El conflicto político español y la grandeza de lo pequeño

Suelo reflexionar a menudo acerca del núcleo del conflicto español. Estoy casi persuadido de reconocerlo en una confrontación: Los honestos enfrentando a los corruptos. No se dirime en un espacio ideológico. Para nada. Se pone de manifiesto en el campo de la ética. No se trata simplemente de considerar una visión de la sociedad económica. Se trata de la calidad democrática. De recuperar la dignidad. De restaurar el valor de la decencia. De la simple y pura convivencia entre ciudadanos iguales ante la ley. De terminar con los fueros que dejan al margen de la ley a las minorías responsables, por activa o pasiva, de la degradación que padecemos. A las condiciones de vida de los españoles no sólo no las tienen en cuenta. Simplemente las consideran como quien lanza un trozo de las sobras de un banquete a los hambrientos que merodean el palacio. Con una mejora en las sobras del banquete de la recuperación que ya pasó no fue suficiente. Con eso no basta. Vienen tiempos complejos.

El éxito de las empresas del IBEX se basó en su origen de privatizaciones monopólicas de dudoso interés público. Privilegios. Estas corporaciones españolas han repartido a sus accionistas miles de millones de euros en plena crisis En 2014 un 81% más que en 2013 y superando en un 27% el anterior máximo histórico que data de 2009. Siempre con ventajas. Austeridad selectiva por lo que parece. La dignidad de las personas se está cotizando menos que la sumisión obstinada.

En la mayoría de las casas de este país se viven dramas que determinan el comportamiento colectivo. En cada persona se advierte que las grandes cosas se resumen en los ojos de los seres queridos. Cuando los padres despiden a sus hijos que emigran. Cuando las madres no pueden alimentar adecuadamente a sus críos. Cuando la muerte les sobreviene a aquellos que no son atendidos, luego de trabajar honestamente toda una vida. En esos casos está la realidad. Por esas rendijas se les hurta la dignidad a las gentes. Estos personajes responsables de este estado de cosas, en su avaricia insatisfecha, no comprenden la grandeza de lo pequeño. Su voracidad les impide apreciarlo adecuadamente. Desconocen que las pequeñas cosas son determinantes. La grandeza de lo pequeño.

Me viene a la mente un acontecimiento histórico: la invención del estribo en China y su introducción en Europa. Eso cambió la relación entre la caballería y la infantería. Ese pequeño elemento permitía que los jinetes concentrasen la fuerza de su peso, más la velocidad del corcel, en el punto de impacto de su lanza. Les daba una ventaja determinante para atravesar las corazas. Para los estudiosos fue la declinación de la infantería frente a la caballería. Los árabes lo adaptaron desde los persas y bizantinos. La invasión musulmana del 711 DC no habría tenido éxito sin el empleo de los estribos metálicos de sus cabalgaduras. Tampoco el éxito de Carlos Martel en Tours. Ese 10 de octubre de 732 DC, su caballería fue determinante para la victoria cristiana. De allí su apodo “Martillo”. Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de gran importancia histórica. No se sabe con exactitud cuál era el arma que ayudó a Carlos Martel a ganar la batalla, pero las armas que él más dominaba eran la lanza y el escudo. Buena parte de los historiadores le suman una utilización apropiada del estribo. A tal punto esto fue así, que es la explicación más válida para comprender la caída del Imperio Romano. Claro que, también, supone la aparición y mantenimiento del feudalismo. Basado este también en la fuerza de la caballería. La importancia de las pequeñas cosas.

Leía sobre esto y pensaba como la influencia de las pequeñas cosas puede dar un vuelco a la Historia. Vivimos tiempos en los que los pobres hombres se refugian en la grandilocuencia para escapar de su carencia de grandeza. La banalidad de la grandilocuencia. Torpe modo de explicar lo inexplicable. Lamentablemente se da con frecuencia que el PSOE se solidariza con el PP para obstaculizar el esclarecimiento de causas poendientes, por la fórmula “de ser partidos con responsabilidad de gobierno”. Sería recomendable que este gobierno, o el que venga, hiciese su trabajo adecuadamente. Los asuntos de Justicia son de su competencia. La Historia debe reescribirse.

Pero, mientras tanto, se mantiene la Ley “Mordaza”, como ya se la conoce. Es obvio que la represión es el marco en dónde este gobierno siente que se desarrollarán los escenarios del futuro inmediato. Como caso, entre otros, el naufragio de la ayuda a los mayores de 52 años parados de larga duración, medida ésta promovida por Podemos. Regresamos a la ayuda de Rajoy, aquella en la que el PP sentó a los secretarios generales de UGT y CCOO, a la firma de una miserable ayuda a los parados de larga duración. Pocos la obtuvieron.

En este país estamos en ese punto en el que la gente pobre, o la que ha sido empobrecida, tiene opciones de sobreponerse al ataque desmesurado de esas jaurías de saqueadores que, día sí y día también, ponen en evidencia los jueces. Las opciones a las que me refiero están en dos pequeñas acciones: la ilusión y su voto. La grandeza de lo pequeño. Como con el estribo.

Los honestos deben reconocer que pueden significar una fuerza tan poderosa como ese pequeño instrumento para decidir el actual conflicto español.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.