Analizando datos

Va quedando menos para deshojar la “margarita electoral”. En un par de semanas podremos ver cómo se produce (o no) la investidura de gobierno.

Por el momento, las formaciones políticas (o sus líderes, más bien) están marcándose distancias: Ciudadanos encallado en su negativa a Sánchez, como un odio visceral; Podemos, intenta sacar músculo para recordarle a Sánchez que sus votos son necesarios, y por su parte, el PSOE les dice que no son tan necesarios como ellos se piensan -pretendiendo dar a entender que si les apoyasen los de Rivera, Podemos no haría falta-. Pero el caso es que Rivera no va a apoyar al PSOE, puesto que políticamente quizás haya pensado que le sale más a cuenta posicionarse como el partido liberal de las derechas, en lugar del partido de derechas de los del centro-centro izquierda.

Y es que, piensa Rivera, que entre los votantes de derechas, preferirán una opción moderna y aparentemente desenfadada, en lugar de el extremismo de Vox, y el caduco Partido Popular. Ahí, en el espacio de la derecha es donde Ciudadanos tiene posibilidades de que su discurso de la regeneración venda. Si lo intenta con el PSOE, tendrá a Podemos dándole donde más le duela.

En este sentido, el PSOE viene a ser el “progresismo” del bipartidismo que ya está mostrando su últimos estertores. Pero que, todavía tiene credibilidad: porque lo viejo no acaba de morir y lo nuevo casi que no tiene buena pinta recién llegado. Y ahí es donde el PSOE, con todas sus tareas pendientes, con todos sus gravísimos errores, quizás pueda ser lo menos malo y con cierta conciencia y experiencia de estado. Y trata de no arrojarse a los brazos de nadie para intentar reforzarse. Cosa que me parece intentar aguantar como puede, y quizás sea “pan para hoy y hambre para mañana”. Más le valdría al PSOE apuntalarse buenas alianzas con Podemos y con los grupos independentistas de todos los territorios, para en un futuro poder gestionar una regeneración de España real y eficaz. Es mucho más positivo para los “socialistas” y para España. Sin embargo, la mirada corta puede hacerle pensar que ahora se salva por salir vivo de esta (que está por ver), para tener una legislatura infernal.

Pero tienen un “as” en la manga. O eso es lo que el CIS y otros estudios nos están diciendo. Si no ceden todos un poco, si no son conscientes de la necesidad que hay de formar gobierno, nos llevan de cabeza a otras elecciones (las cuartas en cuatro años, que se dice pronto). Y esta vez, según los datos de de Key Data para Público, la izquierda sacaría 21 escaños de ventaja a la derecha.

Veamos esos datos. En abril el PSOE obtuvo 123 escaños. Este último estudio le da, de repetirse elecciones, 134.

El PP, que obtuvo 66, obtendría 71.

Ciudadanos, pasaría de 57 a 63.

Podemos bajaría de 42 a 35.

Vox perdería de 24 a 14

ER bajaría de 15 a 14

EHBildu bajaría de 4 a 3

JXCat bajaría de 7 a 5

El PNV se mantendría en 6

Nos dicen los datos que VOX perdería el 29% de sus votantes, de repetirse elecciones (se traduce en tres cuartos de millón menos y diez escaños). De esta manera, Sánchez, si quiere sumar con Iglesias, llegaría a 169. Le faltarían 7 para llegar a la mayoría absoluta: y aquí estaría el PNV con 6, y el Partido Regionalista Cántabro con 1. De esta manera no le harían falta ni ERC, ni JXCat, ni EHBildu. En esta situación, según vaticina Key Data, Podemos seguiría desangrándose, perdiendo 450.000 votos y siete escaños (reducción del 12% de su electorado).

Pero por mucho que la derecha siguiera bloqueada para poder formar un gobierno (como están ahora), el PP subiría 5 escaños y ciudadanos 6: veamos esto que es interesante. No tendrían más votos, según el análisis. lo que pasaría es que bajaría tanto la participación que sus escaños les saldrían más baratos. Porque se prevé que un millón de personas estuvieran “hasta el gorro” y se sumasen a los que ya se venían absteniendo hasta ahora.

Enrique Bayo analiza en esta interesante pieza los resultados, y señala que Pablo Casado tocaría suelo (tendrá junto a él a 4,3 millones de votantes pase lo que pase), y sin embargo, Rivera alcanzaría su tope máximo (4,1 millones).

PSOE y Podemos sumarían 11 millones (el 32% del censo), copando el 44,2% de los votos válidos. El trío de la derecha: Ciudadanos, Partido Popular y Vox sumarían 10 millones de votos (30% del censo), con el 41,5% de los votos válidos.

El CIS apuntaba estos días en la misma dirección, aunque con algunos pequeños detalles distintos. Aporta datos que resultan de interés para conocer la tendencia de la opinión pública española durante el mes de junio. Por ejemplo, indicaba que el PSOE se dispara en intención de voto llegando a estar próximo a la mayoría absoluta (39,5%). En este sondeo se sitúa a Ciudadanos en segundo lugar (pero a las 24 puntos de distancia), por delante del PP, y también se confirmaría la caída de Podemos.

Habría que interpretar ahora cómo reciben esta información desde los distintos puntos de acción política. Al PSOE, sin duda, le refuerza para ser inflexible en sus decisiones, cosa que hoy mismo se ha visto en la apuesta de la ejecutiva del partido a la hora de cerrarle la puerta a Podemos de cara a integrarse en el posible gobierno. Por su parte, a Podemos le aprietan lanzando el mensaje de que mejor no se ofusque ahora en las negociaciones, pues si se rompiera la baraja quedaría peor de lo que está, por lo que saldría seguramente mal parado en una repetición de elecciones. A las fuerzas de Ciudadanos y Partido Popular vienen a decirles que les beneficiaría también una repetición de elecciones, pero siempre sin perder de vista la legitimidad, que teniendo en cuenta que los escaños les saldrían más baratos, en realidad esto no se refleja en crecimiento de apoyo en las urnas. Un dato que a quien no le interese entender las cifras, puede valer; pero que, sin embargo, haciendo autocrítica y un análisis sensato, bien les valdría para analizar que no están siendo respaldados en su forma de proceder en estos momentos.

La bajada de Vox también debería servirles para que entiendan el “toque”, que pudiera interpretarse como que su electorado no se movilizaría en una repetición y que algunos de los que depositaron el voto verde en las urnas, podrían cambiar de parecer al haberse dado cuenta de lo que pudiera ser realmente la formación.

Sobre el independentismo, también es necesario analizar los datos: si siguen apostando por presentarse separados, todos saldrían perjudicados. Todos, excepto PNV, perderían escaños. Y evidentemente, la abstención les pasaría factura. Es obvio que la situación actual en Cataluña no está para tirar cohetes, que las rupturas que se están produciendo en el independentismo han de ser revertidas, y que podría aumentar el apoyo al Partido Socialista después de haber visto lo que ha sucedido con las negociaciones de las alcaldías (por ejemplo, con Colau). Sin duda, Podemos perdería apoyos en Cataluña, y más sobre todo después de que Iglesias haya dicho ya que abandona la apuesta por el derecho de autodeterminación para tratar así de poder abrazarse a Sánchez.

En conclusión: se equivoca Sánchez despreciando como lo hace a los independentistas. Es momento de aplicar realmente principios democráticos que realmente tengan en consideración los problemas y necesidades de este país. Por un lado, son fundamentales reformas legislativas que apuesten por reformar cuestiones que tienen que ver con derechos y libertades civiles (Ley de Seguridad Ciudadana), terminar con las reformas laborales (tal y como propone Podemos), revisar de una vez por todas el texto constitucional para hacerlo dinámico y flexible, y escuchar las demandas del independentismo desde una perspectiva abierta y positiva. El independentismo lo es, en esencia, porque quieren ponerse en marcha medidas dinámicas, abiertas y participativas en territorios como Cataluña y País Vasco y no le vendría mal al PSOE y a Podemos generar sinergias con todo aquello que implique participación, regeneración, apertura y modernidad. Y para ello es fundamental tejer alianzas con los independentistas.

Si no llegamos a puntos de encuentro y se repiten las elecciones, entiendo que el PSOE se muestre interesado en obtener más escaños, en tener una mayoría progresista más amplia en la que aparentemente los independentistas no sean necesarios. Sin embargo, en términos de legitimidad, habría que ser honestos: la subida de la abstención, el hecho de que los escaños cuesten más barato y la enorme cantidad de gente que no emite su voto (ciudadanos que residen en el exterior y que por cuestiones burocráticas no han podido ejercer su derecho a voto, así como inmigrantes que pudiendo votar no han cumplido con los requisitos para apuntarse en el censo), generarían un espejismo que, en definitiva, estaría situando la democracia española en un escaparate. Lejos de la política real y de aportar soluciones para los problemas que tiene la población española.

Abogada.