Está en nuestras manos

Estas elecciones son diferentes a todas las demás. Decir esto es de perogrullo, y casi sería posible intentar encajar esta afirmación en todos los comicios. Al menos, últimamente las elecciones generales han venido siendo una montaña rusa: desde aquellas en las que el 11M hizo cambiar el rumbo de manera estrepitosa y que dieron la victoria al por entonces “bambi” de Zapatero, pasando por las que tuvo que adelantar el Psoe convocándonos a todos aquel 20N, para después ver cómo la derecha se instalaba cómodamente y se ponía a recortar sin piedad con la excusa de lo que llamaron “crisis” y en realidad era el desmantelamiento encubierto del Estado de Bienestar.

Después de aquello vivimos el fiasco de 2015, cuando no hubo manera de conformar gobierno ante la cerrazón de Ciudadanos y Podemos, y nos tocó volver a votar para ver cómo se investía a un Rajoy, golpe de Estado en Ferraz mediante.

Han sido unos años de auténtica incertidumbre donde todo parecía casual, donde las circunstancias nos iban atropellando y casi no nos hemos dado cuenta de la cantidad de cambios que se han ido dando entre titulares al dictado de la doctrina del Shock. Tanta corrupción y tanto galimatías nos ha dejado descolocados. Han conseguido que cale el mensaje del “todos son casi iguales” y ahora miramos con cierto desconcierto el erial que ha quedado: ¿esta era la regeneración tan buscada? Cinco candidatos, a cual más extravagante, son lo que ofrece la política de nuestro país mientras agoniza una España en liquidación.

La ilusión del 15M quedó absorbida en Podemos, las Mareas, los Comunes, las coaliciones de nombres nuevos que en muchos casos han dejado algún activo vivo por el camino. Tras la explosión de los morados ahora llega la calma, una cierta madurez y descubrir que no todo era tan malo, que las cloacas les atizaron y que podrían haber sido mucho más útiles de lo que les han permitido ser. Y confío en que ahora tengan un papel relevante para jugar la tan necesaria regeneración pendiente.

Esos Ciudadanos que aparecieron como socialdemócratas y chicos majos de traje y corbata hoy han demostrado ser unos hooligans de derechas, sin ideas claras que tan pronto defienden una cosa como su contraria, con tal de ampliar sus horizontes e intereses. Sin duda, una enorme decepción para muchos, que creyeron realmente que podrían suponer el meneo que el PSOE necesitaba para reubicarse y que en verdad han sido la tabla de salvación para un Partido Popular que se desangra sin salvación.

Y en todo este galimatías, Izquierda Unida desaparece fagocitada por Podemos. No está mal unirse para poder hacer algo de una vez. Bienvenidas sean Unidas, al menos más que antes, que siempre estaban echando carreras por demostrar quien era más puro.

La gran sorpresa es el “coco”, es Vox. Aparece como la bruja que todos esperamos al final del tren. Con sus discursos simples, contundentes y ofreciendo fórmulas mágicas para solucionar todos los males, están consiguiendo el respaldo de dos tipos de votantes: los que sumidos en su ignorancia piensan que los verdes harán algo por ellos, y los que navegando sobre la ola saben que los verdes en realidad trabajan para sus intereses. Esa derecha populista que azuza a los menos formados para que se crean que votar a sus “amos” les hará libres. Dolorosa democracia que te “permite” elegir si quieres perecer mirando al norte o mirando al sur. Crees que eliges y en realidad irán a por ti igual.

Así las cosas, y en el contexto tan crítico con la situación de Cataluña es necesario reconducir un país que va a la deriva. Hay que hacer los deberes pendientes: acabar una transición que quedó a medias; depurar responsabilidades; aportar medidas innovadoras que permitan recuperar el tiempo perdido. Plantear un nuevo sistema que realmente nos haga resolver los problemas que tenemos, que son muchos, de una manera constructiva y en positivo.

El próximo domingo nos jugamos mucho. Nos jugamos poder luchar por trabajos dignos, por viviendas accesibles, por emancipación de la juventud, apostar por la investigación y la ciencia, por la maternidad, por las mujeres, por una convivencia basada en el respeto y la tolerancia. Nos jugamos poder apostar por la resolución de nuestros conflictos políticos a través de la política y el diálogo.

Tiene Sanchez muchas ganas de intentar de nuevo ese pacto entre PSOE, Ciudadanos y Podemos. Aquel que en 2015 no pudo ser. Y que esta vez tampoco será. Sería positivo para el PSOE olvidarse de Rivera y apostar por Podemos y todos los soberanistas. Esa es la salida que entiendo más positiva para la mayoría de la sociedad.

Un PSOE que gobierne con Podemos y que no tenga miedo a pactar con los independentistas y soberanistas de los territorios. Que apueste por el Derecho a decidir de los territorios; y por la República.

Para ello sería importante reforzar a los de Iglesias, en mi opinión, de cara al Congreso. (Dejo al margen la realidad de formaciones independentistas, puesto que mi visión es la de alguien que no podría votar a fuerzas soberanistas de otros territorios).

Si Podemos tiene el suficiente peso, Sanchez tendrá que plantearse un escenario donde la derecha pase a un segundo plano. Cosa muy positiva y necesaria.

A dos días de las elecciones, nos jugamos mucho: sobre todo poder construir una democracia o terminar de destrozar la poca que nos queda. Está en nuestras manos.

Beatriz Talegón

Abogada.