¿Un pacto mediático contra el terrorismo?

Neil Basu, responsable antiterrorista en Reino Unido, ha animado a la Sociedad de Editores en su Conferencia Anual a que le ayuden a crear una asociación con el fin de colaborar en la reducción de la amenaza del terrorismo. La idea es imitar el modelo utilizado con la asociación caritativa Samaritans en relación al enfoque relacionado con el suicidio. Un enfoque que, en su opinión, podría evitar que la cobertura mediática del terrorismo amplifique inadvertidamente la amenaza. Según la tesis del actual enfoque existirían pruebas que vinculan el tratamiento mediático del suicidio y la propagación del comportamiento entre las personas vulnerables, lo que se conoce como contagio del suicidio. Según Basu, "El riesgo de influir en los suicidios aumenta significativamente si los informes incluyen descripciones de los métodos suicidas, si la historia se coloca en un lugar destacado y si la cobertura es amplia o sensacionalista". Además, "La relación positiva entre los activistas samaritanos y los medios de comunicación ha ayudado a dar forma a la manera en que se informa sobre el suicidio y, casi con toda seguridad, ha salvado vidas”. De ahí que "Si la información se puede ver a través de esta lente para el suicidio, ¿por qué no para el terrorismo?” Neil Basu ha pedido al Royal United Services Institute que analice la teoría del contagio social y ponga a prueba si un determinado tratamiento informativo del terrorismo en los medios de comunicación podría fomentar la difusión de comportamientos radicales tendentes al uso de la violencia. De hecho, el propio Basu señala que "los medios de comunicación pueden tener un impacto positivo”.

La Estrategia Nacional contra el Terrorismo 2019, aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional, hace mención a los medios de comunicación al asegurar que es necesario fomentar “una comunicación eficaz, que permita transmitir la posición y actividad del Estado en relación con el terrorismo y el extremismo violento, así como sensibilizar del peligro que conlleva, con el especial apoyo y colaboración de los diferentes medios de comunicación y actores involucrados”. El elemento más interesante de esta línea estratégica, además de la comunicación institucional estaría en la “sensibilización del peligro que conlleva.”

Algunos medios de comunicación en España están dando una amplia repercusión mediática a las amenazas provenientes de una plataforma propagandística de signo yihadista denominada Muntasir Media que parece prestar especial atención a España. Podría decirse que el tratamiento es, cuanto menos, alarmista. Esta productora no está vinculada a la estructuras de comunicación y propaganda de la matriz terrorista Estado Islámico. Su origen estaría en la actual fragmentación de la propaganda yihadista donde prima el impacto mediático por encima de la credibilidad. Sobre esta plataforma puede destacarse que a principios de octubre fue detenido en Parla un joven presuntamente vinculado a este aparato de propaganda.

Los medios pueden ayudar en la lucha contra la radicalización. También pueden hacerlo a la hora de crear una sociedad resistente y unida contra el terror. Difundir las amenazas terroristas, cuya única finalidad es la búsqueda de notoriedad por parte de quienes elaboran dichos materiales, carece de sentido, coadyuva en la propagación del miedo y tiene su riesgo. Ahora bien, ¿sensibiliza respecto al peligro que conlleva el terrorismo? Podría pensarse que la difusión de las amenazas puede acostumbrar a la sociedad a la realidad del terrorismo a fin de crear una sociedad resistente al miedo. No obstante puede generar efectos contraproducentes pues la exposición a las amenazas puede crear indiferencia e insensibilidad, hecho que opera en contra de la solidaridad y la unidad. Además, la difusión de las amenazas puede constituirse en elemento detonante en la comisión de atentados por parte de sujetos ya radicalizados.

En España el actual Nivel de Alerta Antiterrorista es de 4, riesgo alto, es decir, Ertzaintza, Guardia Civil, Mossos y CNP operan bajo la consideración de que existe un nivel de riesgo alto para el cual destinan numerosos recursos. A pesar de la necesidad de seguir avanzado en la cooperación y coordinación entre los distintos cuerpos, sin que otra serie de consideraciones afecten a la lucha antiterrorista, la actividad antiterrorista ha venido desarrollándose con éxito, salvo por el atentado del 17-A. Los planes y estrategias antiterroristas, incluida la prevención, tienen en común su estructuración en cuatro pilares básicos como son Prevenir, Proteger, Perseguir y Responder. Los actuales desarrollos comienzan a tener dentro de sus principios inspiradores las máximas de transparencia, comunicación pública e implicación de la sociedad en su conjunto, primando el compromiso y la responsabilidad compartida.

Difundir y amplificar la propaganda yihadista sin el contexto, matización o el análisis pertinente está lejos de cualquier sentido de la responsabilidad, y por ende del compromiso que todos los actores sociales y, por supuesto, los medios de comunicación debieran tener. Difundir no es informar, es reproducir. El primer deber que los actores sociales involucrados debieran de cumplir, es el de tratar de neutralizar el miedo que las organizaciones terroristas y sus partidarios pretender infundir a nuestras sociedades. Para ello debieran de dar a este tipo de publicaciones el tratamiento debido dependiendo de la credibilidad de las mismas. Otra cosa distinta son las amenazas que por su veracidad de origen sean noticia y de interés social, aun cuando su publicación pueda generar algún tipo de impacto social.

El año 2015, el Partido Socialista y el Partido Popular firmaron el llamado Acuerdo para afianzar la unidad en defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo. Posteriormente, se han unido otras formaciones políticas. Siendo Dolores Delgado Fiscal Coordinadora Antiterrorista en la Audiencia Nacional escribió un articulo para El Diario en el que aseguraba que en “estructuras como las del pacto antiterrorista no solo debería haber voces de partidos políticos sino también de fiscales, jueces, cuerpos y fuerzas de seguridad y de expertos además de la voz de las propias víctimas y de los organismos de Derechos Humanos”. Según la ahora ministra ello “ofrecería un crisol de perspectivas diferentes a las estrictamente legalista que acercaría más los resultados de los debates a las necesidades reales de todos”. Es evidente que esa llamada a la ampliación del pacto anti yihadista en el marco de “una estrategia integral contra el terrorismo” parece razonable. Ahora bien, su contenido debiera de ampliarse y simultanear con otros pactos de carácter sectorial donde su contenido se alinee con la Estrategia Nacional contra el Terrorismo 2019. No obstante, a los mencionados anteriormente por quien fuera la Fiscal Coordinadora Antiterrorista habría de sumársele un actor esencial en la relación del Estado y la sociedad, los medios de comunicación.

Según dice el Federico Aznar en el Documento de Seguridad y Defensa Nº 77 del Instituto Español de Estudios Estratégicos, “El terrorismo implica la utilización mediática de una cierta violencia en beneficio de un concreto propuesto político”. De hecho, según el autor “el problema del terrorismo no es la debilidad del Estado, ni tampoco la fortaleza del grupo terrorista, el problema se centra en la debilidad de la sociedad”. Nuestras sociedades no solo se enfrentan a la amenaza del terrorismo, también a la del extremismo. Siendo así, parece necesario replantear el enfoque mediático ante la amenaza de ambos fenómenos y reflexionar en torno al papel que tienen los medios en la creación de una sociedad fuerte, plural, cohesionada y democrática. El miedo es la herramienta de los terroristas, no la nuestra.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.