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Las miradas

“Para ver, no es suficiente con mirar; hay que preparar la mirada y, antes, reconocer el objeto, atribuirle importancia.” Beatriz Sarlo

La mirada no es algo que se tiene o se usa, es una relación en la que alguien entra e interactúa entre el observador y lo observado. La mirada es integral para los sistemas de poder y las ideas acerca del conocimiento. No podríamos conocer sin mirar. No mirar “debidamente” es una forma de ignorar, o hacer que los demás ignoren. También las miradas se relacionan con la manera en que las personas modifican su comportamiento al saberse observados constantemente, incluso sin el conocimiento de quién o qué los ve. Según un psicólogo conocido, la realidad no es obvia y necesita de años de aprendizaje minucioso, y lo que la hace particularmente difícil no es tanto la complejidad de los fenómenos naturales, el cálculo de la física y la geometría de las cosas como la interpretación de las intenciones de los demás.

Esta vigilancia, real o ficticia, tiene efectos auto-regulatorios sobre las personas y los colectivos sociales. A través de la mirada percibimos la realidad externa, o eso que damos por supuesto que es fuera de nosotros. Ese “fuera” es el teatro en el que las distintas acciones suceden, en el que colocamos a las demás personas, y en el que nos incluimos a nosotros mismos. También es quién construye nuestra experiencia, real o interpretada. Si las miradas no fueran las correctas, el mundo en el que vivimos sería desconcertante. Como la “imprevista” irrupción del franquismo de Vox.

Para apreciar el profundo drama que está aconteciendo en nuestro país, es necesario repensar la idea de con qué “mirada” observamos los fenómenos que están exponiéndose de manera impúdica. Uno de los ingredientes que está incrementando la tensión de los discursos, de los relatos, de las miradas, es el tono violento, amenazador, con el que se expresan. Lo manifiestan con cada vez menos recato. Nadie parece comprender que ello acerca los bordes del abismo.

La mirada sobre la España propuesta en el trío de Colón. La de la concentración del 8M. Tal vez las miradas que interpretaron la manifestación llevada a cabo este sábado en Madrid en apoyo a la autodeterminación. Según El País, en esa manifestación de Madrid, ha habido 56.000 personas. Según el ABC, gente con cuentagotas. Según la policía 18.000. Según los organizadores más de 100.000. Todas son miradas particulares que pretenden condicionar el conocimiento y, con él, las conductas.

Según la mirada de los vencedores de la Guerra Civil, los 296 campos de concentración franquistas no existieron. Sin embargo, sí fueron una realidad gracias al asesoramiento de la Gestapo. En ellos se practicó el exterminio y se explotó a los cautivos como trabajadores esclavos. Hubo un “holocausto ideológico, una solución final diseñada para quienes pensaban de forma diferente” al Régimen. La Transición “borró” esa mirada. Por esos campos pasaron entre 700.000 y 1 millón de españoles, según Carlos Hernández de Miguel, el periodista que ha realizado una investigación durante más de tres años sobre esta barbaridad que, dice, fue "olvidada" por la historia oficial. Por el pacto de la Transición.

En su libro “Los Campos de Concentración de Franco”, nos refresca esa mirada sobre el pasado reciente de este país. Tampoco se habla mucho de los “paseos” a los que llevaban para no volver a muchos disidentes. De esa mirada tampoco suelen hablar los testigos de aquella época, o sus familiares. De los campos hay poca documentación, ello derivado "de la destrucción masiva de ficheros que se realizó durante la dictadura y los primeros años de la Transición", nos ilustra Hernández de Miguel. Esa fue una de las condiciones de los acuerdos que desembocaron en la Constitución. Todo atado y bien atado.

No es posible echar una mirada al futuro sin haberlo hecho hacia el pasado de un modo honesto y sincero. Las consecuencias de esa ausencia son los acontecimientos que estamos viviendo. Nuestra historia está sepultada en cunetas y fosas comunes. Eso no es digno.

Según Paulo Coelho, “podemos tener todos los medios de comunicación del mundo, pero nada, absolutamente nada sustituye a la mirada humana”. Añadiría, en este caso, “a menos que desees que te construyan tu mirada”… participa y evítalo. Apaga la Televisión y llena las calles y plazas. Habla con tus vecinos. Míralos a los ojos y “conoce” lo que ocurre en realidad.

Eso es ser un ciudadano. Actúa y vota.

Alberto Vila

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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