De la falta de respeto a la escasa ejemplaridad

“Respeto las ordenes, pero también me respeto a mí mismo, y no obedeceré ninguna regla hecha especialmente para humillarme.”

Jean Paul Sartre. 

El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, pues es fundamental para lograr una armoniosa interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y nacer de un sentimiento de reciprocidad. Si ello se desea en un Estado plagado de privilegios y ventajas en desmedro de la mayoría, mal asunto. Para ganárselo se debe ser ejemplar. Desde el Jefe del Estado hasta la ciudadanía menos favorecida. Pero, si es habitual que en una sociedad, en la que la corrupción y la picardía sean los valores evidenciados en las conductas de ciertos grupos minoritarios que acumulan el poder económico, éstos consideren que sus actos quedarán impunes.

Eso, por sí mismo, es agraviante. Resulta indignante que se sigan defendiendo prácticas poco decorosas. El diálogo entre un presidente de comunidad, como el señor Torra y el magistrado que preside el tribunal que juzga el asunto de la desobediencia de aquél, demuestra el grado de esperpento al que se puede llegar en este Estado con legalidades cuestionables. El president expresó que no respondería a la acusación popular del partido ultraderechista VOX por ser un “partido franquista”. Como respuesta, el presidente del tribunal y del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, nada menos, Jesús María Barrientos lo interrumpió diciendo que “No se le permite ninguna manifestación ofensiva o descalificadora a las partes” (...)“No voy a permitir ese tipo de descalificaciones”, le insistió. Debo reconocer que no apoyo al Procés, tampoco creo en la razón de la fuerza que manifiestan los que se enfrentan en el conflicto. Sin embargo, con todo respeto, creo que el magistrado no puede faltar el respeto a los ciudadanos cuando entiende que se “descalifica” a un partido como VOX que se reconoce como tal.

Luego del preacuerdo para un gobierno progresista, entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, de manera coordinada, salieron a cuestionarlo personas tan poco ejemplares como los señores José María Aznar o Felipe González. Desconociendo que todos los votos son respetables. Tampoco Emiliano García-Page, para algunos el que se preparaba para sustituir a un Sánchez defenestrado, demostró un entusiasmo convincente. Poco respeto a los votantes, más aún cuando se trata de conspicuos representantes de la Gestora socialista. Misma línea que Susana Díaz, la que gracias a una gestión incompetente en Andalucía, regaló el poder a la derecha de las más peligrosas de Europa.

Dar carta de constitucionalistas a VOX es como mantener el silencio frente a la represión que se llevó a cabo en Ecuador primero. Luego en Chile, que aún continúa. O evitar llamar golpe de Estado a la toma de poder por la fuerza del gobierno de Bolivia. La región está a punto de estallar, con un Bolsonaro que no vería con malos ojos una intervención militar en Bolivia, o en Venezuela.

Creo que el apagón mediático se ha ido diluyendo por el grado de brutalidad que está evidenciándose en estos países. Lo que deja a las claras el poco respeto que nos tienen los grupos mediáticos al justificar estas operaciones militares y económicas a espaldas de la población. No hacerlo abre las puertas a intentos golpistas en este Estado creado para preservar aquellos privilegios. Pareciera que se sienten amenazados.

Es poco ejemplar que se le falte el respeto a unos ciudadanos que han sido saqueados, maltratados y esclavizados, para hacer más ricos a esas minorías. Esos ciudadanos más allá del Océano y nosotr@s, por estas tierras nos merecemos ser tratados con respeto o, de lo contrario, exigirlo.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.