#28A

Cataluña con ventaja

Se sigue celebrando el proceso al “procés” en el Tribunal Supremo. Un “juicio político”, según la versión nacionalista, a una (unilateral) “declaración política”, o “simbólica”, “sin efectos jurídicos” y basada en la libertad de expresión, en la defensa de la democracia y en la voluntad del pueblo catalán -un solo pueblo-, que es soberano en función de otra (reciente y unilateral) declaración política.

Un acontecimiento histórico que se suma a otros de similar trascendencia ocurridos en el pasado, hacia donde se desplaza con facilidad la imaginación nacionalista para recordar la historia de la Cataluña heroica oprimida por España, por Castilla o por Madrid. 1934 ¡Ah, Companys!, 1931 ¡Ah, Maciá! y más atrás, 1714, ¡Ah, Casanova!, aún más atrás, al origen, a tiempos de Ramón Berenguer y antes ¡Ah! Wilfred el Pilós y el escudo con las cuatro barras rojas…

Pero ese recuerdo fabricado de un pasado idealizado olvida, deliberadamente, la aportación de los catalanes a la Cataluña actual y, claro está, a la España de hoy, que fue cualitativamente superior a la aportación de otras regiones cuando se ponían las bases del vigente régimen político; es decir, sucesos de anteayer.

No vienen al caso los resultados de los refrendos de 1976, de 1978 y 1979, sobre el respaldo popular que tuvieron en Cataluña las reformas, sino el destacado papel que tuvieron algunos dirigentes catalanes en los años de la Transición.

La Comisión Negociadora de la Oposición (o comisión de los Nueve)

Cuando la unidad de las fuerzas de la oposición a la dictadura, que nunca fue estable ni completa, se tejía costosamente en la clandestinidad, en cenáculos, entre rumores y secretos, algunas personas jugaron un papel importante, que cristalizó no sólo en la fundación de plataformas políticas locales y/o regionales, sino en la fusión de las dos mayores -la Junta de Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática- en la Plataforma de Organizaciones Democráticas (POD, “Platajunta”), de composición políticamente variopinta, con independencia del respaldo social que tuviera detrás cada uno de los grupos que la integraban.

Obedeciendo a este criterio de primar la representación cualitativa sobre la cuantitativa, la POD eligió en diciembre de 1976 a los miembros de la comisión que debía negociar con el gobierno de Suárez las condiciones de la Transición. Las vicisitudes de estos encuentros serían objeto de otro artículo, pues lo que ahora interesa es la composición de esta Comisión Negociadora, que estuvo formada por Felipe González (PSOE), Santiago Carrillo (PCE), Enrique Tierno Galván (PSP), Francisco Fernández Ordóñez (socialdemócratas), Joaquín Satrústegui (liberales), Antón Cañellas (catalanes democristianos), Jordi Pujol (nacionalistas catalanes), Julio Jáuregui (nacionalistas vascos) y Valentín Paz Andrade (nacionalistas gallegos). No figuraba en ella ningún representante de los partidos situados a la izquierda del PCE, que estaban presentes de las plataformas fusionadas.

De los nueve miembros, dos eran catalanes. Lo cual no es una mala proporción.

La Ponencia constitucional

La Ponencia constitucional, formada en julio de 1977, elaboró el borrador del texto de la Constitución que se sometió a discusión en la comisión constitucional del Congreso, luego en el Pleno del Congreso y del Senado y, finalmente, se llevó a la opinión de la ciudadanía de todo el país, en el referéndum del 6 de diciembre de 1978.

La Ponencia estuvo formada por Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez Llorca (de UCD, que había obtenido el 34% de votos válidos en las elecciones del 15 de junio de ese año), Gregorio Peces Barba (PSOE-PSC; 29% de los votos), Jordi Solé Tura (PCE-PSUC, 9% de los votos), Manuel Fraga (AP, 8% de los votos) y Miquel Roca Junyent (Pacto Democrático de Cataluña y representaba también al PNV, que sumaban el 5% de los votos).

De los siete miembros que tuvo ponencia, dos eran catalanes. Tampoco es mala la proporción de catalanes entre los llamados “padres de la Constitución”.

El Pacto de la Moncloa

El Pacto de la Moncloa fue el primer acuerdo tomado entre partidos políticos con representación parlamentaria, para hacer frente de manera conjunta a la crisis económica. Fue firmado el 25 de octubre de 1977, por Adolfo Suárez, como Presidente del Gobierno, Felipe González por el PSOE, Joan Raventós y Josep María Triginer por el PSC, Manuel Fraga por AP, Enrique Tierno por el PSP, Juan Ajuriaguerra por el PNV, Miguel Roca por PDC, Leopoldo Calvo-Sotelo por UCD y Santiago Carrillo por el PCE.

De las nueve personas que lo firmaron junto al Jefe del Gobierno, tres eran catalanas.

Así se puede afirmar, que, respecto a la clase política, Cataluña tuvo una representación superior a la de otras regiones en los momentos fundacionales del vigente régimen político; el mismo régimen que la Generalitat quiso abolir en Cataluña, en otoño de 2017, valiéndose de artes que poco tenían que ver con la representación democrática.

José Manuel Roca

Doctor en Ciencias de la Información y diplomado en Estudios Avanzados en Ciencias Políticas, ha sido profesor del departamento de Sociología VI de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015); La oxidada Transición (La linterna sorda, 2013); La reacción conservadora. Los neocons y el capitalismo salvaje (La Linterna sorda, 2009) y con Ramón Cotarelo, La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).

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