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La necesidad del debate en las primarias socialistas madrileñas

Una de las señas de identidad de la izquierda ha sido siempre el debate desde los tiempos de aquellos denominados “mítines de controversia”, propios de fines del siglo XIX y de las primeras décadas del XX en los que socialistas, anarquistas y republicanos participaban para presentar sus propuestas e ideas y confrontarlas con las de los otros ante un público ávido de conocer, de saber y de buscar su propio camino.

Aunque nuestro mundo ha cambiado en muchas cosas, no creo que el debate sea un procedimiento caduco en política. Es más, creo que es más necesario que nunca ante el imperio de las mentiras, las medias verdades, los mensajes tóxicos, los tuits demasiado simplistas, el insulto o la descalificación del contrario, y, sobre todo, ante el auge de opciones políticas que, arropadas en trajes y corbatas, esconden camisas pardas, negras o azules de otros tiempos, interesadas en imponer su visión del mundo manipulando a su antojo la realidad. La izquierda democrática siempre ha dado un gran valor a la palabra, al razonamiento, a la argumentación, a las ideas, que nutren discursos diversos, dada la heterogeneidad de la misma. En el caso concreto del socialismo todos esos elementos han sustentado y sustentan la acción política, fundamental por su valor de transformación.

La izquierda democrática es la antítesis del silencio o de algo peor, la demagogia y el populismo. Todas estas consideraciones previas me llevan a defender la necesidad de la celebración de uno o varios debates entre los candidatos de las primarias socialistas madrileñas, procedimiento democrático introducido por los socialistas, cuestión que se olvida con frecuencia o de cuyo mérito se atribuyen otras formaciones.

En el socialismo madrileño hay una especial necesidad de debate. Seguramente es el socialismo español que más conflictos internos y desavenencias ha acumulado en el tiempo, además de padecer una lejanía del poder más evidente, factor que tensiona mucho a una formación política. Pero en estos momentos de primarias sin enfrenamientos cainitas parece más necesario que nunca que los tres candidatos se sienten en un marco y con un formato que ellos decidan para hablar, debatir, presentar sus ideas y proyectos, darse a conocer más y mejor, y enseñar sus perfiles para que los socialistas y las socialistas de Madrid capital decidan su próximo voto. Pero no sólo ese es el objetivo, sino que también hay otro de igual importancia, y de cara a la ciudadanía de la capital de España, porque un debate serviría para que se viera el vigor de las ideas socialistas, los proyectos que el socialismo madrileño presenta no ya solamente para mejorar la ciudad y la vida de sus habitantes y visitantes, sino para transformar Madrid en una gran capital donde la igualdad sea el pilar básico a tener en cuenta, sin olvidar la buena gestión de sus servicios, además de abordar cuestiones tan vitales como la contaminación, operaciones urbanísticas de gran calibre, etc.. Los tres candidatos -Pepu Hernández, Manuel de la Rocha y Chema Dávila- tienen perfiles públicos distintos, edades diferentes, experiencias políticas diversas, en fin, matices importantes en sus ideas y programas a la hora de vertebrar una política municipal de izquierdas. Debatir nos enriquecerá a todos y todas, a ellos mismos como candidatos, y el PSOE de Madrid podrá presentar públicamente su vigor democrático, y cómo es poseedor de un conjunto de ideas y valores de una izquierda sensata, pero valiente para las próximas elecciones municipales. No es bueno que los candidatos se queden en el ámbito interno. Gane quien gane, en el debate público ganan todos, gana el socialismo madrileño y, no lo duden, la izquierda de una ciudad que conserva y alienta un espíritu de cambio.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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