Errejón, entre unificar o dispersar expectativas

Pese a la apariencia de haberse dispersado la franja que va desde el centroderecha a la ultraderecha, esto sólo ha sido una cuestión de siglas, no de expectativas. Por ello las posibilidades de pacto fueron más simples, en principio, en ocasión de las andaluzas. Esencialmente coinciden en la unidad de propósitos, más o menos explícitos. Esta fue una tarea que debe concedérsele al Think Tank de Aznar. Verdadero mentor de la nueva metodología de acción de la ultraderecha nacional.

La gestión de la frustración en España parece entenderse mejor desde la derecha. Se ha decodificado las expectativas insatisfechas que la alimentan de un modo funcional a sus propósitos de recuperar el poder. Objetivo este último que es el fin de la opción derechista. La izquierda, en cambio, como el logro del poder es un medio funcional a resolver expectativas, se debate en discusiones mucho más profundas y, por consiguiente, más divergentes.

Una expectativa, por definición, es una variable de la naturaleza cognitiva que sugiere la idea de anticipación y cuya inclusión en los análisis psicológicos resulta de fundamental importancia a los fines de explicar y predecir un comportamiento de dinámica social y, del mismo modo, el motivo de nuestros estados de ánimo. Asimismo la expectativa, constituye la fuente cognitiva fundamental de, al menos, dos efectos importantísimos psicológicos: el efecto Pigmalión y el efecto Placebo. La Profecía Autocumplida tiene mucho que ver con los comportamientos político electorales, tanto en la elección del voto, cuanto en la abstención vía de la decepción. Este último estado de ánimo se alienta desde las fuentes de poder minoritario que muestran, por ejemplo, la impunidad política y judicial que demuestran los comportamientos corruptos.

La dispersión de las expectativas de las opciones políticas de la izquierda española tiene mucho que ver con los enfrentamientos por los métodos concebidos por cada una de ellas, y bastante menos con el objetivo de atender a las necesidades de las mayorías vulnerables. Así, al procurar una coincidencia programática, por la peculiar variedad territorial, por ejemplo, se llega a una ruptura de las posibilidades de acuerdos. El último caso es el de Compromis. Legítimo, pero poco inteligente, si su decisión contribuye a que la ultraderecha se haga fuerte en Valencia.

En estas consideraciones no puede eludirse la traición de Errejón, no por anunciada menos sorprendente. Su acción no tiene que ver con propuestas ideológicas. Es puro personalismo de un profesor universitario que reservará para sus memorias la melancolía de haber descubierto en la práctica que, en lugar de haber hecho daño a Iglesias, ha producido un impulso de apoyo a las esencias del proyecto de Podemos. La tradición cuenta que el procónsul Quinto Servilio Cepión pronunció una frase en el año 139 AC, para despedir a los tres hispanos, Audax, Ditalcos y Minouros, que habían acudido a cobrar la recompensa que aquél les había prometido si asesinaban a su jefe Viriato: “Roma no paga a traidores”. Por mucha cobertura mediática que le otorguen al nuevo candidato, más le vale demostrar su capacidad de hacer daño a la izquierda, o lo sumirán en una prolongada oscuridad. Tal vez le reserven un puesto de tertuliano en los medios de la Máquina del Fango. Lo veremos.

Alberto Vila

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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