Declaración de intenciones

El mal no es nunca "radical", sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie. Hanna Arendt.

Los argumentos vacíos de contenidos y llenos de prejuicios, de odio, de incultura y de razonamiento, son los que están cimentando el posicionamiento de la derecha en toda su gama. Argumentos que no aportan nada nuevo al conocimiento, pero sí se convierten en abono para hacer crecer un descontento que desemboca en agresividad sin ningún tipo de justificación.

Para la derecha, en toda su gama, vale todo. Aunque pensándolo bien, no todo vale.

Vale todo lo que sirva para reducir a escombros el Estado Social y no valen aquellas estrategias que lo impulsen, como puede ser el diálogo o la subida del salario mínimo. Los argumentos de la derecha son siempre los mismos, los apocalípticos, los que dibujan una sociedad fracasada producto de los avances sociales, los que pintan una sociedad gris cuando se alcanzan derechos laborales, o los que retratan una sociedad inculta cuando se impulsa la escuela pública. Sus argumentos siempre hablan de retroceso cuando la ciudadanía se empodera. ¿Se puede decir que estamos fracasando en el momento en el que las personas con discapacidad intelectual y psicosocial alcanzan el derecho a voto?

¿Se puede decir que vamos mal cuando alcanzamos la Sanidad Universal? ¿Por qué quieren que creamos que la subida del Salario Mínimo o el Ingreso Mínimo Vital es la hecatombe? ¿Por qué se empeñan en esconder la Violencia de Género bajo la prisión permanente? ¿Cuál es el argumento? ¿Alguien ha escuchado a Aznar y compañía explicar de manera razonada, coherente, y con datos objetivos el desastre nacional que significan las medidas de avance? No. Porque la derecha no tiene argumentos sociales de calado que lo corroboren.

Sin embargo, los extienden por la superficie como una mancha de aceite. Me pregunto si nos falta capacidad de reflexión, o si nos falla la comunicación. La respuesta no es fácil.

Cuando escucho a Aznar y compañía (Abascal, Casado y Rivera) hablar de sus planes, pienso en quienes les apoyan. Pero no pienso por igual en todas las personas que les respaldan, pienso en las más desfavorecidas, las que deberían sentirse reflejadas en las políticas de izquierda, las más vulnerables. En esas personas es en las que más pienso.

Las mujeres que miran hacia partidos que nos convierten en personas de segunda, ¿se darán cuenta que son ellas mismas las que están poniéndose piedras en su camino? ¿No ven que no quieren que alcancemos la igualdad a todos los niveles? ¿No ven que otras mujeres vienen detrás nuestra? ¿Les van a quitar la posibilidad de avanzar en la sociedad?

Las trabajadoras y trabajadores en precario, cuando votan a partidos de derechas y de ultraderechas, ¿no se percatan de lo grave que es legitimar una política en contra de los derechos laborales? ¿No se percatan de que están fomentando todavía más su precariedad, sus sueldos de miseria o sus condiciones de semi - esclavitud? La derecha nunca va a velar por las personas más débiles si no es para tratarlas de forma indigna, haciendo que consideren privilegios sus derechos, minusvalorándolas para que no crean que tienen la capacidad suficiente de ser ciudadanas y ciudadanos activos. La derecha siempre regalará sus migas de pan haciendo creer (a quien se lo quiera creer) que son verdaderos manjares, mientras se come su pan. La derecha siempre generará argumentos para que las más desfavorecidas desconfíen entre sí y alcancen el odio suficiente para no estar juntas. La derecha nunca deja un atisbo de esperanza para quienes menos pueden, sino que frena su capacidad de mejora y su potencial.

Si por la derecha española fuera, por cualquier partido de su gama, no tendríamos Seguridad Social, ni Servicios Sociales, ni Derechos Laborales, ni Sanidad Universal, ni Educación Pública, ni fondo de pensiones. Si por la derecha fuera, las mujeres no tendríamos firma, ni posibilidad de ocupar ministerios, ni posibilidad de ser libres.

Las personas que apoyan estos argumentos de la derecha, deben estar dispuestas a renunciar a sus derechos tal y como pregonan. Porque la derecha tiende a recortar a quienes menos tienen y culpabilizar de los recortes a las personas pobres de solemnidad. Nunca les escucharemos decir que privatizando la sanidad pública enriquecen a determinadas personas y recortan servicios públicos, pero sí escucharemos culpabilizar a las personas más vulnerables por asistir a urgencias. Nunca les escucharemos decir que cuando vendieron las viviendas sociales a fondos buitres, incrementaron el capital de personas próximas a Aznar, pero sí les escucharemos decir que quienes viven en esas viviendas son personas privilegiadas. Culpabilizar a las personas pobres de su pobreza y que se lo crean, es el argumento de la derecha.

El voto, el apoyo, o la identificación con una o con otra manera de entender la sociedad, no debería ser la respuesta a la rabia, a la frustración o al descontento. Debería ser la forma que tenemos de convertirnos en sujetos activos de transformación social. Y para eso, hacen falta argumentos sólidos y tiempo para asimilarlos.

El argumento es la base que convierte al voto es una declaración de intenciones, más allá de una fotocopia.

Encarni Pámpanas

Psicóloga.

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