Yihadistas y Supremacistas: los enemigos íntimos

Un hombre armado y vestido de comando ha matado este miércoles a mediodía a dos personas cerca de una sinagoga en la que intentó irrumpir. Al no poder hacerlo asesinó a una viandante cerca del cementerio adyacente a la sinagoga y a un hombre en un restaurante de comida turca. El atentado fue grabado por el propio autor.

La fecha no es casualidad pues coincidía con el comienzo de la festividad judía de Yom Kippur. Las festividades religiosas poseen dos cualidades por el que son motivo de alerta terrorista, la aglomeración de personas de una misma confesión y el impacto emocional que un atentado puede tener en esas fechas tan importantes para cada una de las confesiones.

Los grupos supremacistas y de extrema derecha, fiel a su tradición antisemita, culpan a los judíos, es decir, a cualquiera de ellos, de estar detrás de una conspiración mundial para acabar con la cultura occidental y la raza blanca, haciendo uso de las elites globalistas para llevar a cabo su maléfico plan de provocar la decadencia de la civilización cristiana. También, dentro de las comunidades salafista, está extendida la idea de que los judíos y los cruzados conspiran sin cesar contra el Islam y los musulmanes, siendo su inmenso poder y capacidad de corrupción de los enemigos de Allah, la explicación de la decadencia de la umma musulmana.

Hasta ahora, los grupos supremacistas en Europa habían mostrado su clara vocación violenta. A día de hoy, no puede dudarse de que posee también manifestaciones terroristas. Y es que es evidente que existe una clara intención por parte del terrorismo yihadista y supremacista por provocar una ruptura de la convivencia democrática. El objetivo es la disolución de la identidad cívica, basada en la idea liberal y dividir el cuerpo social alentado la lucha de comunidades. Es la búsqueda de la espiral de violencia.

En marzo de 2012, Mohammed Merah, asesinó en varios atentados a 3 miembros del ejército. Días más tarde atacó el colegio judio Ozar Hatorah de Toulouse en el que murieron un profesor de religión, dos de sus tres hijos, de cuatro y cinco años, y la hija del director de la escuela, de siete años de edad. El atentado fue grabado por el propio terrorista.

El 24 de mayo de 2014, un ciudadano francés de origen argelino irrumpió armado irrumpió en el Museo Judío de Bélgica, matando a cuatro personas. El 8 de enero de 2015, Amedy Coulibaly, ciudadano francés de origen maliense asesino a cuatro clientes judíos que había tomado como rehenes en un supermercado kósher en Paris. El 26 de julio de 2016, Malik Petitjean y Adel Kermiche, dos terroristas de Estado Islámico degollaron a un sacerdote católico de 85 años en Normandia, Francia. El 19 de diciembre de 2016, un tunecino envistió con un camión que acaba de robar a la multitud que visitaba el mercado navideño de la ciudad acabando con la vida de 11 personas. En junio de 2017, un hombre arrolló a varias personas con una furgoneta fuera de la mezquita de Finsbury Park en Londres causando la muerte de uno de ellos. En diciembre de 2018, un terrorista francés de origen argelino disparaba contra la multitud que asistía al mercado navideño de Estrasburgo matando a tres de ellas. En agosto de este año 2019, Philip Manshaus, supremacista noruego, entró disparando vestido de camuflaje a una mezquita en Oslo, donde fue reducido por los asistentes.

A esta ola de atentados habremos de sumar las decenas de atentados terroristas yihadistas contra objetivos civiles con un resultado de varios cientos de victimas. En los últimos años se ha solapado con la irrupción del terrorismo supremacista, tanto en Europa como en otros países como Canadá, Nueva Zelanda o Estados Unidos donde se han producido sendos ataques contra sinagogas y mezquitas por parte de supremacistas. El procedimiento del atentado de esta semana es similar al utilizado en los atentados contra dos mezquitas en Chistchurch, en Nueva Zelanda, donde el individuo filma el atentado, viste ropa militar y se vale de una combinación de armas de fuego y explosivos. Pese al relativo fracaso del atentado de este miércoles, ese mismo patrón fue el utilizado por Breivik en los atentados de Oslo y Utoya.

Asistimos a una colusión de intereses entre el supremacismo y el yihadismo con el ánimo de polarizar la sociedad. Es la lógica del extremismo. De ahí que necesitemos avanzar en un mayor compromiso por una sociedad abierta y plural, resistente al oscurantismo cuya manifestación más evidente son estas dos abominaciones cuyo ecosistema vital se vale de las libertades democráticas que ellos mismos combaten, inundado de odio y división nuestras sociedades. Ni la libertad religiosa ni la libertad de expresión amparan el totalitarismo.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.