Cataluña en imágenes

No es fácil lo que se está viviendo en Cataluña estos días. El resto de España mira hacia allá con la esperanza de comprender algo. Sin embargo, esa mirada está mediada por la prensa. Si algo nos han enseñado los autores de los estudios culturales es que todas las miradas están mediadas ya sean por la posición de quien mira, los discursos que atraviesan nuestra sociedad, las redes sociales, las ideologías, la prensa, etc.

No debemos olvidarnos de que los seres humanos solemos construir relatos a partir de las imágenes que vemos. Una foto es un momento fijo, pero le damos sentido a raíz de aportar a esa imagen tiempo y espacio. En definitiva, interpretamos las imágenes. Una hoguera no es lo mismo en una playa en la noche de San Juan que a día 17 de octubre de 2019 en una calle de Barcelona. Las imágenes se mueven, no son estables, cada vez que las vemos nos dicen algo nuevo. Y lo que es más importante, cuando las imágenes se mueven van tapando otras.

La situación en Cataluña se ha convertido en una guerra de imágenes. Vivimos en una sociedad en la que gran parte de los relatos políticos, sociales y culturales se fundamentan en imágenes. Una imagen parece que da solidez a la argumentación, se convierte en una especie de argumento casi irrefutable. El problema es que ese argumento va a destinado siempre a convencer a los ya convencidos, es decir, va dirigido a la autorreafirmación en una determinada posición. Asimismo, se equipara imagen y conocimiento y bien sabemos lo fácil que es manipular una imagen en los tiempos que corren. Además, hay que tener otra cosa en cuenta, la imagen no sólo es lo que refleja, sino lo que deja de mostrar. Una foto o un vídeo se graban desde una determinada perspectiva, hacia a un determinado campo visual, con una determinada luz, en un instante concreto. La imagen es unidad, pero no totalidad.

Si alguien tiene interés, metiéndose en las redes sociales puede encontrar enseguida una foto o un vídeo que sea acorde con su postura. Hay imágenes para todos los gustos y posicionamientos en relación con los sucesos que están aconteciendo en Cataluña. Hay imágenes de fascistas –de los de verdad, de los que llevan el brazo en alto, no esas personas a las que se les llama fascistas a la ligera– enfrentándose y encarándose para dar la impresión de que España, sino es eso, al menos lo tolera. Hay imágenes de Comités en Defensa de la República (CDR) quemando contenedores. También las hay de Mossos d’Esquadra echando vallas a las hogueras de la calle. Asimismo, las podemos encontrar de agresiones de independentistas a gente con la bandera de España y de Mossos a ancianas. Por tener imágenes, las tenemos hasta de un ministro cenando en un restaurante a 10 minutos de su ministerio o al máximo representante del Estado en una región al frente de una movilización de quienes se levantan frente al Estado que él representa.

Imágenes para todos los gustos ya las tenemos, y más que habrá en el futuro. Hoy hay convocada una “huelga” general en Cataluña. Abro un paréntesis para explicar por qué entrecomillo el término de huelga porque muchos empresarios van a pagar el día a sus empleados. Por ejemplo, una cadena de supermercados, Bon Preu, ha dado un permiso retribuido a todos sus trabajadores, 8.000 en total. Llamar a eso huelga es poco serio. Cierro el paréntesis. Hoy habrá más imágenes que sirvan para justificar cualquier postura. Nos vamos a encontrar, por consiguiente, en una sobrecarga todavía mayor de imágenes y de informaciones que va a ser imposible analizar con una mínima pizca de espíritu crítico. No hay tiempo material para pararse a pensar un momento sobre qué está pasando, por qué está pasando, qué diferencias hay entre lo que pasa y lo que se nos cuenta y por qué cada cual nos cuenta lo que nos cuenta. Quizá sea ese el objetivo. Atiborrar de imágenes, sobrecargar de información para evitar el pensamiento crítico y favorecer el hastío.

Ya que estamos hablando de imágenes, yo me voy a permitir quedarme con una. Es una imagen que creo que define a la perfección el nacionalismo. Es la foto de un repartidor de Uber Eats mirando el móvil para comprobar la dirección de entrega con una fogata de fondo. Los problemas de la gente real tapados por una bandera. Las banderas deberían de representar a esas personas: las personas con trabajos precarios, las dependientes, las que necesitan de la Sanidad Pública, las que quieren estudiar en una universidad pública de calidad… en definitiva, las personas que necesitan de la política y de las instituciones. Las banderas tienen que representarlas, no ocultarlas.

Asimismo, esa foto esconde otra realidad cruda que va más allá de las banderas. Sería interesante obtener los datos generales de comida pedida a domicilio el día en que se tomó la foto. Las calles están impracticables y lo que se le ocurrió, por lo menos a una familia, fue pedir una hamburguesa para que se la lleve un trabajador en bicicleta. No sé cómo terminará de salir todo este proceso, lo que sé es que tenemos que reflexionar mucho y en muy distintos niveles. Ya no es sólo recuperar el norte, sino reconstruirnos como sociedad. Es un reto difícil, extremadamente difícil, pero nunca lo fácil mereció la pena y nunca algo tan complicado fue tan necesario.