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La difícil tarea de los antidisturbios

La desobediencia civil no violenta tiene por objeto enfrentar al sistema a sus propias contradicciones al imposibilitar ejercerla autoridad publica de manera efectiva, abocando al poder al uso de la violencia. El desobediente adopta una actitud pasiva ante la violencia, que sin responder la misma, asume las consecuencias de la desobediencia. La autoridad queda deslegitimada al pretender imponerse por una violencia ciega que torna contraproducente. La desobediencia civil no violenta tiene un alto coste humano, que se compensa con una gran legitimidad para la causa y amplios recursos propagandísticos. Ahora bien, nada de esto ha sucedido en Cataluña.

Los resultados de los disturbios en Cataluña parecen dejar en las fuerzas de seguridad 288 heridos de diversa consideración, 153 pertenecientes a los Mossos, 134 en la Policía Nacional y 1 de la Guardia Urbana de Barcelona. Por otro lado, se han efectuado 194 detenciones, de los cuales 18 de los detenidos están en prisión provisional. A este lamentable balance debe sumársele varios cientos de heridos durante las protestas. Al menos, un joven ha perdido un testículo y otro la visión de un ojo. Un policía esta en estado muy grave.

La condena de todo tipo de violencia parece ser la formula escogida por los representantes de la Generalitat a fin de mantener una postura equidistante ante los disturbios. Es esta equidistancia, la que creen que puede mantenerles a flote ante la contradicción de arengar la protesta y enviar al mismo tiempo las unidades de intervención de los Mossos. A ello debe de sumarse la maliciosa intención de vincular la violencia policial únicamente a la intervención de la policía nacional, dejando a los Mossos bajo el mando de la Generalitat fuera de la ecuación como si estos pudiesen enfrentara la violencia tumultuaría valiéndose de polvo de hadas y buenas palabras.

Los disturbios de esta semana han puesto en el debate público a las unidades de intervención policial, los antidisturbios. La propaganda política de algunos actores pretenden hacer creer que las unidades de intervención están compuestas por individuos forzosamente violentos cuya presencia en las calles tendría la clara intención de provocar al independentismo. A ello habría de sumarse acusaciones diversas como es la instigación de los disturbios desde la propia policía con el animo de centrar el debate en estos episodios de violencia empeñando el éxito de las manifestaciones pacificas. Cuestión que parece contradecirse con la existencia de una plataforma de movilización aparentemente no institucional, Tsunami Democratic que desde el anominato invita a la movilización sin responsabilizarse de lo que pudiera pasar en una contexto de clara agitación verbal por parte de los líderes independentistas. El cierre del tráfico, la ocupación del aeropuerto y otra serie de medidas y sabotajes no son actos de desobediencia civil no violenta. Suponen la interrupción del normal funcionamiento de la comunidad haciendo de la muchedumbre, una herramienta al servicio de la negociación con el Estado.

Existe toda una campaña de des-humanización de las unidades de intervención. No son perros del estado. Los miembros de las fuerzas de seguridad son ciudadanos uniformados, que revestidos de la autoridad de la función publica, se han enfrentado durante toda una semana a disturbios muy violentos. Para ello se valen de la formación y herramientas de dispersión y control de masas de estas unidades, ante cientos de violentos que ni reconocen, ni respetan dicha autoridad ni por supuesto la integridad física de quienes en sus horas de trabajo, visten uniforme en estas unidades.

Tal y como ha dicho el Ministro del Interior es el Estado quien tiene el monopolio de la violencia. Es al estado a quien le corresponde defender los edificios públicos. No se puede tolerar que una horda de violentos asalte el Tribunal Superior de Justicia o la Delegación del Gobierno. Ni siquiera en el País Vasco se han visto escenas similares a las vividas en Cataluña. Ni por el número de actuantes ni por la duración de los disturbios.

¿Ha existido brutalidad policial? Hay pruebas graficas del uso de la violencia en situaciones cuyo empleo se ha realizado en ausencia de agresión física, pero si ante actos de desobediencia, encaramientos, insultos, escupitajos, negativas a dispersarse y actitudes hostiles. Es un hecho cierto e incontestable. Las unidades antidisturbios tienen por objeto lograr la dispersión de una multitud que no siempre obedece. Ahora bien, la decisión de hacer uso o no de la violencia por parte de un agente en un clima de gran virulencia ante un grupo hostil mucho más numeroso puede tener consecuencias fatales para la seguridad física del propio agente. De ahí, que sea siempre necesario, que los disturbios no se han percibidos por los manifestantes pacíficos como desordenes lúdico-festivos. Aislar a los violentos es una cuestión de compromiso cívico y operatividad policial tanto por la tranquilidad del conjunto de la ciudadanía y en defensa del derecho a la movilización pacifica y no violenta. De no ser así se ha de tener el coraje de asumir las consecuencias. De hecho, quienes participan habitualmente de este tipo de disturbios lo tienen muy claro.

A los manifestantes que intentaron evitar la acción de los violentos debe reconocérseles su labor. La condena de la violencia por parte de los líderes independentistas debe ser sin fisuras. Solo así las movilizaciones pacificas tendrán el eco y el protagonismo que debieran de tener.

La violencia vivida estos días, no son una suerte de San Fermines, ni un Happening revolucionario. Si bien esta postura puede parecer conservadora de acuerdo con los aires de frivolidad con el que se trata la violencia tumultuaría lo cierto es que podemos estar muy agradecidos pues aun no se ha producido ninguna víctima mortal. Hecho que podía haber sucedido en Cataluña como ha sucedido en las revueltas de los chalecos amarillos en Francia. Los episodios de violencia vividos en Cataluña no son el escenario apropiado para un Selfie.

Ahora bien, habida cuenta del alcance y virulencia de los disturbios, puede decirse que la actuación ha sido proporcional pese a la existencia de las actuaciones antes referidas. No hay más que realizar un análisis del material incautado. Quien exija una actuación impecable, pura y sin mácula, o bien tiene una intención netamente dirigida al desgaste político o desconoce el grado de agitación emocional y psicológica a la que se exponen los miembros de estas unidades.

¿A quien benefician los disturbios? A quienes aseguran que estos están instigados desde sectores independentistas a fin capitalizarlos políticamente.Otros creen que están instigados desde las cloacas del Ministerio de Interior, a fin de empañar las movilizaciones pacificas desarrolladas estos días.

Al margen de la existencia de estas teorías, la seguridad ciudadana y el orden público no entienden de especulaciones políticas, si no de profesionalidad. Los agentes de Mossos y Policía Nacional han dado prueba de esta profesionalidad y pese a los errores que se hayan podido cometer, debe de reconocerse institucionalmente el enorme esfuerzo realizado durante estos días y lamentablemente, el que aun les falta por hacer.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.