Los riesgos de las operaciones políticas

El presidente de gobierno en funciones es un sobreviviente. Pero no uno cualquiera. Es un resucitado que juega sus cartas arriesgando al máximo. Para algunos un oportunista. Para otros un improvisador sin el menor escrúpulo que usa su lenguaje corporal como arma de seducción mediática. De tal modo ha venido superando todas las barreras que se le han interpuesto. En cualquier caso, su virtud o defecto, podría ser una ausencia de empatía que se apoya en un alto concepto de sí mismo.

Conocedor de las debilidades de sus oponentes juega al peligroso juego de producir la decepción en el seno del colectivo de sus antagonistas. Cree firmemente en que los tiempos colocan a cada uno en el hueco de sus propios errores. Porque, convengamos, más que de aciertos propios, Pedro Sánchez ha sabido capitalizar los errores de sus adversarios. Que son todos. Incluido Pablo Iglesias. Baste con mirar la expresión de Sánchez en la sesión de la moción de censura ante el emotivo abrazo de Iglesias. La realidad permite afirmar que los únicos reales en política son los enemigos. Los demás, enemigos o aliados. Iglesias está pagando el alto precio de haber depositado sus activos políticos en manos de traidores arribistas.

Una fuente del poder de Pedro Sánchez estará en el respaldo que los poderes fácticos le otorguen. Es decir, la Justicia, el Ejército, el Ibex, la Monarquía y la Iglesia. Todo lo que se haga en España no pasa por el Parlamento. Ello, porque la otra fuente está en la gente. En esa gente que lo llevó a secretario general y a la que, en menor medida les dieron 123 diputados. A Rajoy lo echaron con 137 diputados. Claro que contaba con el visto bueno del PSOE de la Gestora. El que echó a Sánchez y hoy gobierna varias Comunidades Autónomas con el beneplácito del Ibex. El presidente en funciones lo sabe.

Por ello no hará cambios significativos. Me refiero en concreto a las transformaciones estructurales. Ello supone que no le permitirán llevar a cabo propuestas tales como una nueva legislación laboral, reducir los privilegios de la Iglesia. Modificar la estructura de funcionamiento de los oligopolios energéticos y financieros. Proteger el patrimonio de todos los ciudadanos mediante la recuperación de contralores efectivos en la actividad económica a nivel Estado. Un rediseño del método colectivista de la magistratura a favor de una democratización en la elección de los jueces debe ser un modo de corregir las lealtades de grupo a favor del interés público. Sí, en cambio, se hablará mucho de igualdad, de violencia de género, de educación, son tocar la concertada, claro. Postureos.

Pese a todo, le deberían recordar que gobernar no es un fin en sí mismo. Tampoco regresar a la creación de grupos de lobistas que estén en sus cargos para proteger a los centros de poder que los auspiciaron. Si se regresa a eso, entonces no se ha aprendido nada. Si se confía en que pueden obtenerse de los sindicatos la paz social en los difíciles meses que se avecinan. Entonces los riesgos de esta operación táctica del presidente en funciones pueden írsele de las manos.

En este caso, por sabido no abunda, él confíará en sus asesores de comunicación más cercanos para aplicar la doctrina del sorayismo y crear una legión de medios dispuestos a redoblar la creación de un estado de miedo. Miedo sobre la opción Podemos. Miedo al cambio. Miedo al progreso. El método de las “Cloacas” sigue vigente y con todos sus recursos disponibles y condecorados.

El péndulo de la intensidad del riesgo en la operación recorrerá la dimensión del miedo a la de la decepción. La calle tendrá la palabra. Se avecinan escenarios mundiales complejos

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.