Elecciones otra vez

Me he querido esperar un espacio de tiempo antes de ponerme a escribir sobre la nueva convocatoria electoral. He tomado esta decisión, principalmente, por dos motivos: intentar tener algo de perspectiva y ver qué reacciones había. Sin duda, hice bien en esperar, pero no sé si he esperado demasiado poco. ¿Por qué digo esto? Pues porque viendo la sesión de control al Gobierno del miércoles, igual asisto a otro espectáculo antes de que se acabe la semana.

El espectáculo ha llegado con las declaraciones. Cuando aparece el insomnio de Sánchez por una coalición inexistente, Casado le supera la apuesta diciendo que no podría dormir si pactase con Bildu. No hace falta que le vuelva a recordar las veces que ha pactado el PP con Bildu como hizo Sánchez en el debate electoral. Iglesias dice que no se tenía que haber fiado de la palabra de Sánchez. Sólo me queda decir que me hubiese gustado que hubiese tenido la valentía y el coraje suficiente para haber levantado las cartas de la coalición. Por su parte, Rivera ya ha avisado, si suma la derecha un escaño más, habrá gobierno. Este es el panorama.

Presencié el momento de anuncio de la convocatoria electoral con un gran enfado que, sin embargo, se ha transformado en pereza y cansancio. He visto por ahí algún tuit que se pregunta que por qué no queremos votar, yo le voy a dar mi respuesta. No es que no quiera votar, es más, me gusta ir a votar y participar en la vida política de mi país. Sin embargo, lo que no quiero es votar sobre lo mismo una y otra vez. De los cuatro candidatos a las elecciones del 10 de noviembre, tres ya llevarán cuatro elecciones generales, dos autonómicas y municipales, y unas elecciones europeas. Pues si no han sido capaces de dar estabilidad en las tres anteriores ocasiones, ¿por qué debo confiar en que sean capaces a partir de noviembre? Tristemente no hay ningún indicio que me demuestre que en el fin de la semana de la Almudena el aire que pase por Madrid les hará cambiar la manera de respirar y de entender la vida y la política.

No es que a mí no me guste votar, de hecho, voy a colegios electorales para velar por el buen funcionamiento de las elecciones como apoderado. Ahora bien, ¿con qué cara voy a salir a pedir el voto a la gente? ¿Cómo voy a pedir a la gente que votó por primera vez para frenar a la extrema derecha que vuelvan a votar a la izquierda que no ha sido capaz de gobernar ni ganando? Además, seamos sinceros, ningún candidato resiste a la hemeroteca. Sánchez echó en cara a Rajoy que, incluso ganando, no fuese capaz de constituir una mayoría parlamentaria. Casado dijo aquello de que la gente se imaginase que el PP obstaculizase un gobierno del PSOE si los socialistas le sacasen 52 escaños a los populares. ¡Tendría manifestaciones en Génova!, dijo el presidente del PP. Rivera, por su parte, se ha convertido en un auténtico turista ideológico yendo de un sitio a otro sin presentar ningún reparo moral. Iglesias, por su parte, ha desprestigiado día sí y día también al socio con el que quiere gobernar. Pues con todo este panorama, no sólo no se le ocurre dimitir a nadie, sino que encima se erigen como líderes absolutos con disciplina férrea dentro de sus partidos.

No se admite la crítica, la cual se tacha de disidencia y de traición. Pretendemos que haya pacto, pero lo vemos como una renuncia inaceptable. ¿Qué esperanza cabe en este contexto? Si el desamparo que sentía el electorado era ya grande, ahora el sentimiento de orfandad es generalizado. No me molesta ir a votar, pero ¿para qué voy a ir a votar? Esa es la pregunta que se hace mucha gente. Para qué si me mintieron cuando me dijeron que la izquierda frenaría a la extrema derecha. Además, con esa sesión de control que anticipa el tono de la campaña electoral me han dejado claro que usted, su vecino, su nieta, quien usted quiera y yo, les importamos poco. Esta campaña no va a aportar muchas novedades. La situación del país no ha cambiado mucho, en líneas generales, respecto a la campaña anterior. El problema es que con tanta campaña seguida no he visto a nadie capaz de esbozar un proyecto para España que tenga las luces largas puestas y mire de aquí a diez años. Creo que ya me conformaría con que mirasen a cuatro o cinco años vista, pero tampoco parece.

Los líderes de los principales partidos políticos están luchando por el sacrosanto relato mientras que el pueblo está expectante por ver si tendrá que volver a luchar por sus derechos y libertades. Esta campaña va a ser absolutamente vacía y fútil. Por lo visto hasta ahora, nos van a contar quién tiene la culpa de esta situación. Yo sólo sé que ni usted ni yo la tenemos y, sin embargo, usted y yo seremos responsables de que no se produzca el mal mayor, que llegue al gobierno la extrema derecha, los negacionistas de la violencia de género, los dogmáticos del ultranacionalismo, los franquistas de siempre. Por eso tendremos que volver a votar y, además, votar con todas nuestras fuerzas. No nos podemos quedar al margen. Puede que no nos convenza nadie al cien por cien, que estemos cansados, que el hastío se apodere de nuestras almas, pero no podemos dejarnos vencer. Es momento de resistir. Quizá sea la parte menos atractiva de las luchas sociales, pero es la que nos toca: resistir, defender lo que tenemos, resistirnos al retroceso, fortalecernos ante la ola retrógrada. Resistir es vencer. Es hora de apretar los dientes, olvidarnos del panorama, levantarnos por la mañana el domingo día 10 de noviembre y decir “tengo que ir a votar”.

Por eso, a pesar de todo lo que le estoy comentando, espero que nos veamos en las urnas y que al final esta historia acabe con un suspiro de alivio. Ese suspiro, será la música que indicará que hemos ganado.