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El debate

Llegué tarde a casa. Un compromiso ineludible hizo que cuando regresé ya habiera comenzado el debate a cinco, el gran debate anunciado hasta la nausea, como si los españoles y españolas no supiéramos que apenas sirve, por mucho que nos digan, para mover el voto.

Además, para quienes estamos vinculado al PSOE, se nos presentaba como una escenificación de Daniel ante los leones, aunque en algunos casos el paradigma sería mejor ante los chacales. Confieso que me senté a verlo con sentimientos ambivalentes. Por una parte asistir a las propuestas de los cinco; por otra sabiendo que la indignación no me iba a ser ajena. No tengo la capacidad de aguantar el envite del presidente en funciones. El temple, que dirían los taurinos, a sabiendas de que lo que le esperaba era un ataque de cuatro, unos de ellos revestido con piel de cordero.

Durante dos horas se pudo ver el nivel de aquellos que se presentan como candidatos a presidir España.

Por un lado, Santiago Abascal, que con mirada caudillista —estoy segura de que hubiera dado un brazo porque el atril fuera un caballo— esgrimió todo aquello que supone el centro de su campaña, pero envuelto en la demagogia de la defensa de las clases populares. Épica su defensa sobre la seguridad de las mujeres, como si andar por las calles de España supusiera un peligro inminente de ser violada. Eso sí, le faltó decir que si lo hace tu marido no es violencia. Ataques a la migración — es mentira que el 70% de los violadores en “manada” sean extranjeros—, a la territorialidad, a la Constitución, en aras de defenderla. Desparpajo y descaro en quien tiene, no solo asumido, sino que luce con orgullo ser un fascista.

Albert Rivera llegó con su atrezzo. Mostró un trozo de adoquín de los que según él habían arrojado a los policías en Barcelona. Parece ser, qué malvadas las redes sociales, que ese adoquín se compra por Amazón… Primer patinazo… Luego su talón de Aquiles: las prisas. Se acelera como si quisiera quitarse del medio lo antes posible, y de paso barrer al de al lado. La pregunta sobre los ERES y la dimisión de Pedro Sánchez no es que estuviera traída por los pelos, es que fue un tiro por la culata.

De Pablo Casado lo más destacable es su gran debilidad por la ficción. Es capaz de inventarse logros del Partido popular, eso sí, inexistentes, sin perder la compostura y sin que se le haga una arruga en la camisa. Su obsesión por Cataluña ahora le hace olvidar una vez y otra la nefasta gestión de su partido que no es otra que la que nos ha llevado hasta aquí.

Por último, el líder carismático de Podemos, un técnico de la política, de manual, pero que cuando hay que bajar al ruedo ya es otra cosa. La constante de ofrecerle a Pedro Sánchez una vez y otra la opción de gobernar juntos mostró de nuevo ese ansia de sillón, y la sensación de que para ellos nada ha cambiado. No evidenció su disponibilidad a desbloquear la situación en ningún momento, sino que, endulzado por una voz episcopal, su determinación es “César o nada”.

¿Con todos estos mimbres quién hace un cesto decente? Pedro Sánchez lo logró a base de contención, que se traducía en mirar sus notas para no perder los nervios, y de tener muy claras las ideas que quería lanzar.

Para una mayoría de la ciudadanía el candidato socialista fue ganador. Dejó claro que no íbamos a elecciones porque el PSOE las hubiera convocado sino porque la ley así obliga cuando no hay por dos veces investidura.

Dejó claro que se puede mantener la unidad de España y la justicia social. Dejó claro que puede existir un crecimiento económico y una redistribución de riqueza. Dejó claro que España es Europa y que sin Europa no hay progreso. Dejó claro Pedro Sánchez que no había pactos ni con nacionalistas, ni con las derechas, a pesar de las paranoias de unos y otros. Solo un gobierno mayoritario y coherente de progreso puede acabar con el bloqueo.

No sé si este debate movió el voto. De lo que estoy segura es que visto lo visto el único candidato con sentido de estado, con una visión global de los problemas de España es Pedro Sánchez. Y su intervención de ayer así lo demuestra.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene nueve libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral.En la actualidad está en preparación de su quinta novela y su tercer libro de poemas.