Por la puerta del servicio

El Partido Popular siempre ha sido visto como la representación parlamentaria de la derecha más rancia de Europa, y ahora que le ha salido competencia por la derecha y por el centro, se debate entre procurarse miembros de las cruzadas y evangelizar colonias.

Se extiende en la neolengua de los salvadores, de ellos que son dueños de los valores tradicionales y del progreso (económico de libre mercado) el concepto de la igualdad, porque para ellos ya somos todos iguales, hemos tenido las mismas oportunidades, y quién no tiene más, es porque no se lo merece, porque no se ha esforzado, no tiene mérito, ni capacidad... porque no ha sabido aprovechar su tiempo, porque no apostó por la carrera universitaria correcta, la formación profesional correcta, se casó demasiado pronto o demasiado tarde, tuvo los hijos cuando la empresa la necesitaba… porque se arriesgó demasiado perdió… como si las cartas no las repartirse la banca.

Así que para ellos, vivimos en un mundo en el que el Gobierno está robando a los ricos que se han ganado cada euro de su patrimonio mediante la merecida herencia, la merecida SICAV y la merecida cuenta en Luxemburgo, para dártelo a ti, pobre miserable que no quisiste procurarte un trabajo de verdad y ahora reclamas que te suban el salario mínimo por reponer cartones de leche o recoger cebollas. Trabajar en el campo, trabajar limpiando escaleras, trabajar en las bateas… eso para ellos no es esfuerzo, es mala suerte.

El salario mínimo no es lo justo que garantiza la subsistencia de la clase trabajadora, el salario mínimo para ellos significa que te mereces eso, lo mínimo, y ya se preocupan ellos de contratos de formación, de media jornada, de economía de la miseria… para que aún te merezcas menos de lo mínimo.

Ese es su discurso de la igualdad, que ni las mujeres, ni las inmigrantes, ni las personas con diversidad funcional, ni las olvidadas, lo han tenido más difícil que ellos: los pobres hombres blancos que viven a menos de 100km de donde nacieron, en una familia humilde, del barrio humilde de con hospital clínico y corte inglés, en su humilde colegio con nombre bíblico.

Ellos, que recibían clases de piano y de francés en pisos de 200 metros cuadrados, de muebles blancos, de nácar, de estanterías que cubrían paredes de libros encuadernados en piel… ellos que entraban por la puerta de su casa y subía en ascensor… están ellos, y estamos nosotras, las que utilizábamos, las que utilizamos, las que utilizan las puertas del servicio. Las que estamos en silencio como si no estuviésemos, las que no levantan la mirada del suelo, a las que nadie saluda, de las que nadie se despide.

Ellas, nosotras, siempre mujeres, siempre inmigrantes, siempre pobres.

Ya no hay clases sociales, nos dicen ellos, ya no, pero ellos, ellos siguen viviendo en casas que necesitan dos puertas, ellos siguen entrando por la puerta principal, ellas, por la puerta del servicio.

Mientras haya alguien que tiene más de lo que necesita, mientras haya puertas de servicio, será necesaria la lucha de clases.

Aida dos Santos

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.