¡SALUD!

Mañana del jueves 24 de octubre de 2019, Franco sale del Valle de los Caídos. Puede parecer un dato menor. No lo es, sin ninguna duda. Esta es una mañana que recordaremos, pues es una mañana en la que la democracia acabó con un mausoleo a un dictador; acabó con un monumento al odio, la intolerancia y la falta de libertades. El 24 de octubre de 2019 es un día en el que la democracia ganó, y con ella el conjunto del pueblo español.

Es un acto simbólico que, efectivamente, no va a transformar para mejor las condiciones de vida materiales de las clases bajas. No va a crear millones de empleos ni a generar superávit económico. No, pero ha hecho algo tremendamente importante, mejorar nuestro sistema democrático, hacer justicia, comenzar una reparación y ayudar a la cicatrización. Las democracias y los países se construyen sobre símbolos. Lo inmaterial importa en política. Permítannos, a tantas otras personas y a mí, apreciar, valorar y enarbolar este símbolo. Porque este acto simbólico nos hace reconciliarnos a muchos un poquito más con nuestro país y con nuestras instituciones.

Porque hoy han ganado, además de nuestra democracia, muchas personas, con nombres y apellidos. Somos algunas las que podemos celebrarlo aquí, otras muchas nos estarán mirando desde donde quiera que estén. Porque hoy han ganado Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña, Clara Campoamor, Victoria Kent, Federica Montseny, Santiago Carrillo, Juan Negrín y Margarita Nelken; la familia García, la Hernández, la Pérez, la González y la Rodríguez. Han ganado Ascensión Mendieta y María Martín –no nos olvidamos de vosotras–; Víctor, Mary, Fernando, Elena, Ángel, Tere, Patxi, Carmen, Julián, Sara, César, Laura, Eufrasio, Arantxa, Juan, Olga, Fermín, Marisa, Amín, Angelita, Ernest, Nieves, Javier, Ana, Eduardo, Isabel, Gorka, Carlota, Enrique, Marta, Camilo, Felisa y el nombre que usted quiera poner.

Algún nostálgico dirá que “estos quieren ganar lo que no pudieron ganar en la guerra”. Pues el hecho es que la guerra dio paso a una dictadura que, no sólo suprimió la libertad, sino que cargó contra la dignidad humana. Así que sí, estas personas van a recuperar lo que se les negó: su derecho a ser. Porque sólo muere quien deja de ser recordado y todas esas personas verán desde donde estén que, con este símbolo, no les olvidamos. A quienes creemos que este es un acto de justicia no nos mueve el rencor –que es el motor de quienes pronuncian frases similares a la que encabeza este párrafo–, nos mueve la memoria y la reconciliación. Porque olvidar algo es el primer paso para que se pueda repetir y por eso no queremos ni podemos olvidar.

Por cierto, el motor de la memoria no se para aquí. Quienes vamos en ese vehículo sabemos que este es un gran paso, pero quedan muchos más. Nos queda dejar atrás la vergüenza del olvido de las personas muertas en cunetas y fosas comunes, nos queda realizar un Museo de la Memoria, nos queda introducir de manera clara esa página negra de la historia en el sistema educativo, nos queda mucho por hacer. Pero eso no nos impide celebrar este gran paso que parecía que no iba a llegar. Y esa sensación de alegría no nos la va a quitar la campaña electoral, ni los fallos que podamos encontrar en el proceso de exhumación del dictador, ni nada. Hoy 24 de octubre es un día grande y eso no lo va a empañar nada ni nadie. Por eso le invito a no hablar de los nubarrones que puedan empañar este día y exprimir al máximo la vivencia de hoy. Ya habrá tiempo de analizar qué se ha hecho mal, qué se ha hecho bien y qué se podría haber hecho mejor. Pero hoy no toca.

Esta es una victoria de toda aquella persona que se sienta profundamente demócrata, no nos quedemos en la simple división de opiniones. Discrepemos mañana o, incluso, pasado. Hoy nos queda brindar con alguien que sienta este día como lo sentimos usted y yo, así que no me queda nada más que decirle que ¡UN ABRAZO Y SALUD!