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Desmemoria histórica

“Hoy en día, el desconocimiento ya no constituye una excusa ni una justificación. Todos tenemos acceso a mucha información y numerosas herramientas que influyen en el discurso público. La memoria es la clave fundamental de la responsabilidad. La memoria nos obliga a mirar al futuro.” Dr. Piotr Cywinsky. Director del Museo estatal de Auschwitz-Birkenau.

Cuarenta y tantos años de Democracia no son nada si no la hemos aterrizado a lo cotidiano. No son nada si no existe una pedagogía que explique que la Democracia va más allá de la libertad de expresión, o de la diversidad de formaciones políticas, o de pasar periódicamente por las urnas.

Nos debemos haber saltado algún punto. O quizás no hemos llegado.

Es normal que, salvo para analistas y tertulianos, la práctica del noble ejercicio del diálogo, genere más reticencias que percepción de beneficios porque la realidad se impone.

En este país, la Democracia comenzó a funcionar sobre las mismas estructuras que la dictadura, las mismas personas que sostenían al caudillo (¡Milagro!) se convirtieron a la Democracia y se quedaron en el sitio, sin consecuencias, sin juicios, sin responsabilidades por el desastre. Nada. Desde hace más de cuarenta años comprobamos que hay apellidos que se repiten, actitudes que se repiten, estructuras que no cambian porque la interlocución democrática es especialista en generar procesos en el que las cosas cambian para que nada cambie. ¿Qué hace el dictador todavía en Cuelgamuros? ¿Quiénes componen el Supremo?

Se hablan de Transición modélica. Sobre documentos, no lo discuto. Sobre condiciones de vida, sí. Sobre condiciones de calidad democrática, también. Si la ultraderecha entra en nuestras instituciones de manera formal, es el resultado del desconocimiento consentido de lo que supuso el fascismo para nuestro país. Es el desconocimiento del terror que supuso la dictadura. Es el desconocimiento consentido de cuarenta años de retraso, de cuarenta años de robos, de cuarenta años de corrupción que se ha seguido practicando por los hijos y nietos de los blanqueados democráticamente. Mientras que en Europa se conoce y reconoce el Holocausto nazi, el genocidio fascista; en España el dictador responsable de fosas comunes, asesinatos, juicios sumarísimos, robos de bebés, entre mil barbaridades, sigue enterrado en Cuelgamuros con todas las garantías de una democracia del siglo XX que debería ser revisada en el SXXI porque, o no se practica bien, o se da a desconocer de manera interesada. Y no sólo sigue enterrado, sino que lo elevan a mandatario, como si no hubiese obtenido ese mandato bajo una gran montaña de muertes e injusticias.

En España el fascismo no se nombra. Franco no se toca. Y las fosas no se levantan. Si hay algún peligro de revolución, allí están los de siempre, quienes pretenden callar voces usando los muros de unas instituciones supuestamente democráticas que no lo son en realidad.

Si la democracia no está trasladada a lo cotidiano, el voto tampoco se interpreta como parte de este proceso, sino como un hecho puntual que no se refleja en el día a día. Si alguien piensa que nuestro estado de derecho no necesita aprendizaje, seguiremos consintiendo un desconocimiento que provoca la caducidad del voto al día siguiente de las elecciones. La frustración por los derechos vulnerados, la impotencia y la sensación de que nada cambia. No es cosa de un día. Ni de un momento siquiera. La inversión de tiempo es necesaria.

Se nota que la democracia no ha sido cosa de mujeres, porque el estilo no puede ser más patriarcal, la cultura no puede ser más ignorada, los cuidados no tienen ningún prestigio y la Naturaleza está en último plano. Siento comunicar que el trabajo no es precario, es que así es el valor que le han dado siempre al trabajo que hacemos las mujeres: mismo puesto, menos sueldo. Para nosotras, es lo normal, lo de toda la vida. Ahora es una situación compartida y reivindicada.

Se nota que a la democracia la han pervertido para consentir la corrupción y minimizarla, para desmontar lo público, para reforzar las clases altas, hacer desaparecer las medias e impulsar las bajas hacia la beneficencia. Y esto, es lo que se sigue votando.

¿Porqué?

Porque quienes han pensado que está todo hecho, se han equivocado. Porque quienes actúan cada cuatro años para pedir un voto sin arrimarse a lo cotidiano, se equivocan. Quienes no escuchan a la ciudadanía, se equivocan. Pero lo más grave no es todo esto. Lo más grave es tener la duda de si se hace de forma consentida.

Y mientras, el dictador y sus partidarios, vuelven a unas instituciones de las que nunca se fueron. Desmemoria Histórica.

Encarni Pámpanas

Psicóloga.

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