueden soportar precios más altos que los residentes, los precios de los alquileres para negocios y los suministros suben. En consecuencia, los comerciantes los trasladan a los precios, con lo que los residentes pierden capacidad de compra. En el mercado de trabajo se dejará sentir la estacionalidad: cuando llega la temporada turística crece el empleo, y cuando se acaba los empleos desaparecen.

Todo esto hace que el comercio de recurrencia sea el primero en desaparecer, puesto que se dirige de manera principal a los residentes. Por otra parte, como las actividades no turísticas tienen ciclos productivos más estables, salvo que tengan una singular importancia e implantación en la zona será difícil que puedan competir por los trabajadores, con lo que a la larga terminarán buscando otras localizaciones. Y con todo esto, las familias empiezan a tener sólidas razones para cambiar de barrio o de ciudad.

Este proceso no es una novedad en España, como cualquiera que haya viajado puede constatar. La novedad reciente es el fenómeno AirBNB, o sea, las plataformas telemáticas de apoyo a los pisos turísticos. De estos ha habido siempre, pero comercializarlos era complejo y arriesgado; las plataformas han dado la vuelta a la situación y de hecho han permitido una verdadera explosión de estos. Es materia para otra reflexión si suponen o no una competencia desleal a los alojamientos convencionales, lo cierto es que alteran los mecanismos de formación de precios en el mercado inmobiliario. Los arrendadores preferirán al cliente turístico, muy lucrativo, y tenderán a expulsar a los residentes permanentes, con lo que el proceso de turistificación habrá entrado en su fase final: el territorio se ha convertido en un producto turístico.

La última vuelta de tuerca en este proceso es el desembarco de los fondos de inversión. Es cierto que la mayoría de los caseros solo tiene una o dos viviendas, pero las SOCIMIs ya son el principal propietario, lo que implica gran poder de mercado. Es por eso que la ausencia de regulación y control de esta actividad, con la excusa de la defensa de pequeños inversores, beneficia singularmente a unos cuantos grandes. Esa ausencia de regulación es clave en la generación de beneficios, en el mantenimiento de la atracción de pequeños inversores, y en la construcción de una espiral al alza de los precios del alquiler.

Con la vieja idea de que el mercado se regulará estamos dejando pueblos, territorios o barrios enteros de nuestras ciudades sobreespecializados, sin residentes (o sea, sin vida) y vulnerables a un cambio de modas o al agotamiento. Esto no es una amenaza inconcreta, ya ha sucedido en bastantes lugares: muchas zonas rurales y espacios costeros son ya meros escenarios sin vida. La alternativa es una regulación adecuada, que será compleja y multisectorial: políticas fiscales, de vivienda, urbanísticas, territoriales… además, se requiere una acción concertada desde el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos y, si se quiere un grado optimo de efectividad, la participación de la ciudadanía.

El turismo ha sido una gran fuente de riqueza en España, y no sólo económica. Para que lo siga siendo vamos a tener que reflexionar en torno a que actividad queremos tener, sus limites (presentes y futuros) y cómo se distribuirán los costes y los ingresos, porque su evolución futura va a depender de los territorios y ciudades en los que queramos vivir.

Nacido en 1967, es economista desde 1990 por la Universidad Complutense. En 1991 se especializó en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Politécnica de Valencia, y en 1992 en Transportes Terrestres por la Complutense, empezando a trabajar en temas territoriales, fundamentalmente como profesional independiente contratado por empresas de ingeniería.

Ha realizado planeamiento urbanístico, planificación territorial, y evaluación de impacto ambiental. En 2000 empezó a trabajar en temas de desarrollo rural, y desde 2009 en cuestiones de políticas locales de cambio climático y transición con su participación en el proyecto de la Fundación Ciudad de la Energía (en Ponferrada, León).

En 2012 regresó a Madrid, hasta que, en diciembre pasado, previa oposición, ingresó en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, en el Servicio de Análisis Económico.