El drama de la vuelta al cole

Lunes 10 de septiembre, para millones de niñas y de niños en España es sinónimo de vuelta al cole. De cuadernos nuevos, bolígrafos de tres colores y un paquete de seis gomas cuadradas que están ahí para remplazar a las caídas bajo el sofá, ya que aún no ha habido una generación capaz de salvaguardarlas hasta su agotamiento, y el paquete de Alpino que te hace creerte capaz de pintar paisajes suizos desde un colegio en Villaverde.

La ilusión del primer día, la ilusión de verse después de todo un verano asalvajados en el pueblo, estrenar de todo y de nada a la vez porque cada vez son más las madres que recurren a Wallapop para uniformar a sus hijos y provisionarles de los libros de texto.

La ilusión de volver a empezar de nuevo, ser una persona diferente, con un par de kilos menos, con unas gafas contra la miopía y el astigmatismo más modernas, sin brackets… con la esperanza de que el cambio experimentado y los centímetros que se ha crecido durante el verano consigan ahuyentar a los abusones del patio.

La ansiedad que niñas y niños manifiestan estos días previos a la vuelta al cole está lejos de relacionarse con las dificultades del cálculo y de la gramática, o de ser capaces de memorizar el ciclo del agua. El 52% de las y los escolares ha sufrido algún tipo de violencia por parte de sus iguales, otras niñas y niños, curso arriba o curso abajo, en el skate-park, el banco del parque, el patio del colegio o en las propias aulas. Las burlas son la principal fuente de humillación, y más del 20% ha sufrido violencia física. Si trasladásemos estos datos a un aula de 30 alumnos: tenemos a 7 niños a lo que los compañeros les pegan, a 8 que están sometidos a la difamación y a la calumnia (rumores falsos o mentiras), otros 10 que soportan burlas, a 5 que sufren el vacío y el aislamiento, y a otros 5 que escuchan insultos reiteradamente, ser víctima de un tipo de violencia, no es excluyente para ser el blanco en otra. Y si preguntamos ¿quién ha sido? Uno de cada cuatro ha participado en algún tipo de violencia contra sus iguales: en una clase de 30 alumnos, hay prácticamente 8 que se dedican a machacar al resto (y se lo cuentan a un entrevistador).

El blanco de todas las burlas es aquel con sobrepeso y gafas, seguido de los que tienen problemas físicos, los terceros en el ranking de los sufridores son aquellos que podríamos resumir como LGTBI, y se incrementa la violencia y humillación hacia este colectivo a medida que crecen, siendo la etapa posobligatoria, Bachillerato y la Formación Profesional, el peor momento de su vida en las aulas.

Se hacen mayores, llegan a la educación secundaria quieren cosas de adultos y llega el Smartphone a sus vidas: una oportunidad para comunicarse con el mundo, conocer y compartir experiencias, aprender tutoriales de maquillaje, ver el último remate imposible en bucle, y también una oportunidad para ser víctima del acoso escolar 24/7, llega el ciberacoso.

Los pequeños varones sufren violencia física el doble que las niñas (30% y 14% respectivamente), y a ellas se las acosa el doble que a ellos a través de la mensajería de WhatsApp (8%-4%).

Entre los 13 y los 15 años el 80% de los menores tiene acceso un ordenador, prácticamente el 90% tiene WhatsApp, el 70% Instagram, y una de las aplicaciones más peligrosas debido a que se puede decidir que los mensajes se borren en cuanto sean recibidos y leídos, Snapchat, lo tiene un 23% de estos menores de segundo ciclo de educación secundaria. En bachillerato ya un 30% tiene acceso a Twitter, la red social por excelencia de los Trolls y las fakenews, y la que no censura las cuentas dedicadas a la difusión de contenido pornográfico siendo la preferida para la pornovenganza.

Los chistes que se oyen en primetime sobre las gafas de culo de vaso, el tuerto, el manco y el que cojea, el gitano y el negro, junto a la retahíla de gracias sobre “maricones y transexuales” del especial de nochevieja es un cóctel perfecto para que tu heredero sea uno de esos 8 matones de la clase. El 93% de las víctimas acude a un adulto para denunciar el acoso que sufre en el colegio, pero solo a un 86% le parece que haya servido de algo y su situación haya mejorado, ya que un 7% de los responsables de los centros educativos no hace nada tras conocer una situación de abuso.

Cabe la esperanza de que esta sea la última vuelta al cole protagoniza en muchas casas por el miedo, en el segundo trimestre de 2019 el Gobierno socialista remitirá al Congreso de los Diputados el anteproyecto de Ley de Protección Integral frente a la Violencia contra la Infancia.

Es vital que toda la sociedad tome conciencia, no podemos seguir clamando contra la impunidad que existe cuando la violencia física y el acoso sexual se dan entre iguales menores de edad, no podemos permitirnos llegar a lamentar traumas con los que cargarán el resto de su vida, ni suicidios. La clave es la prevención, educar en tolerancia y formar a los profesionales del mundo educativo para que puedan identificar y parar esas situaciones de violencia, por lo que se está trabajando en el deber de denuncia de los adultos que llegan a tener conocimiento de ello.

Es una tarea de todos que las preocupaciones de quienes son el futuro de nuestro país sea memorizar los ríos y cordilleras de España, y no recorridos alternativos para volver a casa y evitar que nadie les insulte.

*Informe de Resultados: Percepciones y vivencias del acoso escolar y el ciberacoso entre la población española de 10 a 17 años. Ipsos para Save the Children, Junio de 2018 https://www.savethechildren.es/publicaciones/encuesta-integral-sobre-la-violencia-cotidiana-que-sufren-los-menores

Aida dos Santos

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.