El destino es que deben comprender que todos perdieron

Por destino se entiende la fuerza sobrenatural que actúa sobre los seres humanos y los sucesos que éstos enfrentan a lo largo de su vida. Así, el destino sería una sucesión inevitable de acontecimientos de la que ninguna persona puede huir. Varios de los actuales actores políticos españoles deberían recordar este concepto.

Luego de todo este tiempo perdido en aras de los honorarios de los asesores de imagen, sólo resta que comprendan que la composición parlamentaria ha sido el resultado de las diferentes sensibilidades de la ciudadanía española. El tiempo de los dos grandes partidos, pensados por el statu quo postfranquista, ha llegado a su fin. Cuanto antes lo comprendan los dirigentes y sus seguidores respectivos, mejor para el futuro de España.

La arrogancia de socialismo, con sus 123 diputados, al exigir un gobierno en solitario es fruto de la incultura cívica que subyace en el sistema parlamentario español. El relato sobre el que se ha pretendido construir el protagonismo presidencialista, es la directa consecuencia del desprecio con el que se ha tratado a la función parlamentaria. Quién elige jefe de gobierno, o los quita, es la voluntad mayoritaria de los parlamentarios. Por ello, cuando se escucha que “se ha ganado” una elección, se comete el error de creer que el candidato con más votos adquiere, por tanto, el derecho a gobernar. No es así. Las elecciones no se ganan en votos, en un sistema parlamentario se forman gobiernos.

Claro está que los poderes fácticos perennes desde el rincón más oscuro del franquismo, y antes, se sienten más cómodos cuando se tiene un control extraparlamentario de las decisiones que pueden afectar su voracidad. Así, además de la creación de un Podemos de derecha. Desde él, Rivera sabe que ya le trajeron sustituto y por eso resiste. Valls aguarda. Ahora, los gabinetes de comunicación corporativa no descansan, han puesto en marcha la creación de un Podemos transversal, basado en el autodenominado errejonismo. En derredor, desde los medios y con operadores políticos en nómina, procuran reunir a desertores y derrotados. El objetivo es recuperar el control y regresar al bipartidismo. Pero, pese a todo el brutal ataque personal político y mediático, Pablo Iglesias resiste.

La elección dejó unas Cortes que obliga a los acuerdos. Dejando de lado el dibujo de las encuestas, el sanchismo sabe que una nueva convocatoria puede desconvocar las fuerzas que acudieron a frenar a las derechas. Lo saben. Tal vez por ello tengamos un gobierno de coalición. Porque en la soledad de sus gabinetes. Unos y otros. Reconozcan que todos han perdido las elecciones. También, por paradójico que parezca luego del paso al costado, que Iglesias puede mejorar sus resultados. El errejonismo robará más votos al sanchismo y a rivera que al pablismo. A éste último se le hace un “efecto Streisand”. El conjunto social tiende a solidarizarse con los “débiles”, y si son agredidos… más.

El destino puede haber marcado la decisión de Pablo Iglesias de centrar su actividad en el Congreso de los Diputados. Parece que este espacio en el que se mueve con cada vez mayor habilidad, tal vez le dé más poder que el que podría tener en una vicepresidencia. La gestión desgasta. En cualquier caso, a Beethoven, un genio rebelde frente al poder, le atribuyen la siguiente frase:

¡Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.

Serán conscientes de su destino los que están negociando. Incluído el monarca que se reúne con los presidentes autonómicos distinguidos por su papel en la Gestora. Cada uno a lo suyo.

Alberto Vila

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.