Canasta

O quizá mejor ¡Canastos!, como cantaban Gloria Lasso y Luis Mariano -“con el amor no se juega, ¡ay, canastos!, que es peor”-, allá por los años cincuenta, en un ocasional encuentro lírico, que se adelantaba en varios lustros al dúo Pimpinela.

¡Canastos! Y canasta, pues el PSOE ha vuelto a lanzar sobre el cielo de Madrid otro paracaidista de su improvisada división aerotransportada, y se trata, nada menos, que del ex entrenador de la selección española de baloncesto Pepu Hernández, que viene a sumarse a otros candidatos, aterrizados antes en la palestra de la capital con intención de alcanzar la presidencia del Concejo municipal de la Villa y Corte.

Anunciaban una sorpresa en la designación del candidato a la alcaldía madrileña, y vaya que lo es, porque parece que en la Federación Madrileña, en Ferraz o en Moncloa, pues la designación viene de allí, no han extraído las lógicas conclusiones de anteriores intentos con la misma táctica suicida de saltar sin paracaídas (Trinidad Jiménez, Miguel Sebastián y Jaime Lissavetsky), que se saldaron con notorios fracasos.

Juan Barranco, que sucedió a Tierno Galván, fue el último alcalde socialista en Madrid. Desde 1989, salvando la etapa de Rodríguez Sahagún, del CDS (1989-1991), y hasta la llegada de Manuela Carmena, el Consistorio ha permanecido en las impías manos de Álvarez del Manzano, Ruíz Gallardón y Ana Botella, quienes, con notable encono contra lo público, afán privatizador y por ofrecer oportunidades de hacer negocios a sus afines sin reparar en los medios, han generado una deuda monstruosa y producido un deterioro en la ciudad que tardará décadas en remontarse.

No afirmo con esto que Pepu Hernández no pueda ser un buen gestor, pero resulta preocupante que el partido político más antiguo del país, inseparable de la historia española y europea del último siglo, que ha conocido regímenes políticos tan distintos como la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la dictadura franquista, que ha tenido un papel destacado en la Transición y en los gobiernos posteriores, que cuenta con experiencia de gobierno en todas las escalas de la Administración (local, autonómica, nacional) y en todas las áreas, tenga en semejante abandono a la capital de España y se vea obligado a recurrir, una y otra vez, una solución improvisada para hacer frente a una cita con los electores, fijada con cuatro años de antelación, o con ocho, si es que se necesita más tiempo para preparar a un candidato que represente no sólo la capacidad para influir favorablemente en el futuro de la ciudad, sino también la tradición política y teórica del Partido. De verdad, que cuesta entenderlo.

Con el amor no se juega -y con los votos, tampoco-, que es peor. ¡Ay, canastos!

José Manuel Roca

Doctor en Ciencias de la Información y diplomado en Estudios Avanzados en Ciencias Políticas, ha sido profesor del departamento de Sociología VI de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015); La oxidada Transición (La linterna sorda, 2013); La reacción conservadora. Los neocons y el capitalismo salvaje (La Linterna sorda, 2009) y con Ramón Cotarelo, La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).

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