Un tsunami de irresponsabilidad

Dice la Sentencia del Tribunal Supremo, que, sin bien queda probado que durante el otoño de 2017 se registraron en Cataluña "indiscutibles episodios de violencia", estos episodios no bastan para condenar a los líderes independentistas pues esta tiene que “instrumental, funcional, preordenada de forma directa, sin pasos intermedios, a los fines que animan la acción de los rebeldes". Tras la publicación de la sentencia, Carles Puigdemont advirtió que esta, “tendrá consecuencias”, no solo para “quienes defienden la independencia de Cataluña, sino para todos los ciudadanos.”

Pese al denostado papel actual de Puigdemont, sus entrevistas de antes de septiembre poseen algunas claves de lo que está ocurriendo, sobre todo en relación a la “confrontación no violenta”, “la unidad del soberanismo”, la toma de conciencia de que el Estado no va a negociar “ el derecho a la autodeterminación o una versión más suave como el derecho a decidir" o el hecho de que "hay un camino internacional para una Cataluña independiente" más allá de Europa. No es el único, una lectura entre líneas de entrevistas a diferentes líderes independentistas anteriores a septiembre a tenor de los últimos acontecimientos puede resultar esclarecedora. De hecho, el pasado martes, la elite independentista realizó un llamamiento a responder a la sentencia del Tribunal Supremo "de manera masiva desde la lucha no violenta y la desobediencia civil”. Esta suerte de unidad de acción tuvo su escenificación con la lectura de un comunicado por parte de representantes de Junts per Catalunya, ERC, CUP, ANC y Òmnium Cultural.

Las elites políticas independentistas han tenido que adaptarse a la nueva situación tras el anticlímax de la declaración unilateral de independencia. En estos momentos, no parece que nos encontremos ni en un escenario de secesión ni de rebelión. Ahora bien, difícilmente puede hablarse de desobediencia civil, y mucho menos de no violencia. Esto es, otra cosa.

Para ello han creado una estructura de movilización y dirección anónima aparentemente no institucional de desafio sostenido, tanto real como simbólico con un claro efecto polarizador. Pretenden establecer una división social e institucional sin capacidad de retorno. Esta estructura se llama Tsunami Democratic. El día 2 de septiembre se abrió en twitter la cuenta oficial de Tsunami Democratic en la que se presentaba además, una página web. Revestida de iniciativa ciudadana, a pesar del alto número de iniciativas y cuentas de twitter vinculadas al independentismo, esta recibió, en tan solo unas horas, el apoyo de, Junqueras, Torra, Puigdemot, Marta Rovira, Roger Torren, Jose Costam, Lluis Puig, la Assemblea Nacional Catalana (ANC), y Òmnium Cultural. ¿Casualidad?

Del 4 al 5 de Septiembre, esta organización anónima y aparentemente no institucional desplegó 11 pancartas y pega 15.000 carteles en más de 80 puntos diferentes de la comunidad. A día de hoy carece de sentido hacer referencia a la calidad de su aplicación móvil y al alto grado de profesionalización de esta estructura. Sus organizadores han contado desde sus inicios con recursos económicos y humanos considerables, una amplia presencia en las cuatro provincias y sobre todo muy buenos asesores, propios y extraños.

La sentencia del Tribunal Supremo suponía una oportunidad sin igual para lograr cohesión en torno a una elite que da a Tsunami Democratic una función de dirección y movilización callejera. Una herramienta compatible y complementaria. Compatible en tanto que nada afecta a la actual línea de gobierno al derivar la responsabilidad de lo que pueda suceder en una estructura aparentemente no institucionaliza y complementaria en tanto que potencia el actual discurso victimista en la internacionalización del procès. Para ello cuentan con algunos apoyos, pues además del dinero malversado en la escena internacional en busca de apoyo y compra de voluntades, cuenta con el apoyo de otros movimientos nacionalistas, grupos de extrema derecha e izquierda que cuentan al mismo tiempo del apoyo y simpatías de países ajenos a la Unión Europea y un ejército de cuentas en twitter. Tsunami Democratic es una burda imitación a la inversa de las llamadas revoluciones de colores. Pese a que los métodos y procedimientos son los mismos, el contexto difiere completamente pues ni la Serbia de Milosevic ni la Ucrania de Yanukovich se parecían en nada a la España actual. No hay duda de que la mayoría de los manifestantes son pacíficos, ahora bien, dado el estilo y dirección de Tsunami Democratic es probable que los cercos a sedes de la Administración General del Estado continúen, seguidos claro esta de sucesivas algaras. Además es razonable pensar que continuarán en sus esfuerzos por imposibilitar la normal vida económica y social de Cataluña con la interrupción del tránsito rodado, vías férreas, la presión sectorial sobre profesionales, la organización de huelgas o sabotajes a la red eléctrica, antenas de telefonía y red de cableado ADSL al menos hasta las elecciones generales. ¿O tal vez sus organizadores no estaban preparados para asumir las consecuencias? Quién sabe. Quizás den marcha atrás. O no. A veces la quema de containers callejeros resulta más violenta que la interrupción del tráfico aéreo. La primera no tiene tiene tanto seny, ni queda tan chic.

¿Quién está detrás de Tsunami Democratic? Un grupo organizado con amplios recursos, mejores padrinos en un punto de no retorno, personal e ideológico a mayor gloria de terceros. El problema de todo aprendiz de brujo, es que el sortilegio acaba yéndose de las manos. El uso, el sentido y la capitalización política de la protesta es motivo de recelos y disputas, tanto entre los líderes, las propias organizaciones independendistas, partidos y como no, dentro de los Mossos en un clima que comienza a tener un claro carácter de revuelta antipartidos a pesar de la probable vinculación de Tsunami Democratic al independentismo institucionalizado. La supuesta unidad de acción comienza a desmoronarse ante la violencia. El miedo a las posibles consecuencias legales asoma ante quienes ven, que son otros líderes quienes tiene más responsabilidades en las decisiones que han llevado la situación al actual escenario al tiempo que poseen más posibilidades de capitalizar las protestas aun que sea en el corto plazo.

El destino y evolución bien pudiera ser similar a los happening de fin de semana de los chalecos amarillos, solo que en el caso del independentismo se activara con el siguiente referéndum, la próxima sentencia, aplicación del 155 o la Ley de Seguridad Nacional. Una campaña de perfil de movilizaciones y sabotajes de larga duración pero de bajo perfil es inviable, y sobre todo, poco productivo. Una movilización, intensa y de duración determinada, en ocasiones puntuales que constituyan una oportunidad parece ser la opción estratégica más razonable, donde dada derrota es una victoria y cada acción una reacción en una espiral impredecible donde la incertidumbre puede dar lugar a una fuente inagotable de recursos propagandísticos en el exterior. Cueste lo que cueste. Una irresponsabilidad política, que sin duda, tendrá consecuencias penales.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.