Barcelona a sangre y fuego. La violencia política en las memorias inéditas de Jesús Ulled Altemir, dirigente lerrouxista

Recientemente he tenido acceso al manuscrito de las memorias inéditas de Jesús Ulled Altemir por cortesía de su hijo, Jesús Ulled Murrieta. De Jesús Ulled padre ya he escrito aquí en alguna ocasión anterior: de origen aragonés, lerrouxista de primera hora junto a su padre Antonio y sus hermanos Rafael y José y muy activo en la Barcelona que fue llamada la Rosa de Fuego, su carrera política fue tan accidentada como sobresaliente.

Siempre fiel a un hombre, Alejandro Lerroux, que personifica como nadie las escasas virtudes y los muchos defectos del caudillaje político español, Jesús Ulled ascendió desde la condición de adolescente líder de un “grupo de acción” lerrouxista a los cargos de subsecretario de Trabajo y alcalde accidental de Barcelona en apenas 25 años. Una carrera meteórica inserta en la propia ascensión y caída del Partido Republicano Radical (PRR), la organización articulada en torno a Lerroux, quien fuera llamado en su momento el “Emperador del Paralelo” por su ascendiente sobre las masas obreras barcelonesas en los años anteriores a la Dictadura de Primo de Rivera.

Periodista de raza, Jesús Ulled usó la palabra escrita como una espada afilada sin despreciar la participación en “acciones directas”, actividades ambas que le llevaron en más de una ocasión a la cárcel y casi a la tumba años antes de pisar las mullidas alfombras del poder durante la Segunda República. Más tarde, ya quebrada la República de Abril, vendría para Ulled el inicio de la Guerra Civil, la adhesión al bando franquista, y un exilio purgatorio en Argentina antes de su retorno a la Barcelona inmersa en lo más recio de la postguerra, para finalmente rendir viaje en la celebración de un funeral, el suyo propio, ya a finales de los años sesenta, al que asistieron juntos viejos compañeros de lucha republicana y lo más granado del periodismo franquista barcelonés de la época.

Cuando Jesús Ulled dictó sus memorias a su hijo, a principios de los años sesenta, la dictadura de Franco distaba de ser el régimen blandamente paternalista conducido por un entrañable abuelito que pasaba sus ocios pescando junto a sus nietos, según la imagen que vendía a través de los medios de masas su ministro de Propaganda, el camarada Fraga Iribarne, titular del Ministerio de Información y Turismo. El manuscrito por tanto pasa con pies de plomo sobre acontecimientos tan significativos aunque entonces ya lejanos en el tiempo como la llamada Semana Trágica de Barcelona (verano de 1909), en la que sin embargo los hermanos Ulled aparecen incursos en procedimientos judiciales de la época como instigadores de los incendios de edificios religiosos y sobre todo, como animadores callejeros de la revuelta popular. Tampoco menciona apenas Ulled su papel en los “grupos de acción” lerrouxistas integrados en Los Jóvenes Bárbaros y los enfrentamientos a tiros sostenidos sobre todo con los carlistas, que en Catalunya y el País Vasco actuaban como grupos de choque pistolero al servicio de los partidos nacionalistas locales, especialmente en la Barcelona industrial y en las poblaciones obreras de la zona minera vizcaína.

El fenómeno de la violencia política en la Barcelona de esos años iniciales del siglo XX empero, aparece aquí y allá salpicando bastantes páginas de la primera parte del manuscrito, que abarca desde la llegada de los Ulled a Barcelona a poco de comenzar el siglo XX hasta el asalto al poder llevado a cabo por el general Primo de Rivera en 1923. Por ejemplo, en relación con el primer gran acto público de masas del catalanismo, el llamado Aplec de la Protesta, celebrado en la plaza de toros de Las Arenas el 21 de octubre de 1906, escribe Ulled (1) que el orador principal era el dirigente carlista Vázquez de Mella y que los requetés armados montaron guardia durante el mitin. En el acto se produjo un tiroteo entre radicales y carlistas, iniciado por los primeros, que le puso punto final. Dice textualmente Jesús Ulled: “Aquí recibí mi primer bautismo de fuego, junto con mis hermanos Rafael y Pepe, que con Baluguera y Guerra del Río interrumpieron a los oradores que tomaron parte en el acto con etiqueta de republicanos”. En realidad, Ulled confunde l’Aplec de la Protesta con el mitin carlista celebrado en la misma plaza de toros en enero de 1907 y en el que el protagonista fue efectivamente Vázquez de Mella, según narraba la revista La Hormiga de Oro del 26 de enero de 1907; en cualquier caso, ambos mítines acabaron a tiros entre carlistas y lerrouxistas y hubo decenas de heridos.

Como probable represalia al ataque contra el mitin carlista mencionado, el 7 de abril siguiente es asesinado a garrotazos y tiros de pistola el joven obrero lerrouxista Fulgencio Clavería, al parecer jefe del “grupo de acción” del Distrito X. El crimen, cometido al pasar Clavería y dos acompañantes por delante del Centro Internacional Federal, entidad adherida a Solidaritat Catalana, fue en realidad un linchamiento a manos de una turba salida del interior de ese local, que al reconocerle la emprendieron a palos y tiros con Clavería permitiendo la huida a sus acompañantes. A pesar de que numerosos testigos señalaron a Emilio Duboy y Francisco Aguiló como autores materiales del crimen, entre otros participantes “procesados en rebeldía”, ambos fueron absueltos por el tribunal que juzgó los hechos en julio de 1909.

Once días más tarde del asesinato de Clavería y seguramente en venganza por ese hecho, un grupo de lerrouxistas del barrio de Hostafranchs dispararon contra el coche de caballos que transportaba a Salmerón y a Cambó, líderes de Solidaritat Catalana. El atentado iba dirigido en realidad contra Salmerón, al que los lerrouxistas consideraban un “traidor” por haberse coaligado con los nacionalistas catalanes y los carlistas, aunque quien recibió la peor parte fue Cambó, el jefe de la Lliga, que quedó muy malherido y con secuelas de por vida.

El 4 de julio de 1910, el propio Jesús Ulled es atacado cuando pasea con un grupo de amigos por la plaza de la Catedral. Un grupo que Ulled describe como de “famosos requetés”, le agrede a puñetazos. La policía detuvo a tres atacantes (2).

Apenas un mes después, el 3 de agosto de 1910, Rafael Ulled, hermano mayor de Jesús, es atacado por un individuo que le clava un punzón en la espalda cuando en compañía del diputado Sol Ortega y otros miembros de su partido, paseaban por la Rambla de Canaletas. El dirigente juvenil radical resultó herido de escasa consideración aunque la intención de matarle parece clara, pues el arma se dirigió contra la zona renal. Pocas horas después la policía detuvo al agresor, el carlista Pascual Alonso Estornell, en el Círculo Tradicionalista de la Riera de Sant Joan. El diario republicano El País del 5 de agosto siguiente acusaba de forma poco velada a estamentos eclesiásticos o al menos relacionados con estos de ser los inductores del intento de asesinato perpetrado contra el mayor de los hermanos Ulled. La acusación no parece descabellada si se tiene en cuenta que aún estaban calientes los sucesos de la llamada Semana Trágica, y que tanto en la prensa derechista en general como en la eclesiástica en particular y en los juicios relacionados con esos sucesos, Rafael Ulled y su hermano Jesús eran señalados a menudo como directos responsables de los incendios de edificios religiosos en esas jornadas.

Además de los atentados individuales, comenzaron a menudear los ataques a grupos. La mayor escabechina de la que se tiene noticia se produjo el 28 de mayo de 1911 en la estación de tren de Sant Feliu de Llobregat, donde un numeroso grupo de carlistas armado hasta los dientes emboscó a unos 500 lerrouxistas de toda edad y condición que tras participar en un mitin republicano en esa población se dirigían a tomar el tren a Barcelona. Hubo 6 muertos y decenas de heridos.

En lo que se refiere al propio Jesús Ulled, el mayor susto de su vida si puede decirse así se lo llevó el 3 de septiembre de 1918, cuando el comisario de policía Celestino Ortiz, acompañado por varios agentes, disparó contra él en plena Rambla de Barcelona, de madrugada. Milagrosamente las balas del policía atravesaron la ropa de Ulled pero no llegaron a herirle ni siquiera superficialmente. Ya en comisaría, Bernardo Ortiz, también policía y hermano del comisario pistolero, le propinó a Ulled una dura paliza a puñetazo limpio. En otra ocasión se presentó en su casa un “killer” apodado “El Espejito”, quien le informó de que tenía el encargo de matarle, pero en el último momento el pistolero prefirió no cumplir su misión; las pocas palabras que intercambiaron Ulled y él parece que le bastaron al ejecutor para considerar a su potencial víctima como digna de seguir viviendo.

El 14 de abril de 1921 fue tiroteado Pepe Ulled, hermano de Jesús y conocido abogado laboralista, que quedó malherido, resultando muerto su ayudante (3). El atentado no fue un acto ciego. En agosto de 1919 había sido asesinado Pau Sabater “El Tero” (de nombre Ramon, según las memorias de Ulled), dirigente sindical de los obreros tintoreros, por el pistolero Luis Fernández García por cuenta del Sindicato Libre, organización cuyo origen estaba en los sindicatos carlistas y que era financiada por la patronal y encubierta por la policía de Martínez Anido y Arlegui; de hecho, Fernández García era confidente del siniestro comisario Bravo Portillo, según publicó la revista Nuevo Mundo el 15 de agosto de 1919. El abogado defensor del asesino fue el carlista Miquel Junyent, seguramente Miquel Junyent i Rovira, jefe regional de Comunión Tradicionalista (el nombre del partido carlista en aquella época), suegro de Joan Baptista Roca (uno de los fundadores de la democristiana Unió Democràtica de Catalunya) y abuelo de Miquel Roca Junyent (fundador con Jordi Pujol de Convergència Democràtica de Catalunya). Al parecer, José Ulled y Rafael Guerra del Río, otro dirigente radical en Barcelona, estaban investigando el asesinato de Sabater. Después de dar cuenta de este suceso, escribe Jesús Ulled: “Lo que sí me atrevería a insinuar, dentro del campo de las especulaciones deductivas, es que entre la investigación por la muerte violenta de “El Tero” y las sucesivas tentativas de asesinato contra Guerra del Río en Madrid y contra mi pobre hermano Pepe en Barcelona, parece establecerse un nexo, una relación de causalidad, muy sospechosa”. Y es que al parecer, se había puesto precio a la vida de los Ulled: según el propio interesado (4), la cabeza de Jesús Ulled estaba tasada en 25.000 pesetas de la época. Le salvaron una vez más, los excelentes contactos de los lerrouxistas con el estamento militar, que cortó de raíz el acoso de los sicarios policiales contra Jesús Ulled.

Entre las bandas policiales de la época destacó el grupo del comisario Bravo Portillo, llamado La Banda Negra, que espiaron para los alemanes en Barcelona durante la primera Guerra Mundial y después se dedicaron a los atentados por encargo; la del falso barón de Köening, con un origen idéntico al grupo de Bravo Portillo y una evolución posterior aún más violenta; y la del comisario Martorell, otro policía que so capa de luchar “contra el anarquismo”, combinó la represión salvaje contra el movimiento obrero con toda suerte de actividades criminales.

El clima de violencia cainita alcanzó su culmen en 1921. Una noche la policía sacó de la cama a Jesús Ulled y lo llevó a toda velocidad a la morgue del Hospital Clínico (5). Refiere Ulled que allí se amontonaban hasta 27 o 28 cuerpos, todos muertos a balazos al parecer en un solo día. El jefe de los policías le preguntó si recordaba a alguno de ellos; ante la negativa espantada de Ulled, le devolvieron de inmediato a su casa sin mediar más palabras.

El 20 de mayo de 1923, casi en los prolegómenos del golpe de Estado del general Primo de Rivera, dos pistoleros asesinan a Alfredo Gómez Franco, dirigente de la Juventud Republicana Aragonesa, el grupo más numeroso de las Juventudes Radicales, fundado y liderado por los hermanos Ulled. Gómez Franco había sido miembro del Sindicato Único, de tendencia anarquista. Para entonces, los Jóvenes Bárbaros empezaban a ser unos burgueses respetables, y no se sabe que el crimen tuviera respuesta.

Naturalmente, una parte de la responsabilidad en aquel clima de violencia política desatada correspondía a los lerrouxistas, a veces víctimas y a veces verdugos, y desde luego Jesús Ulled en tanto que responsable máximo de Los Jóvenes Bárbaros, no era ajeno a ella. Él mismo escribe en sus memorias, en referencia a la situación prerrevolucionaria que se vivía en agosto de 1917 (6):

Mi situación personal, diluida en aquella atmosfera de guerra civil, resultaba bastante comprometida. Además conservaba en mi poder la estructuración de los grupos de acción de nuestros muchachos, los nombres de los enlaces de todos ellos, los lugares estratégicos en que debían actuar con eficacia, el armamento de que disponían, etc... Toda una organización subversiva, que podía costarme la cabeza”.

La dictadura de Primo de Rivera puso punto final al pistolerismo en Barcelona. Sin embargo, en una ciudad en la que el conflicto de clases se vivía de forma exasperada, el regreso de la violencia política era solo cuestión de tiempo.

(1) El Partido Radical español. Reporte íntimo de un viejo luchador (Memorias inéditas de Jesús Ulled Altemir), pág 30.

(2) El Partido Radical español…pág. 41.

(3) El Partido Radical español…pág. 141 y siguientes.

(4) El Partido Radical español...pág. 152.

(5) El Partido Radical español…pág. 154.

(6) El Partido Radical español...pág. 109 y siguiente.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).