Los partidos políticos: necesarios pero no imprescindibles

Todos recordamos ese momento de Amanece que no es poco, el del Alcalde necesario.

Cada vez más nos va quedando claro de que los políticos se han convertido en una élite, en una casta como diría Iglesias (de la que él forma ya parte también), que están "a sus cosas". Que nos ponen como excusa, como si realmente estuvieran preocupados y ocupados en aquello que nos afecta, cuando en realidad, somos sin más una coartada para sus discursos, para todo este teatro que se empeñan en hacer mientras lo que realmente más les importa es mantener sus espacios de "poder", ganar sus batallas -generalmente personales- y mientras tanto dejar que todo pase.

No hay más que ver a aquellas caras que llegaron, nuevas, hablando de regeneración, de la necesidad de rotar en los sillones del poder. Ahí los tenemos, bien agarrados a sus sillones de secretarios generales, de diputados. No se mueven y no hay manera de moverles. Quienes lo han intentado de alguna manera al final han terminado creando sus propios partidos para así tener su propio sillón.

En fin, que además ya estamos viendo que mantener conflicto es lo suyo. En lo que sea. Intentar diferenciarse de los demás aunque nunca quede del todo claro cuál es su propuesta sobre el tema que sea. Vaguedades, datos incorrectos o directamente falsos, y desde luego poca seriedad y absoluta falta de compromiso.

Su palabra no suele cumplirse jamás. Lo que dicen un día cambia al siguiente y no sienten rubor. Venden a quien sea en cualquiera de sus mítines. Todo postureo. Nunca dicen la verdad a las claras y se parapetan en sus consignas de partido. Los partidos, que al final se han materializado en unas estructuras que, en lugar de garantizar la democracia viva, están suponiendo un obstáculo que limita las libertades de sus miembros y garantiza el compadreo entre las cúpulas.

Está claro que no les interesa sentarse a dialogar. O al menos ponen de excusa las elecciones, porque lo que les interesa de nuevo es gestionar los conflictos en base a su interés, que son los sillones, no la resolución real de los problemas (que, dicho sea de paso, ellos han contribuido enormemente a generar).

Con el tema catalán, más de lo mismo. No hay manera de que haya diálogo, compromisos ni propuestas. Al menos de momento no, y hasta que no pasen las elecciones alguno considera que es normal dar portazos continuamente, girar la espalda y seguir permitiendo que haya personas sufriendo una represión sin sentido en una "democracia consolidada".

Pedro Sánchez se toma la molestia de hacer campañas mundiales para intentar convencer a la gente de que las noticias que puedan llegarles son "propaganda independentista", pero a la hora de la verdad, están promoviendo medidas que recortan las libertades y los derechos de todos con la excusa del "demonio independentista". Noticias falsas por todas partes, miedo entre quienes tienen que contar la verdad, voces compradas y silencios bien pagados. Así no hay manera de salir de este agujero.

Mientras, la Falange se reúne en el Ateneo de Madrid. Cantan el Cara Al Sol con el brazo extendido. Y aquí no pasa nada. Y en Cataluña les forran a hostias y detienen a chavales que están denunciando auténticas aberraciones cometidas, presuntamente, por las fuerzas policiales. Chavales que salen a protestar, como hicieron nuestros padres y como se ha hecho durante toda la vida cuando ha sido necesario propiciar cambios para una sociedad que se estanca.

Nos estamos dejando la voz gritándole a los políticos que hablen, que se pongan de acuedo y que pongan un poco de sentido común sobre la mesa. No nos hacen ni caso porque eso no va con ellos. Viven del conflicto perenne.

Y yo me pregunto: ¿por qué no comenzamos a organizarnos, a través de plataformas, asociaciones, grupos de activistas para dialogar entre nosotros? Me refiero a que necesitamos que el pueblo escuche al pueblo. Que el pueblo se dé las respuestas que ni los políticos buscan, ni nos cuentan, ni los medios de comunicación se atreverían a comunicar aunque se estuvieran produciendo.

¿No va siendo hora de una vez por todas de que el pueblo tome la iniciativa y hable de frente? Seguro que estaríamos sorprendidos al hablar entre personas de distintos territorios, con respeto y tranquilidad, sobre la república, la corrupción, la sanidad, los derechos civiles, las libertades y por qué no, conocer de primera mano las razones de los independentistas para querer marcharse. Seguro, al cien por ciento, que muchos quedarían sorprendidos al descubrir las mentiras que consumen cada día desde unos medios de comunicación que nos quieren enfrentados, divididos, adormecidos y sin capacidad de iniciativa.

¿No sería bueno al menos intentarlo?

Abogada.