A vueltas con el bipartidismo

En los últimos tiempos hemos visto la crisis del bipartidismo imperfecto en España con el surgimiento de Podemos y Ciudadanos, principalmente, así como, posteriormente VOX. Parecía un viento de aire fresco ante la evidente crisis de las dos grandes formaciones en la derecha y la izquierda, el PP y el PSOE. Ahora surgen voces sobre la necesidad de volver a la situación anterior ante las dificultades a la hora de pactar para formar gobiernos y dar estabilidad al sistema político español. Este artículo no pretende establecer ninguna tesis favorable o no sobre el bipartidismo, sino ofrecer algunas claves sobre lo que significa en política.

El bipartidismo es un término que procede de bipartitus, es decir, dos partidos. Se trataría de un sistema político en el que solamente dos formaciones políticas estarían en condiciones de luchar por el poder, y de turnarse en el ejercicio del mismo. Los casos más acabados de bipartidismo se dan en los sistemas políticos democráticos anglosajones: EEUU y Reino Unido. El bipartidismo encuentra defensores y críticos, casi a partes iguales. Los primeros opinan que otorga estabilidad política porque marginaría a los más radicales de la posibilidad de ejercer el poder o de que grupos más pequeños de obstaculicen la formación de ejecutivos. Pero los detractores de este sistema político consideran que falsea la realidad política de un país, que distorsiona la representación y, en consecuencia, supone una merma de la democracia.

El bipartidismo nace cuando se estabilizaron los Estados liberales en Europa, a partir del fin del ciclo revolucionario en 1848-49, cuando el liberalismo se dividió en dos familias o partidos. Por un lado, estarían los partidos moderados y/o conservadores, defensores del sufragio censitario, el bicameralismo, la soberanía compartida y la asignación del poder ejecutivo a la Corona. También eran partidarios de la limitación del reconocimiento de los derechos, primando el orden sobre las libertades. Por otro lado, se encontrarían los partidos liberales progresistas y/o democráticos, partidarios de extender el sufragio y/o de llegar a hacerlo universal, siendo menos amigos del bicameralismo, pero sí de la soberanía nacional y de la extensión de los derechos. Es evidente que hemos descrito las líneas generales, y que luego habría que ver los casos concretos de cada país. El bipartidismo de corte liberal se transformaría después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se estabilizó la democracia en Europa occidental, en un bipartidismo entre partidos de centro-derecha o derecha y partidos socialdemócratas o socialistas, con algunas variantes. También es cierto que en otros países el bipartidismo nunca cuajó por su realidad compleja y/o por el sistema electoral. Por fin, se dieron sistemas con un bipartidismo especial por la existencia de partidos bisagras.

El sistema electoral es un factor clave, aunque no el único, para entender el bipartidismo. El sistema D’Hont prima las candidaturas más votadas. También es importante comprobar cómo el sistema electoral establece las circunscripciones electorales, si es un sistema político propenso a la creación de coaliciones y alianzas políticas, y la exigencia o no de un porcentaje mínimo para poder entrar en el parlamento.

Otro aspecto a tener muy en cuenta es la existencia del denominado voto útil, que los ciudadanos emiten cuando consideran que la formación política más cercana a sus ideas no tiene posibilidad de llegar al gobierno y conceden su voto a la más próxima ideológicamente.

En España el bipartidismo decimonónico fue muy evidente en el régimen isabelino entre el partido moderado y el progresista, y en la Restauración, entre el partido conservador y el liberal. La diversidad ideológica y la agitada vida política de la época de la Segunda República, así como su sistema electoral, favorecieron la creación de parlamentos muy plurales y complejos. Quizás esto hizo que, renacida la democracia, el sistema electoral favoreciera el bipartidismo para fomentar la estabilidad parlamentaria. Pero también es cierto que hay otros factores que propiciaron el bipartidismo. El voto útil ha sido muy claro en la izquierda, en detrimento de IU y a favor del PSOE. En el caso de la derecha, se aprendió la lección de la UCD, una coalición hecha muy deprisa y con mimbres muy poco estables, y se optó por aglutinar férreamente todos los sectores, desde los menos democráticos a los más liberales y democristianos, en una formación con estructuras sólidas y muy controladas desde arriba para recoger todo el voto de derechas y centro-derecha, poniéndolo muy fácil al electorado conservador español, que no ha tenido otras opciones para elegir, con la excepción de las Comunidades Autónomas con fuertes formaciones nacionalistas conservadoras.

La crisis general del último decenio deshizo este panorama. ¿Debemos volver al mismo?

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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