La mejor Asturias

La mejor Asturias fue el lema de mi campaña electoral hace tan sólo unos meses y quiero recordarlo aquí porque creo firmemente que, partiendo de lo que tenemos y con el esfuerzo y el tesón que los asturianos hemos demostrado en tantas ocasiones a lo largo de nuestra historia, podemos llegar a ser la mejor Asturias posible.

Y lo que tenemos es más, mucho más de lo que algunas voces, ancladas en ese discurso del conformismo y la decadencia que tantas veces nos ciega, se empeñan en no ver: unas instituciones que funcionan; una autonomía sólida e inclusiva; un sistema de salud que incluye sendas redes de atención hospitalaria y primaria y que es la segunda mejor valorada del país; unas prestaciones sociales que actúan, incluso, cuando otras administraciones renuncian a costearlas. Y un compromiso irrenunciable en combatir la discriminación sexual que nos ha situado en la vanguardia de la lucha contra la violencia sobre las mujeres.

Habrá quien opine que con estos mimbres no se teje una comunidad que resista los embates más duros, que nunca faltan, pero son precisamente los servicios públicos la base sobre la que debe asentarse una sociedad que, además de crecer, quiera ser justa e igualitaria. Los indicadores educativos, los sanitarios, la tasa de pobreza o los niveles de prestaciones sociales son la mejor marca Asturias que podamos tener, el reflejo de nuestra solidaridad. Si de algo estamos orgullosos es de que aquí no dejamos a nadie atrás.

Por supuesto, hay otros parámetros a tener en cuenta y no voy a obviarlos. Asturias encadenará este año un lustro de crecimiento sostenido. Nuestra comunidad no es ajena a la situación del país y participa de la recuperación nacional; no sólo el crecimiento ha sido continuo, sino que también lo ha sido la reducción del desempleo, con 71 meses de descenso interanual consecutivo. ¿Que hay que trabajar para que la reactivación se consolide? Por supuesto. Pero no por ello vamos a negar que existe. Las ventajas con que cuenta nuestra comunidad: equipamientos, suelo, cultura industrial –sin olvidar la máxima disposición del Gobierno del Principado para facilitar nuevos proyectos empresariales- ha hecho posible que sea la cuarta comunidad del país en inversión productiva extranjera, según los últimos datos del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

Nuestro corazón industrial sigue latiendo. En 2018 aportó el 21,51% del PIB autonómico, cinco puntos más que la media nacional; su buena evolución ha sido clave para que Asturias liderase el crecimiento de las exportaciones en los primeros seis meses de este año, con una subida superior al 33%. Ha habido problemas, no seré yo quien los olvide, y Asturias no es un territorio aislado en un mundo global llenos de luces y sombras. Hablo de Alcoa. Pero si algo hemos aprendido es que siempre hay alternativas y frente a la amenaza de cierre que se cernió sobre ella, la planta sigue activa gracias a la movilización de los propios trabajadores y a las negociaciones que impulsaron los gobiernos central y autonómico.

Defender un sector tan importante para nosotros pasa, necesariamente, por reclamar la imposición en la UE de un ajuste en frontera y la aprobación urgente del Estatuto de las Industrias Electrointensivas, además de una transición ecológica justa, pautada y siempre negociada.

También el turismo es una fuente sostenida de recursos que aún no ha tocado techo. Este es el mejor año de nuestra historia: durante los primeros ocho meses del año se ha alcanzado un nuevo récord de turistas con más de 1,6 millones de visitantes y su aportación se consolida por encima del 10% del PIB.

Miramos al futuro con los ojos puestos en nuestra necesaria apuesta por la investigación y el talento. Podemos convertir Asturias en un polo de la innovación, es más, me atrevo a asegurar que ya estamos recorriendo ese camino, ambicioso, sin duda, pero alcanzable. Tenemos un magnífico entorno tecnológico y productivo que reúne un importante número de capacidades y una mano de obra altamente cualificada, elementos que nos permiten ofrecer productos diferenciales de alto valor añadido. Son muy pocos los territorios que albergan un potencial tan importante en un espacio tan reducido. Nuestros recursos abarcan desde una Universidad comprometida con la investigación a la Fundación para la Investigación Biosanitaria, pasando por esos focos de I+D que son ya referentes como los de Arcelor y Thyssen, el Centro de Nanotecnología, la Milla del Conocimiento de Gijón o el Parque Tecnológico de Llanera.

Dos retos fundamentales tenemos que afrontar y no evito ninguno de ellos: nuestras infraestructuras y el progresivo envejecimiento de la población. En el primero de ellos, las prioridades están claras: culminar la alta velocidad para pasajeros y mercancías; mejorar las cercanías ferroviarias; ampliar las conexiones aéreas y recuperar la autopista del mar, por señalar las más urgentes. Pero nadie puede negar el importante avance que se ha hecho en este apartado en los últimos años. ¿No hubo un tiempo en que finalizar la autovía del Cantábrico nos parecía un objetivo imposible?

El invierno demográfico, un problema que afecta a toda Europa y al primer mundo, en general, no encontrará solución con una única fórmula magistral, sino por la combinación de medidas –económicas, sociales, laborales, medioambientales…-, cuyo embrión ya está en el Plan Demográfico elaborado en la pasada legislatura. Pero revertir esta tendencia requerirá de años de trabajo y no veremos sus resultados antes de una década.

Si han leído hasta aquí sabrán ya que confío en Asturias y en el futuro. Habrá quien me tache, en el mejor de los casos, de optimista, y en el peor, de ilusorio. Pero no me ciegan los espejismos ni soy ajeno a la realidad de algunas situaciones que auguran tormenta. Tampoco he querido convertir este artículo en un programa electoral, discúlpenme si esperaban la fría enumeración de un paquete de medidas como si fuera un hechicero derrochando su magia.

Lo que nos espera es un trabajo laborioso y los próximos años serán cruciales para nuestra comunidad, pero somos responsables de construir nuestro propio futuro porque estamos a las puertas de una gran transformación y debemos estar dispuestos a recorrer el camino para convertirnos en la mejor Asturias que podemos llegar a ser.

Adrián Barbón Rodríguez

Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, acredita también un Máster de Liderazgo (Título propio de la Fundación Ideas y Fundación Rafael Campalans con la Universidad Autónoma de Barcelona).

Su trayectoria política comienza con su afiliación, a los 17 años, a las Juventudes Socialistas de Asturias y, a los 18 años, al PSOE. Ha sido vicealcalde del Ayuntamiento de Laviana (2003-2008); alcalde desde septiembre de 2008 hasta el 10 de octubre de 2017, y también miembro del Comité Federal del PSOE.

Desde el 17 de septiembre de 2017, es el secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA-PSOE). Previamente lo fue de la Agrupación Socialista de Laviana (2012-2017).

Tras las elecciones autonómicas del 26 de mayo de 2019, a las que concurrió como candidato del Partido Socialista Obrero Español a la Presidencia del Principado de Asturias, Adrián Barbón es diputado en la Junta General del Principado de Asturias. Y desde el 20 de julio de 2019, el noveno presidente del Principado de Asturias.

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